Todos los alumnos tienen una computadora, un celular o una tableta, pero la tecnología en el aula no es innovación por sí misma, ni produce una mejora en la calidad educativa de manera automática. Pensar las tecnologías digitales en el aula es un desafío que obliga a todos los involucrados a reconsiderar el por qué y el para qué del trabajo en las instituciones educativas. La información está siempre disponible.
El docente ya no tiene que ‘dictar clase’ transmitiendo sólo información. Es posible dedicar el tiempo en el aula para trabajar en los procesos de construcción del conocimiento, usando la información para seleccionar, analizar, contrastar, sacar conclusiones, comparar. Si bien se corre del rol de emisor, no por eso pierde su papel central. Es quien ayuda y acompaña a las nuevas generaciones a aprender a usar la tecnología como extensiones de las capacidades cognitivas, a construir un sentido crítico y ampliar las capacidades comunicativas.
Queremos alumnos que piensen, que sean creativos, que puedan expresarse usando las TIC en toda la variedad de formas posibles. Desmitificando, las tecnologías no son ni smart ni inteligentes, en todo caso esos adjetivos son para los usuarios de las tecnologías. Los docentes tienen que sacar a relucir su mejor ‘pasta de docente’ para crear, diseñar y aplicar actividades a través de las cuales, con el uso de las TIC, se pueda formar esta generación de usuarios críticos y pensantes. Actividades que desafíen a los alumnos a pensar de manera crítica. Porque, de existir, los ‘nativos digitales’ no nacen… sino que se hacen.
Fabio Tarasow, Coordinador Académico en PENT Proyecto Educación y Nuevas Tecnologías – FLACSO Argentina
aula 2.0 - 7. página
Una mirada al mundo de los chicos y las pantallas
Roxana Morduchowicz es la autora de «Los adolescentes del siglo XXI, los consumos culturales en un mundo de pantallas». Esta especialista en medios y educación elaboró, diseñó y dirigió el estudio que derivó en este trabajo durante su gestión en el Programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación, una investigación cuantitativa basada en encuestas realizadas en 2011 con 1200 chicos de entre 11 y 17 años de escuelas de todo el país.
En una entrevista de Emilio Ruchansky publicada hoy en Página/12, la especialista desarrolla una serie de conceptos que queremos rescatar aquí:
El panorama desde casa
“Las casas de los adolescentes tienen más pantallas que libros, diarios y revistas. Todas cuentan con una televisión y seis de cada diez tienen dos o más aparatos. El ciento por ciento de los hogares tiene al menos un celular. Siete de cada diez tienen computadora, y la misma cantidad, lector de DVD. La presencia de las pantallas en las casas donde hay adolescentes creció fuertemente en los últimos seis años”.
El celular
«El celular es el medio que más creció en los últimos años y el único que no distingue sector social. Prácticamente todos los chicos de 15 a 17 y la muchísimo más que la mitad de 11 a 14 tienen un celular. Básicamente, les permite dos funciones que para los adolescentes son muy valoradas. La primera es comunicarse con amigos (…) Y la segunda es escuchar música. La música es el consumo cultural que marca el paso de la infancia a la adolescencia. Los chicos y adolescentes usan la computadora, leen historietas, navegan por Internet, lo que no hacen de la misma manera es escuchar música.»
El celular en el aula
«El rol de la escuela, respecto del celular, es muy controvertido en todo el mundo. Se está discutiendo y debatiendo. En principio podría decirse que es distractivo y el chico no podría utilizar el celular si está en clase. Esta fue la primera disposición que se tomó en la Argentina en muchísimas provincias. Se prohibió en clase. Sin embargo se está reviendo porque no todas las escuelas del país tienen acceso a Internet en las aulas. Si un docente está dando clases y hablando sobre la contaminación de un río y resulta que necesita un dato y hay algún chico en el aula que tiene un celular inteligente, entonces ahí hay un uso educativo. Como tienen cámaras, si están haciendo una experimentación, tranquilamente un profesor de ciencia, biología, de botánica, podría decirles a los chicos, saquemos fotos de esta planta, de ese experimento, de esta actividad para después comparar y demás. Las tecnologías, en todas las épocas, tienen un altísimo potencial y un valor educativo o cultural importante. Hay que ver cómo se usa.»
La generación multimedia
«Hay muchísimos estudios que demuestran efectos positivos de esta marca del siglo XXI como efectos negativos. Es positivo la manera de procesar imágenes, contenidos, que es muchísimo más veloz. Como efecto negativo se marcan la dispersión, el no poder concentrarse, el tener que cambiar permanentemente de ventanas, de medio, de soporte, de contenido.»
La función de la escuela
«La escuela nació con Guttemberg, cuando se creó la imprenta, se hizo necesaria una institución que enseñara a leer aquello que la imprenta ayudaba a difundir. La escuela fue la proveedora de información en los siglos posteriores, pero hoy tiene que redefinir su función porque ya no tiene el monopolio de la información. Información es lo que sobra, los chicos tienen en Internet una biblioteca inmensa, infinita si uno quiere. La escuela tiene que enseñar a interpretar, procesar y evaluar esa información. Por ejemplo, los estudios marcan acá y en el resto del mundo, que los chicos tienen una alta credibilidad respecto de lo que encuentran por Internet. Hay que enseñarles cómo buscar, cuál es la credibilidad de la fuente y a pensar esa sobreinformación que hoy.»
Adolescentes y redes sociales
«La adolescencia todos la recordamos como una etapa donde el cuerpo cambia, se transforma y nada nos conforma a medida que la estamos viviendo. El hecho de no tener la dimensión corporal, es decir una exposición física, hace que los chicos en las redes sociales se desinhiban más porque no precisan mostrarse en una época en el que cuerpo está en transformación y les trae sobresaltos, vergüenza o timidez. (…) El perfil en una red social es mucho más que una página web, pone en juego su propia personalidad. Ensayan, prueban, suben algo en el perfil y si les va bien, después lo incorporan en la vida real.»
Fuente: Página/12
La intención de sumar
Remarco, entonces, lo que me parece significativo en nuestras prácticas, en relación con el mito de los nativos digitales, necesitan que estemos a su lado como ejemplo, esforzándonos por comparar y juzgar, cada vez, como asimismo, intentando reorganizar sistemáticamente aquello que encontramos en Internet.
Esta frase, que funciona a modo de conclusión de una serie de consideraciones en el análisis de la cuestión de los nativos digitales, pertenece al artículo titulado Acerca de los nativos digitales y el rol docente, publicado por Silvina Carraud Moret en su blog Contar con TIC.
El análisis de Silvina es por demás interesante e ilustrativo, al contrastar la realidad que encuentra el docente en el aula con aquella división antipática -esto lo digo yo- entre nativos e inmigrantes digitales que Marc Prensky supo acuñar allá por el 2001. Podría decirse -y sigue siendo mi opinión personal, claro- que el desconcierto y la desazón reinante en nuestra provincia de Santa Fe por caso, en cuanto a la ausencia de cualquier cosa semejante a la enseñanza de computación a partir del 3er. año del Secundario, es consecuencia directa y nefasta de aquella ya casi perimida concepción de lo tecnológico entreverado con lo social.
En fin. Más allá de estas consideraciones, quiero comentar acá que el disparador del excelente artículo de Silvina fue otro artículo publicado por otro docente e intervenido por más colegas, todos comentando, debatiendo y contribuyendo con sus experiencias y pareceres despojados de cualquier intención que no sea sumar y con quienes es un placer pensar, debatir, sumar y generar los espacios para ello.
No dejemos que nos digan que no se puede, o que sólo debemos seguir una bajada de línea. Se lo debemos a nuestros pibes.
Mayer-Schoenberger: ‘Que las personas determinen la fecha de expiración de la información’
[NdelE: En el año 2008 el periodista Alejandro Tortolini entrevistó para el suplemento de tecnología de Perfil, al especialista en temas de privacidad y protección de datos Viktor Mayer-Schoenberger, quién se encontraba en aquel momento trabajando para la Universidad de Harvard. Esta entrevista fue el punto de partida de nuestra campaña «Reinventando el olvido en Internet». Debido a que el medio que la publicó originalmente decidió eliminarla de sus archivos on line, es que decidimos publicarla aquí. Al parecer, internet no olvida pero algunos medios sí]
El riesgo de registrarlo todo
Un investigador de Harvard propone que las computadoras ya comiencen a olvidar
Por Alejandro Tortolini
Para Viktor Mayer-Schoenberger, especialista en temas de privacidad y protección de datos de la Universidad de Harvard, la información colocada en Internet debería tener fecha de vencimiento, como la leche. En sus respuestas a PERFIL, el experto señaló los riesgos de recordarlo todo y habló de las repercusiones que tuvo su propuesta. El caso de una futura maestra a la que, por una foto publicada en la Web, se le negó el título.
Gran hermano. A medida que uno navega por la Web, deja rastros. La imposibilidad de controlarlos, una amenaza latente. Internet se convirtió en una herramienta indispensable. Se busca información, se envían correos, se comparten archivos. Y a medida que uno se mueve por el mundo digital, va dejando una leve estela de información personal. Una búsqueda por aquí, un currículum olvidado por allá; datos, fotos… Esta estela puede rastrearse. La cada vez mayor capacidad de memoria de computadoras y buscadores puede parecer inofensiva; pero comienzan a oírse voces desconfiadas. Una de ellas es la del Viktor Mayer-Schoenberger, de la Universidad de Harvard, quien publicó en Internet “Vacío útil: el arte del olvido en la era de la computación omnipresente”, donde propone que las computadoras deberían ser programadas para poder olvidar, tal como hacen los humanos.
“Por milenios, lo difícil fue recordar y lo fácil, olvidar. Ahora la era digital cambió esto; la opción por defecto es conservar y memorizar. Piense en las cámaras digitales: la mayoría de la gente guarda todas las fotos en vez de gastar tiempo en elegir las que no le gustan. También pasa a nivel social: Google no olvida ni los contenidos ni las palabras que se usaron en una búsqueda”, le dijo Mayer-Schoenberger a PERFIL. Y agregó: “Sugiero una política para agregar a la información una fecha de expiración, como la fecha de vencimiento de la leche. Pero que no sea una mera solución técnica, sino que al confrontar con la pregunta ‘¿cuánto quiero que esta información dure?’ nos hagamos más sensibles al hecho de que la información no es algo para siempre.”
—¿Conoce algún caso que refleje su preocupación?
—El de Stacey Sidner, una joven de 25 años, madre soltera de dos niños, que estudiaba para maestra. Puso en su página de MySpace una foto suya sacada en una fiesta, disfrazada de pirata y con una copa plástica en la mano, y la tituló “Pirata borracha”. Su universidad vio la foto y decidió que eso no era digno de una futura maestra, y se rehusó a darle el título. Incluso habiendo quitado la foto, ya había sido almacenada y catalogada. Aunque Stacey quizo olvidar, Internet no se lo permitió.
—¿Cómo sugiere que sea el proceso de guardado?
—Propongo que las personas puedan determinar una fecha de expiración de la información. Más aún, los archivos oficiales podrían programarse para que la información no caducara, si así lo quiere la sociedad. No me preocupa que la gente quiera guardar sus datos por largo tiempo reseteando manualmente la fecha de expiración, porque eso requerirá de una acción humana, suficiente para hacernos pensar cuánto queremos que dure nuestra información.
—¿Cuál fue la repercusión a su propuesta?
—Tuve una enorme cantidad de respuestas, la mayoría positivas. Google declaró que guardaría las búsquedas por 24 meses (antes lo hacía por siempre), y Microsoft declaró que lo haría por 18 meses. A fin de año, el buscador Ask anunció que habilitaría un botón de borrado instantáneo de la búsqueda realizada… Las empresas están reinventando el olvido, y eso es enormemente alentador.
[Publicado originalmente en el diario Perfil]
Entrevista en ‘La Informática Prohibida’
El blog «La Informática Prohibida» es presentado por su autor, el Prof. Gustavo Cucuzza, como uno en el que se reúnen «Información y reflexiones sobre la necesidad de contar con un espacio para la enseñanza sistemática y graduada del uso de las TIC en la ‘Nueva Educación Secundaria’ de la Ciudad de Buenos Aires.»
El título no es caprichoso, sino que surge de una incertidumbre: «…pese a que las TIC están omnipresentes en nuestra vida cotidiana, según los primeros borradores de la caja curricular de ‘la nueva secundaria’, en la CABA no tendrían un espacio propio como asignatura…»
Personalmente he adherido a la idea disparadora del blog, no sólo por una postura solidaria con los colegas docentes informáticos de Buenos Aires, sino porque parece que nos unen las mismas preocupaciones e incertidumbres en la provincia de Santa Fe: no existe en la currícula de la secundaria santafesina, a partir del presente ciclo lectivo, la materia «Computación». Un nuevo espacio llamado «Educación Tecnológica» sugiere una serie de contenidos básicos organizados en una serie de Ejes, que incluyen «todo el desarrollo de experiencias significativas de aprendizaje», incluidas las relativas a los dispositivos digitales, su operación y la comunicación usando dichos medios.
Justamente, fue a partir de estas coincidencias que acepté gustosamente la invitación a realizar una entrevista para el blog, la que puede leerse haciendo clic AQUÍ.
Confiamos en que estas reflexiones, junto con las de los otros invitados, prestigiosos todos ellos, nos ayuden a iniciar un debate necesario, imprescindible, que sirva como punto de partida para generar nuevas alternativas.
Gracias a Gustavo Cucuzza, una vez más, por invitarme a participar del proyecto.
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