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Sociedad - 235. página

Tecnología y sociedad

Homenaje a las victimas de Cromañón

Familiares y sobrevivientes colocaron un mural de la memoria a metros del boliche que se incendió el 30 de diciembre de 2004 y que provocó la muerte de 194 personas.

La obra, denominada «Atrapados», fue preparada por los trabajadores de la empresa recuperada Zanón.

Está ubicada en Bartolomé Mitre al 3000, en el barrio porteño de Once, donde ocurrió la tragedia.

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No sólo cuesta dinero

Salió publicada una nota en LaNacion.com sobre los pro y los contra del ingreso de Blackberry a la vida corporativa, de la cual sería interesante destacar un par de párrafos como para pensar esto de que a veces la tecnología no sólo cuesta dinero.

Primero, una breve explicación: ¿qué es Blackberry? Un equipo un poco más grande que un celular que también recibe el correo electrónico, además de permitir hablar por teléfono, guardar archivos y llevar la agenda al día.

¿Cuánto cuesta este servicio? Lo explica el artículo:

Una empresa que quiera dárselo a sus ejecutivos debe disponer de un servidor en forma exclusiva para este servicio; el costo depende de la capacidad, pero arranca en unos 5000 pesos.

Para 20 usuarios deberá pagar $ 20.000 por única vez por la licencia del sistema (lo que se conoce como BlackBerry Server Software, BES).

A eso hay que sumarle la compra del equipo -alrededor de $ 1300 en seis cuotas más IVA-, más un abono que depende de la operadora, pero que arranca en $ 150 sólo para transmisión de datos.

Para hablar, hay que sumarle otro abono, que oscila según la cantidad de minutos libres, pero que puede sumar otros $ 100. Las ofertas para los usuarios profesionales son un poco más accesibles: al costo del equipo hay que sumarle un abono de alrededor de $ 90 sólo para transmisión de datos. Para hablar, hay que pagar aparte.

Pero también hay algunos comentarios jugosos para destacar:

Comentario 1: «Hasta ahora, yo lo había evitado gracias a que el servicio no estaba disponible en la Argentina. Se gana productividad, pero pierde sentido el concepto de vida privada. Incluso muchos de mis colegas que estaban felices con el aparatito, ya se están replanteando su uso»

Comentario 2: «En los Estados Unidos se las llama ‘crackberry’, porque su uso causa adicción, como si fuera una droga, ya que todo el tiempo están entrando los mensajes (no hay que bajarlos, sino que ingresan directamente), y ¿quién se puede resistir a leerlos?»

Comentario 3: «Los gerentes de mi compañía me habían pedido los nuevos celulares con capacidad para bajarse el correo electrónico. Se los dimos y ahora se arrepintieron, quieren un aparato más simple; sólo para hablar por teléfono»

Estos comentarios pertenecen a gente de sistemas de empresas que adoptaron el Blackberry, y demuestran que los costos en pérdida de tiempo, intromisión y dependencia son tan caros, o más, que los costos en dinero.

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El mundial y la escuela

Hay algo notable en la discusión por el próximo mundial de fútbol, si dejamos o no ver a los chicos los partidos en la escuela. Lo notable es que sigamos discutiendo el uso de las nuevas tecnologías en el aula, cuando no podemos meter ni a la fuerza una tecnología de tremenda antigüedad y de tan grande inserción social.

Entre la prohibición, que demuestra que aun los más ilustrados han aprendido poco del pasado reciente, y la excusa -inexcusable- de meter contenidos a la fuerza, hay un vacío enorme que ningún puente pedagógico ha podido salvar.

Leía el análisis que hace el periodista Orlando Barone sobre el conflicto, en un artículo titulado «El totalitarísmo del fútbol y las escuelas», y puede decirse que está claro cual es el eje de la cuestión. Dice, entre otras cosas:

«(…) Aquellas opuestas posiciones educativas no marcan sino distintas formas de enfrentar o de defenderse de la fuerza imparable de la marea futbolística. Y optar por uno u otro recurso no cambiará el objetivo estudiantil que –con o sin permiso institucional- tendrá como destino colectivo las vicisitudes de los partidos y de los resultados.

Poco importará a los alumnos tratar de entender la historia de Croacia, la etnia de un país africano, el arte milenario de un país asiático o la trama histórica y política de Alemania. No es necesario que el sistema educativo se autojustifique tratando de emprender una aventura vana. Ellos estarán pendientes de los goles, del triunfo o la derrota del seleccionado, y no de recibir clases alusivas bienintencionadas y poco realistas.

(…) En un caso -dejar que se mire el mundial por televisión en las aulas- se trata de una forma flexible y progresista; en el otro, se trata de mantener, sin concesiones, la tradición y la razón de ser de la enseñanza. (…) Lo que los educadores deben sopesar es que si la selección fuera eliminada prontamente, la triste carga sicológica de los alumnos no variará y será igual en cualquiera de ambas opciones. Tendrán que asumir el correspondiente duelo de una sociedad futbolera. Y no importa si vieron o no televisión en la escuela. Pero si Argentina ganara el campeonato del mundo ya no importarán ni la educación ni la escuela ni la Universidad, ni el parlamento ni el Gobierno ni nada: la Argentina estará cerrada una semana. Y el ministro Filmus y Jaim Echeverry también se habrán convertido en masa.

Brillante. Muy claro.

La discusión pasa por otro lado.

Ese vacío enorme del que hablábamos al principio tiene que ver con que la pedagogía de la excusa está impidiendo que alcancemos un acuerdo, una estrategia común, de la que la tecnología sea un aporte, un soporte para proyectos que interesen y formen a todos.

Hay cuestiones que la escuela no puede -y a veces no sé si quiere- manejar, porque la resistencia a las nuevas tecnologías fue históricamente casi un paradigma. ¿Cuanto tiempo tardó en aceptar el boligrafo? ¿Cuanto se está tardando en construir espacios que acomoden a todos, aun a los de diferentes capacidades? ¿Cuanto tiempo se va a tomar discutiendo sobre los celulares? ¿Cuando va a terminar de incorporar una tecnología como la de la televisión, próxima a cumplir 56 años?

Un proyecto que es un intento

Una esperanzadora aproximación -a nuestro humildísimo criterio- parece ser el proyecto de Mendoza, una de las seis provincias del país en las que el Mundial de Fútbol será incluido como un tema de análisis en la escuela, a modo de contenido transversal a los programas de todas las materias de tercer ciclo de EGB. Para ello, preveen utilizar el libro «La escuela, los medios y el Mundial de Fútbol Alemania 2006», auspiciado por la Embajada de Alemania en Argentina, y que contiene 70 actividades que fueron elaboradas por los coordinadores del programa Escuela y Medios de las distintas provincias.

Ariel Barrios, titular de ese programa de la Dirección General de Escuelas de Mendoza, destacó que “el objetivo es que los alumnos conozcan, relacionen e interpreten el rol de los medios -el énfasis es mio-. Eso permitirá vincular los contenidos curriculares de la escuela a la realidad cotidiana y a los eventos sociales, deportivos, artísticos, políticos, económicos que vive toda la sociedad.» Y agregó que cada establecimiento tendrá libertad para utilizarlo antes o después de un partido.

Al menos es un esfuerzo de darle un sentido desde lo institucional.

Pero el problema central no es el televisor o la tecnología en general. El problema es que llamamos a las cosas por otro nombre que el que tienen. Los progresistas no quieren parecer conservadores hablando de orden y disciplina; los conservadores no quieren -¡Dios nos libre!- parecer progresistas hablando de albedrío. En el medio, los chicos haciendo lo que quieren, porque el sistema no los contiene; porque los adultos, sus modelos, están discutiendo en los bordes del problema.

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Este es nuestro IBSN

Aquí está. Nos sumamos al proyecto y ‘pasamos la pelota’.

Para leer sobre el proyecto y registrar tu blog, entrá desde aquí a la página del IBSN. Tomo algunos párrafos de allí como para introducir el tema:

El IBSN (Internet Blog Serial Number / Número de Serie de Blogs de Internet) nace el 2 de febrero de 2006, como respuesta a la negativa de la administración española para otorgar un número de ISSN (International Standard Serial Number / Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas) a las bitácoras de Internet.

El IBSN consta de diez cifras, e identifica los blogs de Internet.

Actualmente hay 553 IBSN registrados.

Coincido con Mariano Amartino en que el proyecto es interesante si se logra estandarizarlo.

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