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escuela - 8. página

Caducidad vs. actitud problematizante

El carácter caduco de un objeto, una idea, un discurso no está dado en contraposición a la ventaja de la novedad. ¿Está caduco el libro; es caduco el cine, el teatro? Creo que la caducidad se presenta cuando algo se ha agotado. Cuando no activa imaginaciones ni ya es capaz de generar problema alguno. Algo caduca cuando pierde toda sensibilidad de conectarse con lo que está vivo, con lo que podría crecer. Entro a un aula y veo a los chicos conectados a sus netbooks: este mero dato no me dice nada. Aun llenos de actualización tecnológica podríamos asistir a un tiempo en el que nada pasa, en el que nada movilizante ni desafiante entre ellos acontece, pero también todo lo contrario. Si hubiera alguna caducidad, la encontramos en los modos reiterados y automatizados de hablar, de enseñar y pensar las cosas. (…) Lo opuesto a lo caduco no es la novedad sino la actitud problematizante. Pensar qué formas de agrupamiento podemos darnos para investigar juntos. En el aula, fuera del aula, en los pasillos, en la puerta de la escuela, en la calle, en el barrio. No es el espacio, es lo que nos pasa mientras compartimos un tiempo. El punto es: ¿qué queremos compartir con los pibes? ¿Qué problema podría crear una zona común entre las generaciones? ¿Qué pregunta, qué pasión me toma como maestra? El despliegue de inquietudes no se responde consumiendo compulsivamente capacitaciones ni aplicando prescripciones aggiornadas, sino investigando y probando posibilidades.
Silvia Duschatzky, especialista en educación.

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Internet no olvida

El siguiente es el archivo de diapositivas que nos acompaña en las charlas «Internet no olvida – Protegiendo nuestra privacidad en internet», que presentamos desde hace un tiempo en escuelas y otras instituciones, para padres, alumnos y docentes.

Este que publicamos aquí es un modelo base reducido y en formato pdf -por cuestiones de tamaño-, cuyo original adaptamos para cada charla según la audiencia prevista y actualizamos continuamente. Contiene dos videos -que por razones de formato no corren-. De todos modos, son una buena aproximación a los contenidos que trabajamos durante las presentaciones.

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Inversión tecnológica con inversión pedagógica

Actualmente, la inversión en dispositivos tecnológicos por parte del gobierno con programas nacionales y provinciales es enorme. Pero eso no asegura una nueva escuela, sino una escuela llena de computadoras que, en algunos casos, sólo se usan para ver videos o escribir un texto. El cambio es más profundo y no conviene permanecer al margen. Hemos llegado a un punto en el cual ya no nos preguntamos si debemos integrar o no la tecnología a la educación. Hay que acompañar la inversión tecnológica con inversión pedagógica que le dé sentido a la primera.
Laura Suárez, profesora de Informática Educativa, en el artículo «Informática, una materia necesaria».

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Todos éramos felices

1_-adolescentes-en-asilaCuando yo era chico, preadolescente digamos, nos juntábamos con los amigos de siempre, todos los días en la esquina de casa. Cacho era el distraído del grupo y Pablo el peleador. Emilio era el blanco de todas las cargadas porque tenía el cierre del vaquero más claro que el resto del pantalón, de tanto pasarse la mano por ahí. Luis era el más revoltoso: no podía quedarse quieto y estaba siempre corriendo y pateando cosas, además de la pelota de fútbol. Yo era del promedio, nada sobresaliente, sólo me destacaba por tenerle miedo a las alturas.

Pero todos éramos felices. Eso fue a principios de los ’70.

Hoy estaríamos complicados: Cacho sería diagnosticado con un Sindrome de Déficit de Atención. Pablo, en cambio, estaría muy adecuadamente definido dentro del modelo del abusador, gracias a una correcta comprensión de la problemática del bullying. Emilio estaría siendo tratado por su Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) mientras que Luis sería convenientemente medicado por su Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDHA). Yo hubiera ocultado mi acrofobia no subiendo más a los árboles.

Pero ya nadie sería feliz. Tal vez sólo los terapeutas.

Esta es una historia imaginaria, pero es un poco la historia de todos nosotros. Todos tuvimos algún Cacho, Pablo, Emilio o Luis de amigo. Pero así están las cosas hoy, no sólo en la esquina del barrio sino también en nuestras escuelas.

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Día de la Diversidad Cultural Americana

Día de la Diversidad Cultural 03El 12 de octubre, fecha en la que tradicionalmente se conmemoraba la llegada de Cristobal Colón a América, sirve hoy para promover la reflexión histórica y el diálogo intercultural acerca de los derechos de los pueblos originarios.

En aquel día de 1492 comenzó el contacto entre Europa y América, uno de tal magnitud que transformaría las vidas humanas, tanto europeas como americanas, para siempre.

En el año 2010 el Poder Ejecutivo Nacional envió al Congreso un proyecto de ley para modificar el nombre de «Día de la Raza» por «Día de la Diversidad Cultural Americana», y tal es el nombre con el que conmemoramos aquel primer contacto.

Fue aquel un encuentro de culturas completamente diferentes, que modificó la economía mundial y desató cambios demográficos en todo el continente americano.

El Día de la Diversidad Cultural Americana busca entonces promover, desde distintos organismos, una reflexión permanente acerca de la historia.

Una reflexión que nos encamine hacia el diálogo necesario para una diversidad cultural, así como también para la promoción de los Derechos Humanos de nuestros pueblos originarios.

Tales derechos, declarados en nuestra Constitución Nacional, marcan la igualdad de las personas a partir de brindarles la garantía del respeto a la identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural.

Es muy importante la decisión de cambiar el nombre del feriado del 12 de octubre, ya que el término utilizado anteriormente (“Día de la Raza”) es ofensivo y discriminatorio, y carente de toda base científica y sociológica.

Por eso no se trata sólo de un cambio de nombre: implica nada menos que armonizar la legislación nacional con el derecho de los pueblos indígenas, consagrando y reconociendo que los derechos humanos tienen un carácter universal, indivisible e interdependiente.

Implica también reorganizar, de ser necesario, nuestra concepción del otro, del igual, en nuestro propio sistema de convicciones.

Un texto de Augusto Monterroso ilustra, jugando entre la ficción y la realidad, aquel encuentro de dos culturas, dos cosmogonías, dos maneras de mirar. Dice así:

Augusto Monterroso, «El eclipse»:

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte.

Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

El 12 de octubre, fecha en la que tradicionalmente se conmemoraba la mirada eurocéntrica que nos supieron imponer, sirve hoy para darnos cuenta de que una reflexión histórica es necesaria, a fin de cambiar aquella mirada relativa en una que se transforme, por propia convicción, en el necesario diálogo intercultural acerca de los derechos de los pueblos originarios.

Fuentes:
– Ciudad Seva
– Argentina.ar

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