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Cultura - 36. página

Expresiones culturales diversas.

A propósito de las distopías

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La foto del Sr. Zuckerberg con la audiencia utilizando los anteojos de realidad virtual fue tomada en el reciente Congreso Mundial de Móviles de Barcelona, y se volvió viral a partir de las inquietudes que genera. Nos dimos permiso de jugar con esa idea distópica que de diversas maneras nos remite a The Matrix, la película de 1999 de los hermanos Wachowski.

[Fuente: Diario La Voz]

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Google sabe todo sobre nosotros

En cuanto a Google, cuyo número de usuarios sobrepasa los mil millones, dispone de un impresionante número de sensores para espiar el comportamiento de cada usuario: el motor Google Search, por ejemplo, permite saber dónde se encuentra el internauta, lo que busca y en qué momento. El navegador Google Chrome, megachivato, envía directamente a Alphabet (empresa matriz de Google) todo lo que hace el usuario en materia de navegación. Google Analytics elabora estadísticas muy precisas de las consultas de los internautas en la red. Google Plus recoge información complementaria y la mezcla. Gmail analiza la correspondencia intercambiada, lo cual revela mucho sobre el emisor y sus contactos. El servicio DNS (Domain Name System, o Sistema de Nombres de Dominio), de Google, analiza los sitios visitados. YouTube, el servicio de videos más consultado del mundo, que pertenece también a Google y, por tanto, a Alphabet, registra todo lo que hacemos en él. Google Maps identifica el lugar en que nos encontramos, adónde vamos, cuándo y por qué itinerario… AdWords sabe lo que queremos vender o promocionar. Y desde el momento en que encendemos un smartphone con Android, Google sabe inmediatamente dónde estamos y qué estamos haciendo. Nadie nos obliga a recurrir a Google, pero cuando lo hacemos la empresa sabe todo de nosotros. Y, según Julian Assange, inmediatamente informa de ello a las autoridades estadunidenses.
[Ignacio Ramonet, periodista español]

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La lámpara que se burla de la obsolescencia programada

La obsolescencia programada u obsolescencia planificada es «la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto, de modo que, tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño de dicho producto, este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible», según define Wikipedia.

Pues bien, parece que una lámpara de la estación de bomberos de Livermore, en California, EE.UU. no se ha enterado de este asunto de la obsolescencia: lleva a la fecha 114 años y más de 1.000.000 de horas funcionando, con algún que otro corte circunstancial, como cuando fue mudada de estación en 1974.

El video a continuación, de la BBC, lo explica mejor:

Tal es el revuelo que ha causado su longevidad que se ha convertido en una celebridad: ha establecido un record Ginness -como era de suponer-, recibe visitas guiadas y hasta tiene su propio sitio web.

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En el sitio no sólo se puede conocer la historia de la celebridad, leer algunos estudios técnicos que hurgan en las hipótesis tejidas alrededor de las causas de su duración, participar de la celebración de sus aniversarios o adquirir una réplica de ella. Como se observa en la imagen, también se la puede ver en vivo y en directo: una cámara registra la actividad incandescente de la célebre lámpara, para transmitirla en una pantalla que se renueva cada 30 segundos en el mismo sitio web.

Así qué, si está aburrido querido lector, aquí tiene un ejercicio para entretenerse: mirar la bombilla. Después de todo, han transcurrido ya 114 años. Es probable que usted mismo sea testigo -Dios nos libre- del tan temido apagón.

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Una foto que habla de nuestros prejuicios

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Esta foto aparece cada tanto en las redes sociales desde hace algún tiempo, para intentar demostrar el daño que están produciendo las nuevas tecnologías en la juventud. Claro, quien publica asume -esto es lo usual- que los chicos y chicas están distraídos y absortos con sus dispositivos digitales mientras a sus espaldas sucede Rembrandt. Que «no hay futuro», que «la juventud está perdida», que «la tecnología nos convierte en bestias», etcétera, es el pretendidamente lúcido análisis que muchos observadores hacen.

Sin profundizar en el asunto, suelo responder a esta publicación -hecha siempre por adultos, cabe aclarar- que si ese fuera el caso, la falla más evidente que salta a la vista es la ausencia del adulto. Es en esas instancias en las que debería entrar en juego la función del adulto ayudando, mostrando, apoyando, interesando, a fin de convertir esa experiencia en una provechosa.

Recuerdo que en nuestros tiempos escolares íbamos a esas excursiones y visitas, y actuábamos de modo muy similar al que se supone muestra la foto, aunque no tuviéramos celulares hace 40 años atrás. Pero siempre había un profesor, una maestra que acompañaba y con mucha paciencia nos iba mostrando cómo era la cuestión, hasta que crecimos y solitos nos dimos cuenta de qué iba la cosa. Porque éramos adolescentes y ellos, los púberes de ayer y de hoy, actúan así, y esa clase de ayuda de nuestra parte es imprescindible.

Sin embargo, la verdad parece ser más profunda y si se quiere, más aleccionadora aun. Encontramos en Redes Abiertas una explicación sobre el momento y las circunstancias en las que se tomó la foto, y lo que se observa es francamente revelador -revelador de los prejuicios de algunos, claro.

Sintetizando, el artículo muestra que lo que estamos viendo es justamente lo contrario de lo que ligeramente creemos ver: estos niños estaban siendo educados mediante el uso de una aplicación.

En lugar de usar cuadernos y apuntes -como hacíamos nosotros-, hoy se usan las nuevas tecnologías para realizar ejercicios con los que comprender mejor las obras o adquirir un lenguaje artístico.

El museo en custión que visitaban estos chicos, el Rijksmuseum, es uno de los museos pioneros en implementar las nuevas tecnologías como herramientas didácticas y pedagógicas, adaptadas a diversos públicos.

La experiencia se puede leer completa haciendo clic aquí.

Por eso, el título: la foto, más que mostrar lo «perdida» que está la juventud, debería hacernos pensar y reflexionar acerca de cuan distraída y livianamente observamos las cosas, mientras dejamos correr libres nuestros prejuicios.

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