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cultura - 68. página

Algo más sobre la ‘computadora de Aquímedes’

Días atrás publicábamos la conferencia de Christian Carman en TED, un apasionante relato sobre el modo en el que los detectives científicos develaron el enigma del llamado «Mecanismo de Anticitera» -llamado así por la isla griega en la que fue encontrado- o en modo más coloquial, la «computadora de Arquímedes».

Gracias al intercambio en las redes sociales con colegas, me encuentro ahora con dos videos a los que vale la pena prestar atención, muy interesantes.

El primero, un registro de la exhibición «The Antikythera Shipwreck: the Ship , the Treasures, the Mechanism», que tuvo lugar en el National Archaeological Museum en Atenas, Grecia. Se aprecian en él una cantidad de restos del naufragio que se hallaron junto con el mecanismo.

El segundo, muestra la construcción de una réplica completamente funcional del mecanismo con piezas de Lego, proyecto que fue patrocinado por Digital Science.

El llamado «Mecanismo de Anticitera» es el dispositivo científico más antiguo conocido, construido en Grecia alrededor del año 100 antes de Cristo. Fue recuperado de un naufragio en el año 1901, pero no fue sino hasta un siglo después que se logró comprender su propósito: se trata de un reloj astronómico que determina las posiciones de los cuerpos celestes con una precisión extraordinaria.

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Adalides de la privacidad

La privacidad nos protege del abuso de aquellos que están en el poder, incluso si no estamos haciendo nada malo en el momento de ser vigilados. (…) La privacidad es una necesidad humana básica.(…) Demasiadas personas describen el debate como ‘seguridad versus privacidad’. La verdadera encrucijada es libertad versus control. Tiranía, ya sea la que surge como amenaza exterior de un ataque como la de un escrutinio interno constante por parte de la autoridad, sigue siendo tiranía. La libertad requiere seguridad sin intromisión, seguridad con privacidad. Vigilancia policial indiscriminada es exactamente la definición de un estado policial. Por eso deberíamos ser todos adalides de la privacidad, aun cuando no tengamos nada que ocultar.
Bruce Schneier, experto en seguridad, en El Valor Eterno de la Privacidad.

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Desconectados con el debate

LN CI

Al momento de escribir estas líneas, el artículo titulado «(Des)Conectar Igualdad: un programa que inspiró elogios, pero hoy recibe críticas», escrito por Denise Rabin para La Nación, a escasas horas de ser publicado tiene más de 650 comentarios.

Si bien es cierto que es prácticamente imposible soslayar en los comentarios de artículos de este tenor la chicana política y la opinión tendenciosa -entreveradas con la buena fe de muchos-, soy de la opinión de que la cantidad de participantes indica en alguna medida lo poco que se debaten estas cosas.

Fui consultado por la periodista durante la investigación para el artículo y -más allá de ciertas reservas de mi parte con respecto al medio de origen en cuanto al abordaje de esta cuestión puntual- participé con la expectativa del debate que esto puede generar. Cómo le respondí a una colega que comentó el artículo en mi perfil de Facebook, creo que la nota tiene el valor de lo objetivo, desde que nos permitió hablar a quienes de un modo u otro vivimos la experiencia. No es el estado y tampoco son los ‘especialista’ quienes opinan, sino los trabajadores que cada día confrontan la situación en el aula.

En lo personal, escribí mi primera entrada al respecto de la entrega de notebooks en la escuela en marzo del año 2006, cuando el proyecto era parte de una idea global llamada OLPC (One computer per child), y ya iban saliendo a la luz algunas contradicciones que no habilitaban el optimismo.

Una de esas contradicciones, sobre las cuales hablo no sólo en el artículo en cuestión sino también en otros, es que el Plan Conectar Igualdad alcanza sólo a los alumnos de la escuela pública dejando afuera a los de la escuela privada, asumiendo que todas las escuelas privadas cuentan con sus propios recursos. Esta decisión ignora el hecho de que existen escuelas privadas confesionales o dependientes de otras instituciones en zonas de riesgo en las que los recursos apenas alcanzan. De este modo, se deja afuera de esta especie de «paraguas digital» a una gran porción del alumnado que supuestamente está favorecido por tener una computadora en su casa.

Esta situación generó un hecho para nada inocente: fue aprovechado por algunas poderosas editoriales escolares, que comenzaron a ofrecer a ciertas escuelas privadas con poder adquisitivo su propio modelo, las llamadas «aulas digitales».

Otra objeción de mi parte tiene que ver con la capacitación: si hacemos con la notebook lo mismo que con un libro o una calculadora, sin el valor agregado de la experimentación, la búsqueda, la innovación, la creatividad, entonces sólo cambió el formato y hubo una simple transferencia de lo analógico a lo digital. Pero para ello se requiere capacitación. Amplia, abarcativa, creativa, dinámica. Y presencial, desde ya.

Es innegable que la entrega de las máquinas, aun parcializada y con fallas, es siempre ventajosa. Puso el dispositivo en manos de los chicos, y eso siempre es un avance. Si era el dispositivo correcto y adecuado -no se fabrican más las netbook, ¿no hubiera sido conveniente entregar tablets?- es otra discusión. Lo importante es que las máquinas están y ayudan de alguna manera a cerrar la brecha digital, al menos en los sectores más postergados.

La pregunta entonces, es: ¿alcanza sólo con el aparato, o se necesita también un proyecto que le brinde contenido, que lo haga provechoso, con sentido? Alli, sin dudas, se encuentra la deuda fundamental del Plan.

La nota completa puede leerse haciendo clic en este link.

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