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Ciencia - 49. página

Celulares y cáncer II: la mirada desde la ciencia

Confieso que creo que jamás podría explicar con claridad, por cuestiones propias de formación, la lógica del funcionamiento de aquellas ondas sospechadas de carcinógenas, de las que hablamos en un post anterior. Pero no me hace falta: cuando la ciencia -la verdadera, aquella despojada de factores exógenos que le dan un tinte de opinión- viene en auxilio de nuestras incertidumbres, no queda más que adherir a las certezas que nos proveen.

Todo esto para explicar la satisfacción que me produjo leer al físico Alberto Rojo, profesor de la Universidad de Oakland en Michigan, EE.UU., en una columna publicada hoy en el diario Clarín, titulada «Los celulares son tan inofensivos como el microondas». Bueno, ya desde el título queda clara la postura del científico. La nota completa se lee haciendo clic aqui. A continuación, algunos párrafos para destacar:

Tengo amigos que no usan celular. Son pocos pero son. ¿Están más a salvo del cáncer que los incontables feligreses de la telefonía móvil? No. La razón, en tres palabras: la mecánica cuántica.

Me explayo: el celular recibe y emite radiación. Al hablar de radiación hablo de “luz”, una precisa coreografía de electricidad y de magnetismo en vibración por el espacio: las proverbiales ondas electromagnéticas. (…) Lo curioso es que la luz no es un fluido continuo sino que su estructura es granular, un chorro de municiones microscópicas, los cuantos de luz, cuya existencia postuló el gran Albert Einstein en 1905, la fecha de nacimiento de la hoy famosa mecánica cuántica, o física cuántica. Cuando la luz se emite o se absorbe, dice Albert, lo hace en cantidades fijas (…) Y lo más curioso todavía es que la energía de esas municiones (los “fotones”) depende del color, o la frecuencia de la luz. Un fotón de luz azul tiene más energía que uno de luz roja y mucho menos que uno de rayos X (que es invisible), que a su vez tiene mucha menos energía que uno de rayo gamma.

Lo fundamental aquí es que estas municiones de luz alteran -dañando o beneficiando- a los organismos vivos átomo a átomo, de a uno por vez. (…) Las mutaciones del ADN que dan lugar al cáncer son alteraciones a nivel atómico creados por radiación de alta frecuencia, donde los fotones (cada uno de ellos) son de energías altas. La incidencia de este tipo de radiación en el aumento de cáncer está muy establecida. En cambio, en el caso del teléfono celular, la frecuencia de la radiación es más o menos la misma que la del microondas de la cocina, donde la energía de cada fotón es insuficiente para arrancar un electrón de un átomo. El proceso de arrancar un electrón de un átomo es bautizado en jerga física por “ionizar”, y la radiación inculpada es ionizante.

Entonces, mientras un número relativamente chico de fotones de rayos gamma (radiación ionizante) puede alterar la química celular y dar lugar al cáncer, una horda de fotones visibles (los de la bombita de luz por ejemplo) o de microondas (los del celular) golpeándonos la piel cada segundo son inocuos. (…) Mas aún, las estadísticas no muestran un aumento de la incidencia de cáncer cerebral desde la invención de celular (incluso algunas muestran disminución), ni para los obreros que trabajan en las antenas de transmisión, donde la intensidad de la radiación es grande. Es cierto que las razones precisas de la génesis del cáncer son todavía objeto de estudio. Pero también es cierto que no hay un mecanismo físico plausible que vincule la radiación del celular con el cáncer, argumento suficiente para conjurar miedos infundados, y para acaso disuadir a mis amigos reticentes heresiarcas del roaming.

Por supuesto que hay posturas más o menos alarmistas sobre el tema, como aquellas que citamos alguna vez relevando miradas sobre la cuestión. El asunto es si nos quedamos con nuestros miedos sin más, o nos permitimos aprender y razonar.

Fuente: Clarin.com

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Científicos resuelven el problema de Molyneux

En 1688, el científico irlandés William Molyneux planteaba en una carta a John Locke el siguiente problema: si una persona ciega de nacimiento adquiere la vista a edad adulta y mira un cubo y una esfera, figuras geométricas que antes sabía reconocer y nombrar gracias al tacto, ¿sería capaz de distinguir con la vista lo que ya sabía identificar con las manos?

Una respuesta afirmativa, según Molyneux, implicaría que teníamos un concepto innato e independiente de los sentidos, de conceptos como la esfera.

Tres siglos más tarde, científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) han conseguido resolver el problema de Molyneux estudiando a un grupo de niños indios ciegos de nacimiento, con edades comprendidas entre 8 y 17 años, que recuperaron la vista tras una operación.

Según explican en la revista Nature Neuroscience Pawas Sinha y sus colegas, en un principio los sujetos no supieron reconocer inmediatamente con la mirada lo que previamente habían palpado con las manos, lo que indica que el cerebro no crea una única representación de las cosas relacionando diferentes tipos de información sensorial –en este caso, visual y táctil-.

Sin embargo, adquirieron esta habilidad a una velocidad sorprendente a los pocos días de práctica, lo que sugiere que nuestro cerebro posee más plasticidad de lo que se pensaba incluso después de los primeros años de vida.

Leído en Muy Interesante

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Arte y ciencia

Más que un sustantivo la ciencia debería ser un verbo que conjugara las acciones de mirar, experimentar, hacer preguntas, maravillarse, querer conocer más y más -o sea, una parte indisoluble de la cultura. Sí, sí: de la cultura, tanto como la literatura, el teatro, el fútbol o la belleza.
Diego Golombek, doctor en Ciencias Biológicas, docente e investigador.

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Vista en 360 grados de nuestra estrella

A partir de este febrero y por los próximos ocho años, la humanidad tendrá su primera vista de 360 grados de una estrella: nuestro propio sol.

Mediante la combinación de imágenes del Observatorio de Relación Solar Terrestre (STEREO) y del Observatorio Solar Dinámico (SDO), ambos de la NASA, se ha logrado armar un mapa completo del globo solar.

Antes de la misión STEREO, los astrónomos sólo podían ver el lado que se observa desde la Tierra frente a Sol, y era poco el conocimiento que tenían sobre ciertos fenómenos al rotar y colocarse fuera de nuestro alcance visual. Con la vista en 360 grados que brinda STEREO, esto ha cambiado dramáticamente.

Fuente: Nasa – How STEREO Views the Entire Sun

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Hasta los peces lo saben: es mejor trabajar en grupo

Un pececito de la especie Gambusia affinis, más conocido como pez mosquito por su preferencia gastronómica hacia ese molesto culícido que abunda más de lo deseado en nuestra región, ha hecho un gran aporte a lo que algunos pensabamos era una obviedad: dos cabezas piensan mejor que una. Pero que mejor que una confirmación empírica, ¿no es cierto?

El hecho es que unos invetigadores australianos hicieron sus pruebas con un grupo de estos peces, colocando dentro de laberintos con forma de letra «Y» animales solos, en pareja y en grupos de 4, 8 y hasta 16 individuos.

En uno de los brazos de cada laberinto colocaron también una réplica de un depredador de esta especie. Luego se dedicaron a observar, y hallaron que mientras los que estaban aislados elegían el camino que los alejaba del depredador tan sólo en el 50% de los casos, los peces en grupo escogían con más frecuencia el camino correcto, alcanzando hasta un 90% de acierto cuando el grupo estaba formado por 16 miembros. En otras palabras, cuanto más grande era el grupo, mejor era la toma de decisiones.

Este descubrimiento se publicó en un artículo titulado «Fast and accurate decisions through collective vigilance in fish shoals», firmado por Ashley Ward y sus colegas de la Universidad de Sidney, Australia, en el último número de la revista PNAS.

La conclusión de los científicos es que los resultados obtenidos podrían aplicarse a la toma de decisiones colectivas en humanos, de los mercados financieros o de los miembros de un jurado, por ejemplo.

Por supuesto, la experiencia con humanos tampoco deberá incluir anzuelos con carnada…

Fuente: Muy Interesante

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