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Cultura - 87. página

Expresiones culturales diversas.

Una puerta al ‘Imperio digital’

Leandro Zanoni es un periodista nacido en 1976, fundador y actual director creativo de TercerClick, agencia especializada en nuevos medios. En un hecho inédito en nuestro mercado editorial publicó recientemente en la red, unos días antes que en soporte papel, su libro «El imperio digital», un ejercicio didáctico y ameno sobre el significado y los alcances de esta revolución llamada Web 2.0.

Leandro es autor además de eBlog, un referente dentro de los blogs periodísticos del mundo hispano. Escribe una columna de tecnología para la revista Newsweek y colabora en medios locales e internacionales con artículos de tendencias, nuevos medios e interés general. Autor de varios libros sobre el tema, en este trabajo se sumerge, por ejemplo, en el significado de la Web 2.0, los blogs, el periodismo participativo y el marketing viral. Analiza también el papel de los medios tradicionales frente al avance de la web, y cuenta con un lenguaje claro y coloquial algunas de las claves del éxito de las empresas que dominan hoy el mercado de los servicios virtuales.

El libro en formato .pdf, que cuenta con un prólogo de Alberto Arebalos, director de comunicaciones de Google en América Latina, se puede bajar desde el sitio web creado para tal fin. Allí además puede leerse la data completa del autor de este libro altamente recomendable para usuarios no expertos o especializados de estos servicios. Y si bien no aborda cuestiones pedagógicas, los formadores y docentes encontrarán en él algunas pistas para saber por donde pasan los intereses de nuestros chicos -y no tan chicos- en el mundo de hoy.

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WTF, una genialidad de Microsiervos

Que Microsiervos, junto con Engadget, se haya convertido en un blog indispensable para quienes queremos estar actualizados en cuanto a cada chiche nuevo que sale, tal vez no sea ninguna novedad.

Pero con WTF, este blog español ha encontrado un lado de la tecnología, aunque no exclusivamente habla de ella, que es sumamente gracioso y a veces hasta sorprendente. Justamente, el acrónimo WTF representa una expresión de asombro, tal como se explica en el Acerca de del blog:

WTF es el acrónimo de What the Fuck. Es una expresión coloquial del inglés usada también en Internet para mostrar estupefacción, confusión o asombro, con cierta carga emocional. Por su versatilidad a veces se denomina, apropiadamente, la partícula interrogativa universal. (…) WTF puede usarse con signos de exclamación para significar sorpresa (WTF!) o incluso asombro (WTF!!); con interrogación parece preguntar el por qué de algo (WTF?) o permite transmitir confusión (WTF???)

En síntesis, los Microsiervos publican allí «noticias-que-no-son-noticias, imágenes asombrosas, insólitas o sorprendentes, titulares absurdos, fotos sin sentido, pero sobre todo, cosas divertidas», muchas de ellas enviadas por atentos seguidores de estas cuestiones de la metida de gamba ajena.

A modo de ejemplo, pedimos prestadas dos que son realmente insólitas:

Curiosa forma de traducir «Hard Disk Drive Boot Priority»

Las matemáticas fallan en las páginas de El País.

Hay mucho más, y muy divertido. En algún punto se tocan con el Proyecto Cartele, pero sin perder originalidad.

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Chau, Lambetain!

Una trayectoria notable que estuvo mucho más allá del personaje que lo hizo conocido, esa especie de «loco malo» que sin dudas pintó toda una época, el Profesor Lambetain.

El actor Esteban Mellino murió anoche a los 63 años en un sanatorio privado de esta ciudad, informaron hoy fuentes familiares y médicas. El deceso se produjo alrededor de las 21.30 como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio en el Instituto Médico de Alta Complejidad (IMAC), informó uno de sus familiares y confirmó una fuente de esa institución. El actor estaba internado desde hace tres días y había sido operado por una afección cardíaca.

Mellino fue fundamentalmente un actor de teatro, también prolífico autor y director, pero el trabajo que lo hizo famoso fue su personaje televisivo del Licenciado o Profesor Diógenes Lambetain, que apareció en la década del 80 en el popular ciclo Badía y Cía, con Juan Alberto Badía. Con esa caracterización escribió y actuó en La Barra de Lambetain y Qué merengue Lambetain, y participó en decenas de ciclos de radio y televisión. Clarin.com

Actor, compositor; hombre de las letras y el cine; solidario por vocación.

¿Por qué me impresionó tanto su muerte? Esteban Mellino es seguramente un buen ejemplo de que el talento se muestra sin soberbia, laburando. Y se fue muy pronto, tal vez.

¡Chau, Lambetain!

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Peter Gabriel lanzó un sitio de descarga de música

El gran maese reafirma una vez más su condición de punta de lanza en materia de avances en la difícil relación entre arte, tecnología y negocios. Ahora lanza el B&W Music Club, un servicio de descargas de Real World Studios juntamente con la empresa británica Bowers & Wilkins, en el que ofrece a sus miembros álbumes grabados en los estudios Real World de Gabriel, ubicados en el sudoeste de Inglaterra. Los trabajos se pueden descargar en formato con calidad de CD.

Así aparece la noticia en el Infocenter de Dattatec.com:

Los que se suscriben pagan menos de U$S 67 por año (unos U$S 5.60 cada álbum), o U$S 47 por seis meses de suscripción. Los suscriptores pueden bajar un álbum por mes. Las grabaciones son sesiones en vivo exclusivas y libres de DRM (se pueden escuchar en cualquier reproductor MP3). Dos meses después que la música es ofrecida a los miembros de Music Club, B&W le devuelve los derechos de autor a los artistas. Hoy, se puede encontrar el álbum “Little Axe” de Skip McDonald en el sitio de B&W. B&W también está ofreciendo membresías de prueba gratuitas. Pueden ingresar al sitio desde aquí para más detalles.

Gabriel comentó, “Esta sociedad con B&W es única hasta donde sé. Va a permitir que se concreten un montón de proyectos interesantes. Para los artistas, Music Club es una propuesta soñada porque pueden pasar un muy buen rato en el estudio, acceder a herramientas de grabación de primera calidad, y experimentar sin estar obligados por contrato a cumplir con algo o alguien por más de un mes.”

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Escritora se pregunta: ‘¿A la escuela le importa la escritura de sus docentes?’

Quién se pregunta esto es la escritora y docente Angela Pradelli, premio Clarín de novela, en una columna de opinión publicada ayer por ese diario. Pradelli afirma allí que «existe escasa estimulación, cuando no desdén o boicot, para que maestros y profesores desarrollen textos con riqueza y claridad en beneficio propio y de sus alumnos».

El punto de partida de esas reflexiones según ella misma lo explica, es la entrega de premios del concurso literario organizado por la Dirección General de Escuelas y dirigido a los docentes escritores de la provincia de Buenos Aires, que hace unos días se llevó a cabo en la Feria del Libro. Y afirma: «que las autoridades bonaerenses promuevan la escritura de sus maestros y profesores y que los premien por eso es un signo social que reconforta y que las escuelas deberían apoyar con gestos claros y concretos.»

Que importante es que alguien con oficio de escritor lance semejante desafío, porque ese es otro tema que necesita ser revisado. Y si bien la escritora se refiere primariamente a textos literarios, inmediatamente me hizo pensar en el enorme esfuerzo que significa para la mayoría de los docentes escribir, ya no literatura sino simplemente los textos con los que se va a trabajar en clase, porque el sistema remunera solamente las horas frente al aula y muchos deben sumar horas para poder subsistir. Mientras tanto, editoriales en un extremo y fotocopiadoras, en el otro, de parabienes.

Pero no quiero desviar la atención del punto focal que aborda la escritora, quién cuenta su experiencia y dice:

Ni la publicación de los libros ni el ingreso al mundo editorial me empujaron a dejar la cátedra. Por eso duele escuchar la pregunta de por qué sigue una escritora enseñando en las escuelas secundarias. La inquietud revela una construcción social: la noción de que la escritura y la docencia son dos prácticas que no conviven. Y la idea también de que la escuela es un lugar del que hay que irse lo antes posible. Son pocos los que entienden que la escritura, como una savia que corre por vasos comunicantes, alimenta también la cátedra. La escritura es un instrumento con el que construimos pensamiento y es también el vehículo para que las ideas se liberen de prejuicios, se aclaren, se enriquezcan, se ahonden.

Es la escuela la primera responsable de enseñar a escribir y garantizar en las aulas las prácticas de la escritura. Imaginemos un país en el que maestros y profesores sean verdaderos productores de textos, escribas eficaces que tomen la palabra y construyan textos de circulación social. En la realidad diaria, no sólo estamos lejos de alcanzar ese estado sino que, aun peor, en algunas escuelas las autoridades se envalentonan en su propia mediocridad y menoscaban la práctica de la escritura.

Convengamos también que tampoco abundan estos concursos y que es una rareza que los organismos oficiales los convoquen. ¿No es en la escuela acaso donde deberíamos entrenarnos todos, alumnos, maestros y profesores, como escribas eficaces de textos que argumenten con solidez, que describan con precisión, que expliquen con claridad y que narren historias con soltura y pericia? ¿No debería la escuela ser ella misma una usina verdadera e inagotable de textos?

Sin embargo, y decir esto también es un dolor, algunas instituciones se empeñan en negar tanto la importancia de la escritura como la necesidad básica de convertir las escuelas en verdaderas canteras de escritores. Conozco de cerca la situación de los docentes cuestionados en sus escuelas por intervenir con sus escrituras en los espacios sociales. Son instituciones incapaces del diálogo propio de sociedades democráticas y, necias a aceptar ideas distintas a las suyas, pretenden ejercer la censura de otras voces. Entre sus funciones más importantes los directivos deberían priorizar la promoción de la escritura en sus comunidades educativas y la preocupación por alcanzar un nivel de excelencia en la escritura institucional.

Pero estamos tan lejos de eso. A cambio tengo una colección cada vez más completa de textos redactados por directivos que avergüenzan por su prosa, tan defectuosa y desarticulada que hasta los mismos alumnos, estudiantes del secundario, detectan los errores. Son escrituras que ponen en relieve el grado de ignorancia respecto al lenguaje de quienes deberían ser los primeros en asesorarnos en el uso de la palabra.

Finalmente, Angela Pradelli se permite un anhelo:

Trabajemos para que en la docencia se escriba cada vez más y mejor, y que las obras desborden los certámenes. Para ello, los organizadores tendrán que superar los obstáculos que ponen aquellos que dentro de las escuelas se empeñan a diario en hacer abortar las propuestas superadoras y liquidan su responsabilidad de difusores y motivadores colgando la información en una cartelera, seguros tal vez de que la delgadez del alfiler sostendrá por poco tiempo esa convocatoria que pronto hará aumentar la pila de papeles que se archivan.

La columna completa se puede leer haciendo clic aquí.

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