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Un tecnólogo en Macondo - 42. página

Desbaratando el pensamiento mágico en la tecnología

Exigiendo la privacidad de lo público

Esta mañana, y conociendo mi seguimiento de la cuestión de la privacidad en internet, Silvina Carraud me hizo llegar la viñeta de más arriba.

Una vez más, el humor viene a hacer su aporte a situaciones de la vida -en este caso, con su connotación de cuestiones relacionadas con la privacidad, tema álgido si los hay en el terreno del uso de las nuevas tecnologías-, ironizando sobre un tema por demás frecuente: el reclamo de privacidad de aquellos que hacen público lo privado.

Y se sabe: el mundo digital está lleno de este tipo de personas. Desde artistas hasta usuarios de a pié publican asuntos privados y aun íntimos en redes sociales y foros -ideas, textos, fotos-, para después reclamar cuando las papas queman y ya es tarde.

La gran verdad detrás de esto es que una vez que la pieza de contenido toma estado publico, escapa al control de quién la publicó.

Por eso insistimos: pensá ANTES de publicar. Después, puede ser demasiado tarde.

Fuente: La Pulga Snob

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Involución

La foto, tomada en Madrid y publicada en WTFMicrosiervos, es por demás explicita y bastante delirante; una mezcla de avivadas y torpezas por partes iguales.

Voy a ver si hago mi propio negocio, vendiendo mp3 en vinilo o mpeg4 en cintas de 35mm.

En fin. De algo hay que vivir…

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Saltar de la sartén al fuego

Desde el accidente nuclear en Fukushima, Japón comenzó a apagar sus 54 reactores atómicos: ahora tiene sólo 2 en funcionamiento. Y en mayo dejarán de funcionar. El gobierno japonés dice estar dispuesto a pagar lo que sea necesario para garantizar su seguridad nuclear. En 2011, el país aumentó sus importaciones de combustible fósiles de US$ 221 mil millones a 276 mil millones. Además aumentó la importación de gas, fuel y carbón para cubrir la falta de electricidad provocada por el apagón nuclear.
Publicado hoy en Clarin.com

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Un planeta con techo de chapa

O casi. Según publicó Microsiervos la semana pasada, a partir de un video desarrollado por Leon Fiedrich -titulado «Una rápida historia de satélites en el espacio»-, entre los años 1957 y 2010 se lanzaron 6910 satélites, de los cuales 3395 terminaron su vida útil y nada menos que 3494 siguen aun sobre nuestras cabezas.

Mucha chapa, ¿no es cierto? Y con un paraguas no va a alcanzar, si empiezan a caer…

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Klout, o la invasión a la privacidad como excusa

Cuando eramos chicos, nuestros mayores siempre nos advertían sobre determinadas cuestiones de la vida o sobre la conveniencia o no a futuro de ciertas relaciones que se veían venir. Las consabidas frases «cuidado, que te vas a lastimar» de pequeñitos, o «Fulana -o Fulano- no me gusta, no es para vos» ya de grandes, son lugares comunes que todos recordamos con más o menos cariño y más o menos arrepentimiento. Lo que solíamos ver como una intromisión en nuestra vida era, la gran mayoría de las veces, un intento fundado en el aprecio, un esfuerzo por evitarnos el mal trago o el dolor a partir de la propia experiencia de vida del mayor que nos advertía.

A nivel social e histórico ha sucedido esto también en infinidad de ocasiones. Determinados hechos han tenido su previo llamado de atención que la mayoría, ya sea por cuestiones políticas, económicas o de otro tipo desoyeron en su momento, todos con consecuencias más o menos trágicas.

Como viviendo en un estado permanente de adolescencia tardía, en el plano de nuestra experiencia como usuarios en internet, me parece, estamos justamente recorriendo esta etapa de negación de las señales que van apareciendo; señales con forma de excusa, de aparente beneficio que algunos celebran y otros niegan, pero que todos estamos pagando en términos de invasión de nuestra privacidad, rumbo a un control de la información como nunca antes se ha visto.

Hablábamos ayer con Alejandro Tortolini sobre un artículo publicado en el New York Times, acerca de padres preocupados porque Klout crea en forma automática perfiles de sus hijos. Ante mi desconocimiento, Alejandro tuvo la amabilidad de explicarme que Klout es un servicio que mide la ‘influencia’ de las personas en las redes sociales. Empezó midiendo lo que un usuario hacía en Twitter -midiendo cantidad de seguidores, cantidad de ‘retuits’, etc- y después comenzó a agregar otras redes como LinkedIn y Facebook. Con esa información elabora el ‘indice Klout’, que nos dice que clase de protagonista somos en las redes sociales.

Como buen docente que es, me pasó el link de su propio perfil en Klout para que lo viera en funcionamiento, y para mi sorpresa descubro que, confirmando la denuncia de aquellos padres al periódico, Klout había creado automáticamente un perfil mio por el sólo hecho de tener un contacto de red asiduo con Alejandro y aparecer entre sus contactos. A su vez en mi perfil, creado a partir de mi actividad en Twitter, aparecen mis contactos más asiduos, y así hasta el infinito.

Todo un perfil creado con información tan parcial, recortada y subjetiva como puede ser la que se obtiene de mi participación en Twitter, y sin permiso.

Me temo que en esa mirada distraida, ingenua y rebelde de adolescente con que estamos viendo pasar estas cuestiones, no estamos advirtiendo que todas ellas están confluyendo hacia el mismo punto: la obtención de nuestra información personal. ¿Con qué fines? Eso está por verse, pero la historia de la humanidad no es alentadora en cuanto a sus buenos propósitos.

Somos gente grande con mirada de ‘a mi esto no me va a pasar’; adolescentes digitales que no nos damos cuenta de que la mercancía en intercambio en estas excusas de avanzada somos nosotros mismos.

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