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La escuela es un lugar desagradable

Vivimos en una sociedad donde predomina el interés privado, el dinero, el mercado, el consumismo y el miedo frente al interés público, la responsabilidad compartida, los valores y las instituciones democráticas. Esto acaba con la comunidad, la justicia, la igualdad y el bien común y, por el camino, elimina la educación entendida como un bien público y la pedagogía como práctica empoderadora. (…) La pedagogía, tal y como está planteada en muchas escuelas actuales, ataca en vez de educar y no logra que los alumnos se reconozcan en lo que hacen. La multitud de pruebas y exámenes, modelos de aprendizaje que apagan la chispa crítica y crean espacios sin ningún tipo de imaginación, los sistemas de organización represivos y basados en el castigo, la memorización y el conformismo crean un ambiente donde los alumnos comprenden rápidamente que la escuela es un lugar desagradable y que no existe nada parecido a la satisfacción de aprender.
Henry Giroux, profesor y estudioso estadounidense, pionero en el campo de la pedagogía crítica, en aulaPlaneta.

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Espiados por nuestros aparatos

Una lectora del periódico The New York Times estaba usando una aplicación Auto Speak para publicar un comentario en un artículo del diario, cuando llegó a su casa un amigo y comenzaron a conversar. La aplicación siguió grabando sin que ella se diera cuenta y publicó automáticamente en los comentarios la charla completa entre ella y su amigo.

La comentarista lo explicó luego, y la situación finalmente quedó graciosa, pero es imposible no pensar en los riesgos que implica tener aplicaciones -o artefactos, como los smart TV- que puedan estar registrando lo que hacemos y decimos en privado y sin darnos cuenta.

Son los riesgos de «internet de las cosas»: ser espiados en nuestros hogares por nuestros aparatos electrónicos, algo de lo que hablamos hace un tiempo en una de nuestras columnas. 


Fuente: The New York Times
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Un bucle social de retroalimentación

El proceso mental a la hora de construir estas aplicaciones, Facebook la primera de ellas, es el siguiente: ¿Cómo consumimos la mayor parte posible de vuestro tiempo y atención consciente? Tenemos que darte una pequeña dosis de dopamina de vez en cuando, porque a alguien le ha gustado o ha comentado tu foto o tu post, o lo que sea. Así es como vas a contribuir con más contenido, a través de los Me Gusta y los comentarios. Es un bucle social de retroalimentación. Exactamente la clase de cosa que un hacker como yo mismo idearíamos, porque estamos explotando una vulnerabilidad en la psicología humana. Los inventores, los creadores, yo, Mark Zuckerberg, Kevin Systrom de Instagram, toda esa gente… sabíamos esto conscientemente. Y aún así, lo hicimos.
Sean Parker, fundador de Napster y primer presidente de Facebook. Abandonó sus cargos y fundó el Parker Institute for Cancer Immunotherapy, al que ha donado buena parte de su fortuna. Leído en computerhoy.com.

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Acerca de la evaluación

Sólo las máquinas bien construidas, podemos pensar, no comenten errores. ¿Por qué, entonces, penalizar siempre el error en contextos de aprendizaje? Sólo corre el riesgo de perderse quien se mueve por iniciativa propia; y sólo corre el riesgo de cometer errores quien se atreve a pensar por cabeza propia y a tomar decisiones ante situaciones nuevas, no conocidas. Sólo en la ortodoxia conductista, como advierte Allal (1980), se descarta el aprendizaje sin error. Pero al mismo tiempo, prescinde de los procedimientos de la evaluación formativa que atienda a las dificultades de aprendizaje del alumno. ¿Por qué penalizar sistemáticamente el error, antes incluso de averiguar las causas que lo provocan?
Juan Manuel Álvarez Méndez en «Evaluar para aprender: los buenos usos de la evaluación», citado por Débora Kozak en «¿Es necesario tomar exámenes para evaluar?»

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Transformad esas antiguas aulas

Transformad esas antiguas aulas, suprimid el estrado y la cátedra del maestro, barrera de hielo que lo aísla y hace imposible toda intimidad con el discípulo; suprimid el banco, la grada, el anfiteatro, símbolos perdurables de la uniformidad y del tedio. Romped esas enormes masas de alumnos; por necesidad constreñidas a oír pasivamente una lección, o alternar en un interrogatorio de memoria, cuando no a presenciar desde distancias increíbles ejercicos y manipulaciones de que apenas logran darse cuenta. Sustituid en torno del profesor, a todos esos elementos clásicos, un círculo poco numeroso de escolares activos, que piensan, que hablan, que discuten, que se mueven, que están vivos […] Y entonces la cátedra es un taller, y el maestro, un guía en el trabajo; los discípulos, una familia; el vínculo exterior se convierte en ético e interno; la pequeña sociedad y la grande respiran un mismo ambiente; la vida circula por todas partes y la enseñanza gana en fecundidad, en solidez, en atractivo, lo que pierde en pompa y en gallardas libreas.
Francisco Giner de los Ríos, pedagogo, filósofo y ensayista español, en un discurso pronunciado en 1880

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