Hoy tenemos chicos con malnutrición y eso es inmoral. Además, un tercio de la población tiene pobreza, no podemos pensar más allá de esta tarde. La educación es mala, hay que hacer una revolución educativa. Éramos la meca. Hoy no lo somos. No podemos vivir del pasado, nuestros vecinos nos han superado. En vez de preocuparnos, discutimos las mediciones (…) El conocimiento involucra la infraestructura, además del capital humano, instituciones fuertes, sólidas y transparentes. ¿Qué nos puede unir? Tenemos que pensar entre todos, para mí el conocimiento es un nuevo propósito como sociedad (…) Muchos periodistas me dicen ‘por qué te involucrás’. En Noruega, investigaría, iría por el mundo visitando universidades, dirigiendo un grupo de investigación. Pero vivo en un país con un tercio de pobres. Si tenemos seis chicos, dos no comen bien (…) Inflación, inseguridad, drogas y narcotráfico son las preocupaciones hoy de la gente, no la educación. Pero tenemos que educar. La inseguridad, la falta de reglas, tiene que ver con la educación. Gente en las cárceles que estudiaron regresan menos a prisión que los que no lo hacen.
Dr. Facundo Manes, neurocientífico, autor de «El cerebro argentino».
educación - 13. página
Habermas y el efecto fragmentador de internet
Desde Heinrich Heine, la figura histórica del intelectual ha ganado altura de la mano de la esfera pública liberal en su configuración clásica. Sin embargo, esta vive de unos supuestos culturales y sociales inverosímiles, principalmente de la existencia de un periodismo despierto, con unos medios de referencia y una prensa de masas capaz de dirigir el interés de la gran mayoría de la ciudadanía hacia temas relevantes para la formación de opinión política. Y también de la existencia de una población lectora que se interesa por la política y tiene un buen nivel educativo, acostumbrada al conflictivo proceso de formación de opinión, que saca tiempo para leer prensa independiente de calidad. Hoy en día, esta infraestructura ya no está intacta. Si acaso, que yo sepa, se mantiene en países como España, Francia y Alemania. Pero también en ellos el efecto fragmentador de Internet ha desplazado el papel de los medios de comunicación tradicionales, en todo caso entre las nuevas generaciones. Antes de que entrasen en juego estas tendencias centrífugas y atomizadoras de los nuevos medios, la desintegración de la esfera ciudadana ya había empezado con la mercantilización de la atención pública. Estados Unidos y su dominio exclusivo de la televisión privada es un ejemplo espeluzante. Ahora, los nuevos medios de comunicación practican una modalidad mucho más insidiosa de mercantilización. En ella, el objetivo no es directamente la atención de los consumidores, sino la explotación económica del perfil privado de los usuarios. Se roban los datos de los clientes sin su conocimiento para poder manipularlos mejor, a veces incluso con fines políticos perversos, como acabamos de saber a través del escándalo de Facebook.
Jürgen Habermas, filósofo.
Presente permanente
La destrucción del pasado, o más bien de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños de las postrimerías del siglo xx. En su mayor parte, los jóvenes, hombres y mujeres, de este final de siglo crecen en una suerte de presente permanente sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo en el que viven. Esto otorga a los historiadores, cuya tarea consiste en recordar lo que otros olvidan, mayor trascendencia que la que han tenido nunca, en estos años finales del segundo milenio. Pero por esa misma razón deben ser algo más que simples cronistas, recordadores y compiladores, aunque esta sea también una función necesaria de los historiadores. En 1989, todos los gobiernos, y especialmente todo el personal de los ministerios de Asuntos Exteriores, habrían podido asistir con provecho a un seminario sobre los acuerdos de paz posteriores a las dos guerras mundiales, que al parecer la mayor parte de ellos habían olvidado.
Eric Hobsbawn, en «Historia del Siglo XX» (1994)
La tecnología languidece sin el apoyo de las ciencias básicas
En el Primer Mundo hay científicos y tecnólogos productivos, pero escasean los sociólogos y economistas de la ciencia y de la tecnología. Y la mayoría de estos piensan y enseñan ideas inútiles o falsas. En particular, muchos de ellos sostienen que hoy día las novedades científicas y tecnológicas provienen de la ‘tecnociencia’ y resultan del deseo de ganar dinero o poder, no de satisfacer la curiosidad, como creía Aristóteles, ese pobre ingenuo (…) La investigación básica es autónoma, es decir, se rige por sus propios criterios, mientras que la investigación aplicada y el “desarrollo” (diseño tecnológico) son heterónomas: se hacen para beneficio, inmediato o posible, de quien las paga (…) El utilitarismo que pregonan los economistas neoclásicos y los estadistas miopes es el peor peligro que enfrenta la tecnología, que languidece sin el apoyo de las ciencias básicas. Como decía Guido Beck, mi maestro de física, no han entendido que no puede haber leche de vaca sin vaca.
Extracto del prólogo de Mario Bunge a ‘¿Qué es la tecnología?’ de Dominique Raynaud (Laetoli, 2018)
La innovación no es como la pintan
¿Y si para mejorar las habilidades de lectoescritura debemos volver a las lecturas diarias en el aula, a la medición de velocidades lectoras y a un aumento de las pruebas de comprensión lectora? ¿Por qué en lugar de buscar una app que nos solucione el problema no volvemos a lo que les funcionaba a muchos maestros? No es moderno decir lo anterior pero… a pintar uno disfruta y aprende más pringándose con témperas que haciendo diseños con el iPad. Bueno, eso hasta que les introducimos de forma subrepticiamente la necesidad de estar pegados a una pantalla. ¿Es malo usar pantallas para el aprendizaje? Claro que no. El problema es dotarlas de una falsa necesidad y ver si realmente no estamos perdiendo el tiempo haciendo ciertas cosas que, al final, pueden hacerse a mano de manera mucho más sencilla. La innovación de los pequeños detalles. La innovación como respuesta a un mal concepto de innovación que nos llevan vendiendo demasiado tiempo.
Jordi Martí, en ‘¿Y si lo más innovador en educación fuera no innovar?’
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