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Atención señora, señor: en manos de tipos como éste ud. pone su información personal

«La gente se cambiará el nombre para huir de su pasado digital»

¿Quién dijo esta barrabasada? Eric Schmidt. No, no es broma. El consejero delegado de Google afirmó esto porque, tal cual lo cita Baquía en un artículo hoy, este señor cree que «los jóvenes se cambiarán el nombre al llegar a la vida adulta para huir de todas esas fotos de borracheras y gamberradas que quedan en la Red».

Al jefe de Google le parece perfectamente normal cambiarse el nombre. El argumento es que no tendríamos que preocuparnos por la privacidad, ni por las fotos indiscretas, ni por los comentarios fuera de tono. Con cambiarse el nombre, fin del problema.

No puedo más que coincidir con la mirada que le dan a la cuestión los autores del mencionado artículo:

No está del todo claro cómo vamos a hacer para asegurarnos de que no volvemos a llamar al sobrino de turno por su nombre antiguo, no sea que destrocemos la reputación de su nueva vida rememorando todo eso que quizá no debería haber llegado a la Red en un principio. Al parecer, que el muchacho asuma la responsabilidad de sus ocurrencias de juventud es inconcebible.

Impresentable, pero Schmidt maneja algunos botones en la red. En sus manos está nuestra información personal sensible.

Visto y tuiteado por @ValeriaRoman. Gracias a @aletorto por el RT

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Capturar el CO2 que se emite podría ser la solución más sencilla

Muy interesante la mirada que le dan al problema de la emisión de CO2 en la Universidad de Columbia: capturar el CO2 que se emite a la atmósfera podría ser una solución más sencilla que construir coches y aviones que no lo emitan.

Claro, somos conscientes de que el problema fundamental no es sólo la contaminación sino además el uso indiscriminado de los recursos naturales, con la cuestión de la necesidad como todo -falso- argumento y el acumular billetes como -sola- razón.

Se puede observar que la tecnología actual no llega a proponer alternativas eficaces al problema de las emisiones -digo, que por interés o necesidad les resulte tentadoras a los que manejan los piolines de la industria-, y en ese tira y afloja siempre puede más el poder de don dinero -léase, multinacionales que hacen y deshacen a su antojo lo que queda del maltrecho planeta. Y la política siempre va unos cuantos pasos atrás de la aparición del problema. Estas son las cuestiones de base a atender, primeras en la lista tal vez. Pero también esta nueva mirada acerca del problema ayuda: mientras encontramos las soluciones algo se puede hacer, y parece que más fácilmente que las demás propuestas de evitar las emisiones.

Como sabemos, el CO2 -principalmente- es un gas causante del calentamiento global, que tiene su origen en la quema de los combustibles fósiles que usamos en nuestros vehículos y aviones. Ya de pequeños en la escuela aprendimos que el CO2 es absorbido de forma natural por bosques y océanos -¿nuestros industriales no fueron a la escuela?-. Pero el problema es que ya emitimos tanto que el planeta no da abasto con su ciclo natural. La cosa sería más o menos así:

CO2 + aumento de emisiones + tala indiscriminada – capacidad de absorción = acumulación de CO2

Al superarse la capacidad de absorción natural este gas se acumula en la atmósfera, produciendo el conocido efecto invernadero.

Aquí es en donde entra en juego la novedosa idea -aunque anunciada hace ya más de un año- de la Universidad de Columbia: capturar el CO2 que se emite podría ser una solución más sencilla que construir coches y aviones que no lo emitan. Una de esas maneras de capturar el CO2 sería usando árboles sintéticos, los cuales no son otra cosa sino una torre con filtros que limpian el CO2 en el aire. Estos capturadores de CO2 podrían instalarse allí donde sea más adecuado retener el gas, por ejemplo bombeándolo bajo el suelo o el lecho marino, e incluso convirtiéndolo y reutilizándolo como combustible líquido.

Según el Dr. Klaus Lackner, científico de la Universidad de Columbia y creador del artefacto,

Estos árboles pueden ayudar porque hasta ahora no tenemos muchas opciones para reducir el CO2 en la atmósfera, y por eso son importantes. Pero solamente son parte de una solución más amplia

Cada árbol sintético, dice Lackner, podría absorber sólo una tonelada de dióxido de carbono al día, que equivale al que producen 20 autos -habría que instalar millones para que realmente hicieran la diferencia-, y además son caros -todavía. De allí que afirme que estos dispositivos no son la solución definitiva sino una parte de ella. Pero es un comienzo.

Leido Microsiervos Ecología y en BBC Mundo

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Anti-marketing: un caso emblemático de mal uso de las redes sociales

Hace unos días el suplemento iEco de Clarín publicó una entrevista a Mónica Gadsby, experta en Semiótica y Antropología Cultural, en la que afirmaba, entre otros conceptos muy interesantes, que «las marcas no les encontraron la vuelta a Twitter y Facebook». Gadsby estaba analizando en la ocasión el rol de los planificadores de medios en el negocio digital.

A este respecto, la experta opinaba sobre el crecimiento de Facebook y Twitter en este contexto:

Vemos que hay mucho potencial, pero todavía nadie encontró la forma de utilizarlo. Algunas empresas empezaron a llevar acciones online interesantes, que unen el sentido de lo que pasa en una red social con su estrategia de marca. (…) Las personas no quieren recibir una oferta, salvo que se trate de una acción que los mueva a buscarla.

En opinión de Gadsby, el problema radica en que,

… cada cliente quiere tener su propia red social. Por ejemplo, una empresa de alimentos quiere armar una red social para que las personas intercambien recetas. No sé si es el enfoque adecuado. (…) Por eso les decimos a las empresas que deben ir más allá del banner. De hecho, se están tornando en paisaje y no son relevantes, salvo algunos casos. En ciertos casos funciona el micrositio, pero si ofrece algo estándar ya no sirve. Sólo es visitado cuando agrega valor a la vida del cliente.

Si a este enfoque equivocado se le suma el desconocimiento de las reglas de etiqueta comúnmente aceptadas por sus usuarios de las redes sociales, el resultado puede ser catastrófico. Un caso emblemático de este error sería el de Nestlé.

En el artículo escrito por Víctor Bandín y publicado en Internet Advantage, titulado «Otro fracaso de Relaciones Publicas en redes sociales», se cuenta en detalle toda la trama del papelón.

Resumiendo, el caso es más o menos así: el pasado 17 de marzo Greenpeace publicó un informe en el que se dice que Nestlé utiliza aceite de palma procedente de Indonesia para elaborar sus productos, y que su proveedor incumple las leyes deforestando la selva y destruyendo el habitat de una especie protegida como los orangutanes. Nestle negó la acusación. Entonces los ecologistas lanzaron una campaña en Youtube, Twitter y Facebook invitando a los internautas a utilizar un logo modificado de Kit-Kat con la palabra killer (asesino).

Sigo: el 18 de Marzo la multinacional suiza consiguió que Youtube retirara el video alegando uso indebido de su marca registrada. Pero no satisfechos con semejante medida, en lugar de atender las quejas y preguntas de sus seguidores sólo se limitaron a recordar que la página les pertenece y que si a alguien no le gusta, adios.

Por supuesto esta actitud, que los fans lo consideraron censura, generó una ofensiva global contra la empresa suiza. Tras varios comunicados en su web, un representante de Nestle intentó sin éxito calmar los ánimos insinuando que la reacción del publico era desproporcionada, ya que no censuraban a todo sino sólo a los comentarios negativos. Finalmente, Nestlé dió marcha atrás y pidió disculpas por los errores cometidos y sus malas formas, aunque parece que ya era algo tarde para lágrimas.

El autor del artículo comenta muy acertadamente hasta que punto las empresas pueden desconocer cómo funcionan estos nuevos ámbitos:

Tampoco supo reconocer en la modificación de su logo (practica común en Internet) una consolidación de su branding global. Pese a que en este caso fuera utilizado con connotaciones negativas, el que los internautas modifiquen y difundan un logo está al alcance de muy pocas marcas (Nike, Puma, Google, Coca Cola, etc). Si esta crisis se hubiera gestionado correctamente, sin intentar silenciar a sus fans ni prohibirles adaptar el logo corporativo, Nestle podría haber sentado las bases de futuros éxitos.

Las oportunidades se pierden por no verlas, eso es claro. Pero también por verlas pero por las propias rigideces no ser capaces de adaptarse. Es bíblico: remiendo viejo sobre tela nueva rompe finalmente ambos.

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