En mi propia biografía escolar, tanto desde el lugar de estudiante como de docente o directivo, he tenido también la suerte de aprender de muchos buenos maestros, directivos o colegas. No voy a mencionarlos porque el espacio no lo permite y porque tendría olvidos imperdonables. Pero guardo un vívido recuerdo de las condiciones que reunían y que hicieron de ellos maestros que dejan huellas. Entre otras cosas, el compromiso individual que asumían con sus estudiantes, superando prejuicios y profecías autocumplidas tales como ‘a esos chicos no les da la cabeza’ o ‘a los adolescentes no les interesa nada’. También compromiso social porque luchaban para que la educación sea un instrumento de cambios. Manifestaban coraje para asumirse como militantes del cambio, paciencia, respeto por los otros y por sus propios principios, generosidad para compartir sus conocimientos, sabiduría acerca de cuestiones de la vida, compromiso con su propia formación teórica y preocupación por enseñar lo mejor posible. En definitiva, practicaban una pedagogía de la esperanza.
Liliana Sanjurjo, en «Qué necesita saber un buen docente».
Frases - 9. página
La retórica de la derrota (nuestra)
La reunión de Bruselas es uno de los tantos ejemplos de cómo la educación suele estar sujeta a los vaivenes de explicaciones que tranquilizan el sentido común, pero contradicen un análisis más cuidadoso de las razones que permiten comprender el desarrollo de las naciones y el éxito de las personas en el mercado laboral.
En efecto, el debate allí planteado parte de un sorprendente truco de magia retórico: la milagrosa inversión de la consecuencia de un fenómeno en la causa del mismo. El desempleo es una de las tantas secuelas de la crisis económica. Sin embargo, los ministros de educación de Europa y quizás los de buena parte del mundo, parecen entusiasmarse con la idea de que el desempleo es el factor principal que produce la crisis. De tal forma, acciones educativas destinadas a combatirlo podrían funcionar “eficazmente” para superar los infortunios vividos. El desempleo se vuelve la causa del problema y la crisis económica su consecuencia. Estamos como estamos porque las personas de manera general, y los jóvenes en particular, carecen de las competencias y de los atributos cognitivos necesarios para volver nuestras economías más dinámicas y competitivas. No es el desempleo la consecuencia de un fracasado modelo de desarrollo; por el contrario, es el déficit de una fuerza de trabajo debidamente capacitada lo que permite explicar nuestra incapacidad por desarrollarnos como deberíamos. Si no deja de ser sorprendente que el ministro de educación griego explique la solución de los problemas que enfrenta Europa, tampoco lo es que todos los ministros y ministras de educación de buena parte del mundo parezcan estar convencidos que los fundamentos de la crisis estructural que enfrentamos encuentra su origen, nada menos, que en el supuestamente improductivo trabajo que realizan cotidianamente nuestras escuelas. (…)Foxconn, por ejemplo, es la mayor productora mundial de insumos electrónicos. Casi todos los productos de informática y telefonía que usamos o consumimos, de casi todas las marcas, los ha producido esta empresa china, que emplea a más de 1.200.000 personas y factura más de 100 mil millones de dólares por año. ¿Alguien podría suponer que esta enorme corporación existe gracias a la alta “calidad educativa” de la mano de obra china y no al hecho de que paga salarios miserables, de la inexistencia de sindicatos y derechos laborales mínimos, gracias al abuso (decenas de veces denunciado) de trabajo infantil y a un sistema empresarial opresivo que difícilmente estaríamos dispuestos a aceptar en cualquier sociedad democrática? Pensar que el iPad que tanto nos deslumbra se fabrica allí y no en Latinoamérica, simplemente porque los taiwaneses se sacan mejores notas en matemática o ciencias que los jóvenes argentinos o brasileños, parece una explicación demasiado simple para ser cierta.
(Pablo Gentili, en «La educación como coartada»)
Caducidad vs. actitud problematizante
El carácter caduco de un objeto, una idea, un discurso no está dado en contraposición a la ventaja de la novedad. ¿Está caduco el libro; es caduco el cine, el teatro? Creo que la caducidad se presenta cuando algo se ha agotado. Cuando no activa imaginaciones ni ya es capaz de generar problema alguno. Algo caduca cuando pierde toda sensibilidad de conectarse con lo que está vivo, con lo que podría crecer. Entro a un aula y veo a los chicos conectados a sus netbooks: este mero dato no me dice nada. Aun llenos de actualización tecnológica podríamos asistir a un tiempo en el que nada pasa, en el que nada movilizante ni desafiante entre ellos acontece, pero también todo lo contrario. Si hubiera alguna caducidad, la encontramos en los modos reiterados y automatizados de hablar, de enseñar y pensar las cosas. (…) Lo opuesto a lo caduco no es la novedad sino la actitud problematizante. Pensar qué formas de agrupamiento podemos darnos para investigar juntos. En el aula, fuera del aula, en los pasillos, en la puerta de la escuela, en la calle, en el barrio. No es el espacio, es lo que nos pasa mientras compartimos un tiempo. El punto es: ¿qué queremos compartir con los pibes? ¿Qué problema podría crear una zona común entre las generaciones? ¿Qué pregunta, qué pasión me toma como maestra? El despliegue de inquietudes no se responde consumiendo compulsivamente capacitaciones ni aplicando prescripciones aggiornadas, sino investigando y probando posibilidades.
Silvia Duschatzky, especialista en educación.
Una obligación de bien nacido
Lo único que queda de tragedias como estas son las ausencias.
Ausencias que tienen una entidad demoledora, porque estarán siempre ahí. En forma de pena, de pregunta, de negación, de incredulidad, de incompletitud, de bronca. Cromañón, Kheyvis, Once, ahora Salta y Oroño tienen algo en común: rodando por la pendiente de la desidia y mediocridad los inescrupulosos tomaron cada vez más velocidad y se llevaron puesto un manojo de gente común, de a pié, la que nos cruzamos cada día en el bondi, en el super, en un aula. Gente que pasó del sueño a la pesadilla sin escalas y sin culpas, y que de anónima duele más, si pudiera, porque son vos y son yo; son nosotros.
No olvidar a las víctimas, a sus familias y amigos, a los sacrificados hombres y mujeres que no descansaron hasta agotar la última esperanza es vital para nuestra conciencia individual y social. Tanto como lo es no olvidar a los oportunistas, a los malos periodistas, a los bocones, a los agoreros, a los administradores desleales que ni por vergüenza hicieron algo con lo que se les encomendó, a los traidores de la fe pública.
Mis respetos a las víctimas y sus familias. Mi repudio a los causantes de esta desgracia, junto con un enérgico reclamo de justicia.
No olvidar es, más que una consigna, una obligación de bien nacido.
- « Anterior
- 1
- …
- 7
- 8
- 9
- 10
- 11
- …
- 22
- Siguiente »



