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Cultura - 5. página

Expresiones culturales diversas.

Una reflexión sobre las nuevas tecnologías y otra cultura posible

Hay encuentros (o reencuentros, este es el caso), que nos marcan. Con Daniel Krichman, un pionero en la implementación de las TIC en sus experiencias educativas, me une no solo una amistad de muchos años sino charlas, eventos, proyectos, virtualidades y presencialidades varias, y de todas ellas he salido diferente. Me explico: me resulta imposible no quedar tocado por alguna idea, algún tema, alguna reflexión compartida con él, sea en una conferencia o tomando un café en un bar, como esta mañana.

La ocasión: me entregó un ejemplar de su libro «Escenas de otra vida cotidiana. Tecnologías de Información y Comunicación, transmisión, aprendizaje y cultura de uso».  Como refiere la Dra. en Historia Marianela Scocco en la contratapa, el libro «es crítico, incisivo, pero profundamente humano y consciente (de conciencia social) porque, entre otras cosas, no olvida que el pensamiento necesita validarse colectivamente, ni la condición de trabajadores de las y los docentes que debemos llevar a cabo esos cambios.»

Le agradecí la deferencia de reproducir en el libro un texto que me pidiera originalmente para su espacio en la web Red Aprender & Cambiar, un detalle para nada menor porque pone en evidencia una vez más su concepción de las cosas. Claro, pocos como Daniel para hacernos comprender que nadie se salva solo, que la labor cotidiana necesita y merece espacios de resistencia, espacios que necesitamos construir, sostener y defender entre muchos. 

Más detalles sobre la publicación, haciendo clic aquí.

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Memoria de la pandemia: solucionismo e imposición en cuarentena

[Comparto aquí mi intervención en el Foro de ADICRA 2023 en Rosario]

Alguien alguna vez dijo que el estado natural del usuario de informática es la frustración, y un poco en broma y un poco en serio, esto hace que haya tanto mouse y teclado roto… Más allá del chiste, está la cuestión de que se nos sometió y somete a una manera de trabajar que tiene tantas limitaciones y tiene tantas frustraciones.

Por un lado, el solucionismo, como lo llama Evgeny Morozov, esto es, pensar que todo se soluciona a partir de un sistema informático, de que la solución a todas las cosas mágicamente sucede porque hay un algoritmo trabajando. Es una fantasía, porque en realidad técnicamente puede funcionar, pero hay toda una cuestión social detrás de eso que, si no se contempla, termina frustrando a todo el mundo.

Y por otro, lo que yo llamo «imposicionismo». El investigador Fernando Trujillo decía por aquellos días en Twitter, “¿no hubiera sido hermoso que, en lugar de lanzarnos a una docencia online inmediata, improvisada, nos hubieran dado las instrucciones para trabajar?”

Eso es la imposición. Yo tenía a mi madre en Buenos Aires y la última vez que estuve con ella, en enero del 2020, había recibido recientemente la tarjeta del banco con su jubilación, pero iba todos los meses a cobrarla al banco, y fue un descubrimiento cuando la llevé al cajero y le mostré como usarla y como comprar y pagar con ella. Todo un mundo que para ella no existía. De hecho, la tarjeta estaba vencida, hubo que pedirla de nuevo. Y era una ventaja, un servicio, era una ayuda que tenía desde hacía varios años. Entonces, no funciona imponer la tecnología, como no funciona tampoco pensar que es la solución a todos los males.

Dicho esto, ¿qué pasaba con esta cuarentena? Nos caían encima toneladas de consultas de gente que se encontraba en la obligación de hacerlo, y en el 99% de los casos con la pasión detrás de querer hacerlo, pero con la limitación del solucionismo y la imposición, que hacen que sea más un estado de frustración que de satisfacción por la solución tecnológica.

Sabemos que la tecnología tiene sentido cuando brinda una solución. Cuando trae un problema, ya es otra cosa. Como escribiera David Dickson en el clásico Tecnología Alternativa, «los problemas sociales asociados a la tecnología no provienen de la propia naturaleza de la tecnología sino de cómo se usa». Por eso no se produce un cambio genuino.

Hacemos lo mismo pero le cambiamos el soporte, y no sé si es esa una transformación real. Es decir, filmarnos en un pizarrón y subirlo a YouTube o mandar como tarea leer un libro digital en lugar de leerlo en papel, está bien, no estoy criticando. Lo que estoy diciendo es que cambiar el soporte únicamente no sirve. Tiene que haber una transformación real, un valor añadido que le pueda dar a esto que estoy utilizando.

Es decir, en lugar de buscar un mapa usar Google Earth y viajar por el mundo, o usar un sitio de un museo en 360 grados por ejemplo, ese tipo de cosas le dan el valor agregado que no tenemos en otros soportes. Pero para eso se necesita estar informado, estar enterado, estar capacitado, saber que existen esas cosas, porque si no nos quedamos en esto de reemplazar el soporte, que no deja de ser válido porque tiene su comodidad, tiene sus ventajas, pero no es la transformación profunda que estamos proponiendo.

En plena implementación del programa Conectar Igualdad participé de un encuentro en el que expuso alguien de la UNR, que actuaba como entidad veedora para nuestra región, y mostraba orgulloso como, en una escuela en una isla frente a la central de Itaipú los chicos usaban netbooks en vez de libros. Yo le pregunté, “Bárbaro, ¿Y? ¿Cuál es el cambio?”  Pero claro, el riesgo de esto es el de ser tildado de ludita…

Leer a Michel Serres y su Pulgarcita me produjo una pequeña revolución, porque lo que plantea ahí es que en realidad el problema está en que los que quieren reformar parten de modelos que ya son perimidos. No hay una revolución en esto. Entonces estamos tratando de modificar la situación basándonos en modelos que ya no tienen más vigencia.

Un ejemplo muy gráfico: se prohíbe el celular en la escuela. Entonces, en lugar de incorporar la herramienta, se prohíbe, ¿Por qué? Porque los que plantean esas cosas lo hacen en base a modelos que ya hace tiempo son perimidos, que ya no tienen más vigencia. Entonces nos chocamos con esto: si queremos modificar y estamos escasos de ideas es porque en realidad no tenemos de dónde abrevar para tomar esas ideas.

Y, por otro lado, cuando hay una bajada de línea es por imposición. Y qué decir del hecho de que mientras la provincia de Santa Fe prohibía por ley en 2006 el uso de celulares en el aula, el municipio rosarino hacia sus “Campamentos digitales” en 2009 incluyendo magníficas experiencias justamente, con celulares. Nuevamente releyendo a Dickson: no hay tecnología sin intencionalidad. Seguramente política, en este caso.

Nuestros chicos ya incorporaron esta tecnología hace muchos años, entonces, no estamos lidiando con la dificultad de los chicos sino con la dificultad del adulto de generar nuevos modelos que produzcan un cambio realmente revolucionario en la educación. La llegada del ChatGPT y las tecnologías de inteligencia artificial al aula es otro caso: interpela, no tanto a los chicos sino a nosotros y nuestras prácticas.

Tiempo atrás, estaban arreglando una escuela en Oklahoma, Estados Unidos, y al derribar una pared apareció un pizarrón que tenía más de 100 años, de 1917. Se veían ahí los mismos dibujos, los mismos textos y las notas musicales escritas en el pizarrón, tal como se ven hoy en tantas escuelas.

El pizarrón de 1917

Entonces digo, desde el más profundo respeto, esto: si pensamos en un auto o en una computadora, o en un avión, en 100 años ha habido una revolución impresionante. En la escuela todavía seguimos con el pizarrón y la tiza. Entonces, los que tienen que bajar línea lo están haciendo desde un modelo que ya no existe más, en un mundo que no existe más, con unos pibes que no existen más. Ese es el conflicto que se presenta.

No culpo al docente, una de las vocaciones más nobles que hay. Pero ejerce en un sistema que parece estar complotado para frenar. Es un carro con ruedas cuadradas, todo es burocracia, todo es papeles. Y la gente creativa realmente queda un poco relegada a todo esto. Hay que llenar un libro antes que sentarse a estudiar o sentarse a crear, a diseñar.

En muchos casos todavía hay que presentar el cuaderno firmado y corregido, y no es que sea malo, de hecho ha permanecido por más de 100 años. No es que sea malo, es que el mundo es otro. Entonces, hay otra realidad por la cual moverse y con la cual encontrar soluciones para esto. ¿Cuántos de ustedes trabajaron durante la pandemia creando libretas e informes digitales para que los docentes llenen y envíen a las familias? Yo fui uno de esos. Apenas terminada la pandemia se volvió a las libretas de cartón. Y qué decir de los videos, charlas, explicaciones, etcétera, que fueron nuestro pan de cada día…

Y hay una cuestión que tiene que ver con apurarse para prohibir también, es más fácil prohibir que investigar, que buscar, que ser creativo.

Supuse que justamente, esta situación de pandemia y de exigencia nos pondría a pensar, y que lo primero que sucedería sería capacitar a los docentes, no por si pasa de vuelta una pandemia, sino porque hemos aprendido que hay otro mundo que todavía no habíamos explorado y que tiene que ver con el uso de las nuevas tecnologías para la educación para realmente producir una revolución digital. Pero no.

Sin embargo, solo era cuestión de escuchar:

En lo personal, quise pensar que más allá de o por encima de lo que pudiéramos aprender de esto tuviéramos memoria de lo que aprendimos, que no nos olvidemos de que hemos aprendido mucho en esta instancia y que vamos a sacarle provecho; que no volvamos otra vez a lo mismo, sino que volvamos dándonos cuenta de qué falta y qué falló para poder seguir evolucionando y creciendo.

En definitiva, para trabajar mejor, para trabajar más cómodos, más contentos y sobre todo para darle a nuestros chicos un producto que les sea legítimo, que no sean parte de un sistema, sino que realmente sean ciudadanos del siglo XXI con todas las competencias que necesitan. Que el cambio sea cultural y no solamente de soporte tecnológico.

Muchas gracias.

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ChatGPT, explicado

Me pareció muy adecuada la explicación en el siguiente video que, aunque algo técnica, nos acerca un poco más a comprender la lógica detrás de su funcionamiento.

Es nuestro aporte a abandonar la idea de «magia», aquella que Arthur C. Clarke definió tan maravillosamente, cuando hablamos de tecnología avanzada.

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Sobre la tecnología, lo que se puede y lo que se debe

«A J.F. Kennedy le preguntaron una vez de dónde venía esa obsesión por ir a la luna. En el fondo la pregunta tenía mucho sentido: ¿Qué problema humano, social o civilizatorio se pretendía resolver afrontando tal colosal epopeya? La respuesta del famoso presidente nos ha definido desde entonces: “Si alguien pregunta por qué queremos ir a la luna, la respuesta es sencilla: porque podemos. No hace falta ninguna otra respuesta”. Puestas así las cosas, a mí se me ocurren muchas formas de resolver por la vía directa algunos de nuestros problemas. No se quejen cuando surjan seres humanos que quieran jugar a ser dioses con sus semejantes.

El reverso del lado bueno del progreso técnico ha sido siempre una constante a lo largo de la Historia de la humanidad. No ha sido casualidad que buena parte de los avances tecnológicos hayan sido utilizados por primera vez en el campo militar: desde la pólvora, hasta la energía nuclear; desde la aviación, hasta las herramientas más sofisticadas. Digamos que siempre que el ser humano tiene que debatirse entre usar el palo que ha inventado bien para arar o bien para destrozar el cráneo a sus semejantes, suele optar por hacer ambas cosas, empezando por la segunda.

Por eso deberíamos ser más comedidos y prudentes ante estas nuevas promesas, y razonar en torno a sus implicaciones éticas, preguntarnos por los posibles elementos conflictivos. No porque tengamos una conciencia ludita, por así decirlo, sino porque ya conocemos de qué han sido capaces en otros tiempos nuestros congéneres. No seguir al dictado el axioma de Kennedy. A veces hacer algo, simplemente porque se puede hacer, suele tener consecuencias devastadoras.»

Agustín Baeza, director de Asuntos Públicos de la Asociación Española de Startups, en el artículo titulado «ChatGPT, el último jinete del apocalipsis», sobre la aparición del mencionado chatbot de inteligencia artificial.

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El origen del número cero

En antiguas civilizaciones como las del Antiguo Egipto, Babilonia, la Antigua Grecia y la civilización maya se han encontrado documentos matemáticos o astronómicos en los que aparecen símbolos indicativos del valor cero. Pero, ¿conocemos la historia de cuál es y cómo se llegó al verdadero beneficio de este descubrimiento, cosa que no supieron obtener aquellas civilizaciones?

En el siguiente video vamos a indagar un poco en estas cuestiones. Se trata del abordaje del tema en una emisión de «Todo tiene un porqué», un programa educativo, científico y cultural que se emitió por la TV Pública de Argentina, cuyo objetivo era el de «educar y entretener motivando permanentemente la curiosidad y el deseo de saber». Con el fin de darle además rigurosidad a los temas abordados, convocaban a especialistas y profesionales idóneos en cada área del tópico tratado. En este caso, el tema convocante es el origen del número cero.

Compartimos aquí la emisión dedicada al tema, con la participación de destacados especialistas en Matemáticas y Física.

Imagen: Guilhem Vellut from Annecy, France – 0 @ Quai de chargement de la Jonction @ Route des Péniches @ Genève, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=104812369

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