El carácter caduco de un objeto, una idea, un discurso no está dado en contraposición a la ventaja de la novedad. ¿Está caduco el libro; es caduco el cine, el teatro? Creo que la caducidad se presenta cuando algo se ha agotado. Cuando no activa imaginaciones ni ya es capaz de generar problema alguno. Algo caduca cuando pierde toda sensibilidad de conectarse con lo que está vivo, con lo que podría crecer. Entro a un aula y veo a los chicos conectados a sus netbooks: este mero dato no me dice nada. Aun llenos de actualización tecnológica podríamos asistir a un tiempo en el que nada pasa, en el que nada movilizante ni desafiante entre ellos acontece, pero también todo lo contrario. Si hubiera alguna caducidad, la encontramos en los modos reiterados y automatizados de hablar, de enseñar y pensar las cosas. (…) Lo opuesto a lo caduco no es la novedad sino la actitud problematizante. Pensar qué formas de agrupamiento podemos darnos para investigar juntos. En el aula, fuera del aula, en los pasillos, en la puerta de la escuela, en la calle, en el barrio. No es el espacio, es lo que nos pasa mientras compartimos un tiempo. El punto es: ¿qué queremos compartir con los pibes? ¿Qué problema podría crear una zona común entre las generaciones? ¿Qué pregunta, qué pasión me toma como maestra? El despliegue de inquietudes no se responde consumiendo compulsivamente capacitaciones ni aplicando prescripciones aggiornadas, sino investigando y probando posibilidades.
Silvia Duschatzky, especialista en educación.
docentes - 20. página
Internet no olvida
El siguiente es el archivo de diapositivas que nos acompaña en las charlas «Internet no olvida – Protegiendo nuestra privacidad en internet», que presentamos desde hace un tiempo en escuelas y otras instituciones, para padres, alumnos y docentes.
Este que publicamos aquí es un modelo base reducido y en formato pdf -por cuestiones de tamaño-, cuyo original adaptamos para cada charla según la audiencia prevista y actualizamos continuamente. Contiene dos videos -que por razones de formato no corren-. De todos modos, son una buena aproximación a los contenidos que trabajamos durante las presentaciones.
Inversión tecnológica con inversión pedagógica
Actualmente, la inversión en dispositivos tecnológicos por parte del gobierno con programas nacionales y provinciales es enorme. Pero eso no asegura una nueva escuela, sino una escuela llena de computadoras que, en algunos casos, sólo se usan para ver videos o escribir un texto. El cambio es más profundo y no conviene permanecer al margen. Hemos llegado a un punto en el cual ya no nos preguntamos si debemos integrar o no la tecnología a la educación. Hay que acompañar la inversión tecnológica con inversión pedagógica que le dé sentido a la primera.
Laura Suárez, profesora de Informática Educativa, en el artículo «Informática, una materia necesaria».
Todos éramos felices
Cuando yo era chico, preadolescente digamos, nos juntábamos con los amigos de siempre, todos los días en la esquina de casa. Cacho era el distraído del grupo y Pablo el peleador. Emilio era el blanco de todas las cargadas porque tenía el cierre del vaquero más claro que el resto del pantalón, de tanto pasarse la mano por ahí. Luis era el más revoltoso: no podía quedarse quieto y estaba siempre corriendo y pateando cosas, además de la pelota de fútbol. Yo era del promedio, nada sobresaliente, sólo me destacaba por tenerle miedo a las alturas.
Pero todos éramos felices. Eso fue a principios de los ’70.
Hoy estaríamos complicados: Cacho sería diagnosticado con un Sindrome de Déficit de Atención. Pablo, en cambio, estaría muy adecuadamente definido dentro del modelo del abusador, gracias a una correcta comprensión de la problemática del bullying. Emilio estaría siendo tratado por su Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) mientras que Luis sería convenientemente medicado por su Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDHA). Yo hubiera ocultado mi acrofobia no subiendo más a los árboles.
Pero ya nadie sería feliz. Tal vez sólo los terapeutas.
Esta es una historia imaginaria, pero es un poco la historia de todos nosotros. Todos tuvimos algún Cacho, Pablo, Emilio o Luis de amigo. Pero así están las cosas hoy, no sólo en la esquina del barrio sino también en nuestras escuelas.
Otra educación siempre fue posible
«La escuela de la Señorita Olga», de Mario Piazza. De vez en cuando necesitamos volver a lo básico.
«La Escuela de la Señorita Olga»
(1991, 16mm)
Dirección: Mario Piazza
Fotografía y cámara: Tristán Bauer
Sonido directo: Eduardo Safigueroa
Montaje: Laura Bua y Mario Piazza
Duración: 50 min.
Relata la experiencia educativa conducida por la maestra Olga Cossettini entre 1935 y 1950, en una escuela primaria del barrio Alberdi, de Rosario.
Fuente: Modo Lectura
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