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Comenzamos el ciclo de charlas en el Complejo Alberdi

Mañana, 1ro. de octubre, comenzamos el Ciclo de charlas sobre la privacidad en Internet, tituladas «Internet no olvida – Protegiendo nuestra privacidad en Internet”. La cita es en el Complejo Educativo de Alberdi, Bv. Rondeau 1450 de nuestra ciudad de Rosario, a las 19hs.

Con el auspicio de Dattatec.com, empresa rosarina proveedora de servicios de hosting, estamos iniciando con esta un ciclo de charlas denominado “Internet no olvida – Protegiendo nuestra privacidad en Internet”, dirigidas a padres, docentes y público en general, sobre la problemática de la seguridad de los datos personales en Internet y los riesgos potenciales de la publicación de información sensible en redes sociales, foros, blogs, etc.

Los contenidos de las presentaciones están enmarcados dentro de nuestra campaña “Reinventando el olvido en Internet”, en la que proponemos que las computadoras sean programadas para poder olvidar, tal como hacen los humanos, a fin de que el propio usuario pueda definir cómo y por cuanto tiempo quedan guardados sus datos personales en la red.

Aquellos lectores y amigos interesados en invitarnos a presentar estas charlas en sus colegios u organizaciones, no tienen más que contactarse haciendo clic aquí, a fin de establecer los detalles y acordar una fecha de presentación.

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Bibliotecas, reflexión y debate

Nos avisa la amiga Ana María Córdoba de estas jornadas en la localidad vecina de San Lorenzo:

7 de Octubre de 2010, 9:00 hs.
Jornadas de Reflexión Charla Debate: “Una Propuesta hacia la Construcción de ideas y acciones posibles para las Bibliotecas de la Región”

Disertantes:
Alejandro Cottini, Bibliotecario de la Biblioteca Argentina.
Ana María Córdoba, Coord. De las Bibliotecas escolares del Servicio Prov. De Enseñanza Privada.

Dirigido a Bibliotecas escolares, Públicas y Populares de la región.

Contactos:
Tel.: 03476-432102 / Entre Ríos 510
bibliotecasanlorenzo@hotmail.com
www.facebook.com/bibliotecamunicipalsanlorenzo

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Inauguramos el sitio ‘Internet no olvida’ para las charlas

Con el auspicio de Dattatec.com, empresa rosarina proveedora de servicios de hosting, estamos iniciando un ciclo de charlas denominado “Internet no olvida – Protegiendo nuestra privacidad en Internet”, dirigidas a padres, docentes y público en general, sobre la problemática de la seguridad de los datos personales en Internet y los riesgos potenciales de la publicación de información sensible en redes sociales, foros, blogs, etc.

Toda la gráfica de la campaña es un desarrollo de Martín Cardinali, uno de los diseñadores de la empresa, junto con el desarrollo de un blog específico dedicado a estas charlas, denominado «Internet no olvida» y que se encuentra en http://privacidadeninternet.com/

Con el correr de los días iremos ajustando las tuercas, para que cumpla con su objetivo acabadamente. Allí publicaremos además las novedades acerca de las charlas, contenidos específicos, lecturas recomenadas y mucho más.

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Aburrimiento

El aburrimiento es, en general, un pecado grave. El que está aburrido está haciendo algo mal porque la vida es un don, una maravilla, y si no somos capaces de hacer nada con eso es porque estamos equivocados. Además, tenemos la posibilidad de imaginar, inventar… De modo que si nos aburrimos no tenemos perdón, y si encima, hacemos aburrir a los demás, menos. Y con aburrimiento no me refiero a que hay que escribir entretenido y que se entienda. No es eso. Porque Joyce no aburre, es un desafío constante a la inteligencia y uno tiene que estar a la altura de esa lectura. Hay múltiples formas de hacer una literatura que capte la atención y hay autores más transparentes y otros más opacos, pero lo que aburre es otra cosa. Lo previsible, la receta, la falta de grandeza, la trivialidad, la propuesta mezquina, el oportunismo, Eso es lo que aburre.
Juan Sasturain, en El Monitor de la Educación, Marzo 2010.

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La ciencia aprende con los mineros chilenos

Un sorprendente artículo en la edición digital de diario chileno La Tercera, hace un repaso por los aprendizajes de la ciencia en el transcurso del rescate de los mineros chilenos. La experiencia es resumida así:

Los expertos que envió la Nasa coinciden en que el aislamiento de 33 personas durante al menos 100 días es una experiencia sin precedentes para analizar cómo funcionan las reacciones sicológicas y físicas del cuerpo humano. El análisis de lo vivido a 700 metros incluso servirá de referencia para las misiones tripuladas a Marte.

Las experiencias similares anteriores no tienen comparación en cuanto a la extensión o las situaciones vividas. Por ejemplo, en 2009 tres mineros pasaron 25 días atrapados en una mina inundada en China. O el récord de permanencia en el espacio, en manos del ruso Valery Polyakov, quien completó 438 días seguidos en la estación espacial Mir. Pero su estadía fue programada y consistía en labores rutinarias de estudios médicos. Según se menciona en el artículo, el episodio espacial más parecido fue el accidente ocurrido en la misma Mir en 1997, donde un incendio dejó aislados por cuatro meses a tres astronautas.

La importancia de sorprender a los cautivos con regalos alterando la rutina, las diferentes reacciones según sus personalidades, la cantidad y calidad de su contacto con el exterior o las capacidades de liderazgo, son algunos de los factores que los cientficos analizan, no sólo para mejorar la calidad de vida de los 33 mineros aislados sino también para reunir datos pensando en el largo viaje de una misión tripulada a Marte.

De lectura altamente recomendada, se accede al artículo en cuestión haciendo clic en este link.

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Inmunización

La cadena de correos electrónicos sobre Marte revive en cada mes de agosto. Lo veo como algo bueno, y no como algo malo. Es una inmunización. Si uno se muestra como un tonto al enviarla a los amigos y a los familiares, será menos probable que les envíe la siguiente cadena que reciba, que puede no ser tan inofensiva.
Alan MacRobert, redactor jefe de la revista Sky & Telescope, hablando acerca de la cadena de mails sobre las dos lunas el 27 de agosto.

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El olvido como mecanismo

En el contexto de nuestra campaña Reinventando el olvido en Internet, los cambios que se proponen en cuanto al olvido digital no son caprichosos: estan relacionados con recuperar en el reino digital un mecanismo que es vital en el mundo real. Desde el punto de vista fisiológico, el olvido es un mecanismo:

Si nuestro sistema nervioso no hubiese desarrollado mecanismos para evitar formar ciertas memorias irrelevantes y para intentar olvidar algunas otras, sería difícil no sucumbir en un estilo de vida como el de Funes.

Quién esto afirma es el Dr. Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Universidad Favaloro, en una columna del diario Clarín de hoy, titulada Poder olvidar es tan importante como poder recordar. Y la referencia, claro, es a aquel personaje que era incapaz de convertir recuerdos en pensamientos, en el cuento Funes, el memorioso de Jorge Luis Borges,

Borges describe en su cuento a un joven que, como consecuencia de un accidente, pierde su habilidad para olvidar. Tiene una memoria tremenda, pero está tan perdido en los detalles de todo lo que sabe que es incapaz de convertir la información en conocimiento y no puede crecer en sabiduría.

Trazando el paralelismo que planteamos en el primer párrafo, podríamos afirmar que estar atados a nuestro pasado digital podría tener costos personales y sociales tales que no nos permitieran evolucionar y aprender de nuestros errores. Algo que podría considerarse antinatural en el mundo real, no es tomado en cuenta en el mundo digital a la hora de pensar y establecer criterios sobre como usamos nuestra información persona sensible.

Continuemos con el artículo del Dr. Manes para aproximarnos a una comprensión cabal de la importancia del olvido:

El olvido es quizás el aspecto más prominente de la memoria. Podemos contar toda nuestra infancia y adolescencia (aun siendo estas etapas en las cuales vivimos aspectos críticos de nuestras vidas) en no más de unas horas. Aunque durante ese tiempo hayamos aprendido a hablar, a caminar, a experimentar el calor de nuestros padres, el amor, la tristeza y la amistad, lo olvidamos casi todo.

En el célebre cuento de Borges, ‘Funes el memorioso’, lo que se pone en cuestión no es tanto lo que el pobre Ireneo era capaz de recordar, sino, más bien, lo que era incapaz de olvidar. O mejor, su imposibilidad de transformar los vastos recuerdos en pensamiento (‘Pensar, dice el narrador, es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer’). Ireneo Funes no podía pasar por alto lo irrelevante, ni establecer asociaciones, ni construir ideas generales de las cosas. Para los seres humanos, poder olvidar es tan importante como poder recordar.

Si nuestro sistema nervioso no hubiese desarrollado mecanismos para evitar formar ciertas memorias irrelevantes y para intentar olvidar algunas otras, sería difícil no sucumbir en un estilo de vida como el de Funes. Algunos olvidos son intencionales, establecidos por sistemas inhibitorios en el cerebro para suprimir memorias. En un estudio reciente de la Universidad de Stanford, se observó a través de neuroimágenes que cuando se pedía a los participantes que activamente suprimieran ciertas memorias, había una gran activación de la corteza prefrontal (la parte más anterior de nuestro cerebro) y una menor activación del hipocampo (una estructura que es central para la consolidación de nuevas memorias). Estos mecanismos inhibitorios comparten estructuras con los mecanismos involucrados en la inhibición de los movimientos: por ejemplo, si vemos que una maceta está por caerse del marco de la ventana, tendemos a intentar atraparla, pero podemos inhibir ese movimiento si nos damos cuenta de que la planta es un cactus.

‘Otros olvidos son producidos por nuestro cerebro por cuenta propia sin que le pidamos nada; el cerebro se encarga de tornar inaccesible la evocación de ciertas memorias’, dice Iván Izquierdo, un gran investigador argentino. Esto no ocurre con memorias asociadas a emociones intensas. Todos recordamos qué estábamos haciendo cuando se sucedieron los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York en el 2001 y, sin embargo, apenas podemos recordar la tarde de ayer. Múltiples experimentos han demostrado que las memorias asociadas a una carga emocional intensa logran una mejor consolidación, puesto que dichas emociones disparan cascadas químicas y fisiológicas en nuestro organismo que favorecen la formación de nuevas memorias. Esto último ha permitido el desarrollo de originales líneas de investigación destinadas al tratamiento de pacientes con estrés postraumático. En el cuento de Borges, Ireneo Funes le confiesa al narrador: ‘Mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras’. En el sabio provecho del recuerdo de ese pasado en el presente -eso que Funes el memorioso no pudo lograr- se encuentra una de las claves de nuestro futuro.

El mecanismo del olvido nos permite un sabio aprovechamiento del pasado. Es decir, descartando lo superfluo o lo negativo, nos quedamos con lo útil para el aprovechamiento futuro. Y también para comenzar de nuevo, llegado el caso.

Estoy repitiendo mucho ultimamente, porque es una inquietud que se repite en los interlocutores, que no estamos hablando de conductas ilícitas. Es decir, este olvido no se refiere a conductas delictivas o ilegales -que se resuelven en los terrenos de la Justicia- sino a conductas lícitas pero fuera de norma -por así llamarlas: una foto inconveniente en Facebook, un tuit del tipo «mi jefe es un plomazo» o un comentario inadecuado en un foro, por ejemplo. Esas son cosas que no son extrañas en el ámbito de lo privado, pero que en Internet toman un auge y un alcance que sale de nuestra posibilidad de control, y que pueden hacer que nos arrepintamos a futuro, de haber sido tan ingenuos al publicarlo.

Después de todo, amigo lector, se trata de que nuestro pasado no nos persiga, y poder comenzar de nuevo cuando sea necesario. También en Internet.

Fuente: Clarin.com

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Atención señora, señor: en manos de tipos como éste ud. pone su información personal

«La gente se cambiará el nombre para huir de su pasado digital»

¿Quién dijo esta barrabasada? Eric Schmidt. No, no es broma. El consejero delegado de Google afirmó esto porque, tal cual lo cita Baquía en un artículo hoy, este señor cree que «los jóvenes se cambiarán el nombre al llegar a la vida adulta para huir de todas esas fotos de borracheras y gamberradas que quedan en la Red».

Al jefe de Google le parece perfectamente normal cambiarse el nombre. El argumento es que no tendríamos que preocuparnos por la privacidad, ni por las fotos indiscretas, ni por los comentarios fuera de tono. Con cambiarse el nombre, fin del problema.

No puedo más que coincidir con la mirada que le dan a la cuestión los autores del mencionado artículo:

No está del todo claro cómo vamos a hacer para asegurarnos de que no volvemos a llamar al sobrino de turno por su nombre antiguo, no sea que destrocemos la reputación de su nueva vida rememorando todo eso que quizá no debería haber llegado a la Red en un principio. Al parecer, que el muchacho asuma la responsabilidad de sus ocurrencias de juventud es inconcebible.

Impresentable, pero Schmidt maneja algunos botones en la red. En sus manos está nuestra información personal sensible.

Visto y tuiteado por @ValeriaRoman. Gracias a @aletorto por el RT

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Capturar el CO2 que se emite podría ser la solución más sencilla

Muy interesante la mirada que le dan al problema de la emisión de CO2 en la Universidad de Columbia: capturar el CO2 que se emite a la atmósfera podría ser una solución más sencilla que construir coches y aviones que no lo emitan.

Claro, somos conscientes de que el problema fundamental no es sólo la contaminación sino además el uso indiscriminado de los recursos naturales, con la cuestión de la necesidad como todo -falso- argumento y el acumular billetes como -sola- razón.

Se puede observar que la tecnología actual no llega a proponer alternativas eficaces al problema de las emisiones -digo, que por interés o necesidad les resulte tentadoras a los que manejan los piolines de la industria-, y en ese tira y afloja siempre puede más el poder de don dinero -léase, multinacionales que hacen y deshacen a su antojo lo que queda del maltrecho planeta. Y la política siempre va unos cuantos pasos atrás de la aparición del problema. Estas son las cuestiones de base a atender, primeras en la lista tal vez. Pero también esta nueva mirada acerca del problema ayuda: mientras encontramos las soluciones algo se puede hacer, y parece que más fácilmente que las demás propuestas de evitar las emisiones.

Como sabemos, el CO2 -principalmente- es un gas causante del calentamiento global, que tiene su origen en la quema de los combustibles fósiles que usamos en nuestros vehículos y aviones. Ya de pequeños en la escuela aprendimos que el CO2 es absorbido de forma natural por bosques y océanos -¿nuestros industriales no fueron a la escuela?-. Pero el problema es que ya emitimos tanto que el planeta no da abasto con su ciclo natural. La cosa sería más o menos así:

CO2 + aumento de emisiones + tala indiscriminada – capacidad de absorción = acumulación de CO2

Al superarse la capacidad de absorción natural este gas se acumula en la atmósfera, produciendo el conocido efecto invernadero.

Aquí es en donde entra en juego la novedosa idea -aunque anunciada hace ya más de un año- de la Universidad de Columbia: capturar el CO2 que se emite podría ser una solución más sencilla que construir coches y aviones que no lo emitan. Una de esas maneras de capturar el CO2 sería usando árboles sintéticos, los cuales no son otra cosa sino una torre con filtros que limpian el CO2 en el aire. Estos capturadores de CO2 podrían instalarse allí donde sea más adecuado retener el gas, por ejemplo bombeándolo bajo el suelo o el lecho marino, e incluso convirtiéndolo y reutilizándolo como combustible líquido.

Según el Dr. Klaus Lackner, científico de la Universidad de Columbia y creador del artefacto,

Estos árboles pueden ayudar porque hasta ahora no tenemos muchas opciones para reducir el CO2 en la atmósfera, y por eso son importantes. Pero solamente son parte de una solución más amplia

Cada árbol sintético, dice Lackner, podría absorber sólo una tonelada de dióxido de carbono al día, que equivale al que producen 20 autos -habría que instalar millones para que realmente hicieran la diferencia-, y además son caros -todavía. De allí que afirme que estos dispositivos no son la solución definitiva sino una parte de ella. Pero es un comienzo.

Leido Microsiervos Ecología y en BBC Mundo

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