Buenas prácticas para mantenerlo interesante, no sólo en Power Point.
El aula, en cualquier momento y en cualquier lugar
Buenas prácticas para mantenerlo interesante, no sólo en Power Point.
Hoy es el día 256 del año, y como buenos nerds que somos usamos ese número tan significativo para celebrar el día del Programador.
Pero la coincidencia de este día con mi lectura de un artículo del sitio tecnológico Red Innova al respecto de la enseñanza de programación en las escuelas de Madrid, hace de esta una celebración a medias por la forma en que, creo yo, se está plateando la cuestión.
En la nota se muestra el orgullo de los madrileños por tener a partir de ahora la materia Programación en la escuela, que será dictada por profesores de Tecnología. El Estado promete capacitación, desde ya, pero eso sólo estaría mostrando que no todos los docentes del área están preparados para la tarea.
El perfil del docente de Tecnología en Argentina presentaría varias dificultades al momento de implementar algo similar a lo que se propone en España. Aquí, el docente del área suele no contar con la capacitación, el talento, la vocación y la experiencia del programador, por lo tanto el panorama se parecerá a la nada: sólo diagrama de flujo -al que por supuesto no le quito su mérito-, algún lenguaje de moda, y poco más.
Casi escribo aquí que esto es una «lamentable tendencia», pero no se trata de tendencia: es una moda. Y ya veremos seguramente desfilar a los profesores reconvertidos mostrando sus modelos cuasi-pedagógicos en el aula-pasarela.
Me disculpo si soy excesivamente crítico, pero ya lo he visto: docentes de actividades prácticas y áreas similares fueron reconvertidos en su momento, logrando que los contenidos específicos del área de Tecnología se perdieran en un cúmulo de procedimientos cuasi artísticos sin mayor relevancia para la materia. Ahora se espera que esos mismos docentes también enseñen a programar.
Y aún para aquellos docentes capacitados que sí enseñan contenidos específicos del área, enseñar programación con la escasa carga horaria que suele tener el espacio en la mayoría de las escuelas, es poco menos que imposible: el tiempo no alcanza. Y aunque alcanzara, no es el hecho. Quién vaya a enseñar a programar debe ser programador.
Aclaro que no estoy haciendo lobby: yo estoy muy feliz con mis clases de Tecnología, y también puedo enseñar sin problemas a programar. Pero no es eso lo que está en discusión. Se dice en el mencionado artículo que «el objetivo de esta incorporación en la currícula es que finalicen la Educación Secundaria sabiendo realizar una página web, una mobile app o un videojuego, además de manejar una impresora en 3D y tener conocimientos de robótica.» Faltó que digan, como en la canción infantil, «y que sepan abrir la puerta para ir a jugar». Aquí, imposible.
¿Y cuál es la falacia, según creo, de la que hablamos en el título de esta entrada? La última frase del artículo: «aprender a programar es el futuro de la educación.»
Creo que el futuro de la educación, por el contrario, es lograr una educación integral, igualitaria, solidaria, adecuada para los tiempos que corren, sin carencias, con aulas cómodas y con recursos suficientes -no sólo digitales-, con docentes capacitados y bien remunerados que puedan sentarse a planificar y estudiar, y sin una burocracia elucubrada por funcionarios tan permeables a las opiniones de un gurú digital.
Una moda muere cuando surge otra. La educación es otra cosa.
Fuente:
– Red Innova
– Imagen: Eldiario.es.
En realidad, no creo que todo el mundo deba necesariamente tratar de aprender a escribir código. Pienso que la programación es algo bastante especializado y nadie realmente espera que la mayoría tenga que hacerlo. Esto no es como saber leer y escribir y saber hacer operaciones matemáticas básicas.
Los cursos de computación en las escuelas son una gran idea. Dicho esto, creo que debe haber alguna manera de que la gente entre en contacto con ésta, de modo que descubra que lo disfruta y que tiene la aptitud, que conozca esta posibilidad. No porque todo el mundo quiera o necesite aprender, sino únicamente porque tiene una gran vocación.
Puede ser que haya mucha gente que nunca se dio cuenta de que le hubiera gustado ‘decirle’ a los ordenadores qué hacer. Así que, en ese sentido creo que los cursos de computación en las escuelas son una gran idea, pero no creo en el lema ese de ‘¡todo el mundo debe aprender a programar!’
Linus Torvalds, creador de Linux, citado por CHW.
Lo que hay que hacer con la educación es cambiarla de arriba a abajo: modificar el papel del profesor, cambiar los procesos educativos, matar de una vez a ese maldito libro de texto que enseña que todo el conocimiento está en un solo sitio, introducir la tecnología como una parte natural del aprendizaje y como un objetivo más de adaptación del alumno al entorno en el que va a vivir, y extender esos cambios a todas las asignaturas que no son tecnología. Un cambio radical que tiene que promoverse desde todos los estamentos, y que tiene que dejar al margen a todos los descreídos y escépticos que hoy ocupan puestos de responsabilidad en las estructuras de la educación.
Enrique Dans, en El cambio en la educación: mucho más que ordenadores
Se conoce como bug -«bicho»- a aquel error o falla en un sistema informático que desencadena un resultado indeseado. Justamente por esto, los programas que ayudan a la detección y eliminación de errores de programación de software, los denominados «depuradores» en español, conservan la referencia en inglés: debuggers.
El primer «bug» del que se tiene conocimiento ocurrió en 1947. Grace Murray Hopper trabajaba como programadora en el laboratorio de cálculo de la Universidad de Harvard y cuando trataba de averiguar la causa de un fallo descubrió que era debido a una polilla que se había colado por entre los contactos de unos de los relés del equipo. Hopper tomó nota del incidente en su cuaderno: «Primer caso real de bicho -bug, en inglés- que se ha hallado».

La hoja de anotaciones -con la polilla- está expuesta en el museo Naval Surface Warfare Center Computer de Dahlgren, en Virginia, EE.UU.
Entre las numerosas incidencias notables causadas por este tipo de error se incluyen la destrucción de la sonda espacial Mariner 11 en 1962 y del Ariane 5 en 1996, entre muchos otros.
Fuentes:
– Wikipedia
– Errores históricos