La nuestra es una sociedad de consumo: en ella la cultura, al igual que el resto del mundo experimentado por los consumidores, se manifiesta como un depósito de bienes concebidos para el consumo, todos ellos en competencia por la atención insoportablemente fugaz y distraída de los potenciales clientes (…) La cultura de la modernidad líquida ya no tiene un populacho que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir (…) La gente que se aferra a la ropa, las computadoras y los celulares de ayer podría ser catastrófica para una economía cuyo propósito principal, así como el sine qua non de su supervivencia, es el desecho cada vez más rápido de los bienes adquiridos: una economía cuya columna vertebral es el vertedero de basura (…) El progreso, en resumen, ha dejado de ser un discurso que habla de mejorar la vida de todos para convertirse en un discurso de supervivencia personal.
Extractos de «La cultura en el mundo de la modernidad líquida» (2011), por Zygmunt Bauman (Polonia, 19 de noviembre de 1925 – Reino Unido, 9 de enero de 2017)
sociedad - 59. página
Ensayando algunas razones del porqué de los padres sindicalistas
En la entrada anterior, titulada Padres sindicalistas, publiqué una frase tomada de una entrevista al psicoanalista, ensayista y profesor universitario Massimo Recalcati en la que afirma, en el contexto de un pacto entre los padres y los profesores que se ha roto – ya no trabajan juntos en la educación de los jóvenes-, que los padres, en vez de apoyar el trabajo de los profesores, se han convertido en sindicalistas de sus propios hijos.
En uno de los debates que se abrió en las redes sociales al respecto de esta afirmación, un comentarista se preguntó las razones de semejante cambio. Me permití acercar algunas ideas: la injerencia de los padres en la escuela es un asunto complejo y tiene varias aristas. Creo que la principal es el escaso nivel de tolerancia a la frustración en el que vivimos, y los padres atraviesan la situación escolar como propia exposición y riesgo de fracaso. Otra de esas aristas es la desvalorización de las instituciones en general y la escolar en particular. Y hay más, seguramente.
En ese contexto, otro comentarista aportó el video a continuación, en el que Simon Sinek, escritor y motivador inglés, se refiere al cambio cultural que surge con la generación de los llamados Milenials, aquellos los nacidos a partir de 1984. Hay mucho para debatir al respecto, pero muchas de las características -que se aplican no sólo a los de esa generación, afirmo sin dudar- son parte del origen del problema.
¿Vivimos en la cultura de lo instantáneo, de la solución inmediata? ¿Es esa la causa? Son temas para debatir, creo, porque en ellos va el futuro de la educación.
Padres sindicalistas
El hecho novedoso es que se ha roto el pacto generacional y esto ha incidido en el discurso educativo. Los padres y los profesores ya no trabajan juntos en la educación de los jóvenes. Los padres más bien son los aliados de los hijos contra los profesores. Es un cambio inaudito: los padres, en vez de apoyar el trabajo de los profesores, se han convertido en sindicalistas de sus propios hijos. Para Freud existía un vínculo espiritual entre padres y docentes. Hoy, este vínculo se ha deshecho. Cuando un profesor asume la responsabilidad de suspender a un alumno o iniciar un procedimiento disciplinario, las familias lo miran con sospecha. Se preguntan: ¿No estará abusando de su posición de poder? ¿No estará infravalorando la calidad de nuestro hijo?
Massimo Recalcati, psicoanalista, ensayista y profesor universitario, a El Mundo de España.
Nuestro ser digital, en manos del error, el deterioro y la obsolescencia
Nicholas Negroponte fue el primero en hablar del ser digital para referirse a la inclinación de la humanidad por la «digitalización», es decir, esa mudanza desde un mundo de átomos a un mundo de bits, como él mismo refiere. En lo que tal vez no fue todo lo enfático que hubiera sido necesario, fue en prevenir que nuestro ser digital estaría en manos del error, el deterioro y la obsolescencia. Pero claro, eran tiempos esos de pensar en una era de optimismo.
A mediados de diciembre coincidimos en esta cuestión con la periodista Fernanda Sández: yo estaba repasando notas y escribiendo algunas entradas sobre el tema en el preciso momento en que me llega un correo electrónico suyo con algunas preguntas para su investigación, que ahora toma forma en el artículo «Internet que desaparece: el frágil destino del recuerdo digital», que se puede leer completo haciendo clic aquí.
La conclusión a la que llega la periodista es una que compartimos muchos preocupados por el tema:
Hoy, de hecho, investigadores de todo el mundo están tras un nuevo santo Grial: cómo salvar del eclipse a la memoria digital. Desde papel y tinta especialmente tratados hasta cintas magnéticas, láminas de cuarzo y hasta (asombroso) ADN humano, todo es un potencial candidato a reemplazar como soporte a lo que existe hoy. Mientras tanto, hasta un modesto papel parecería ser más fidedigno que el frágil código binario al que nos hemos acostumbrado a confiarle todo.
La buena noticia es que podemos tomar nuestras precauciones, como se explica en el artículo. Porque no todo está perdido: sólo hay que saber cómo guardarlo.
- « Anterior
- 1
- …
- 57
- 58
- 59
- 60
- 61
- …
- 169
- Siguiente »




