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Todas las entradas de: Enrique Quagliano - 383. página

El mundial y la escuela

Hay algo notable en la discusión por el próximo mundial de fútbol, si dejamos o no ver a los chicos los partidos en la escuela. Lo notable es que sigamos discutiendo el uso de las nuevas tecnologías en el aula, cuando no podemos meter ni a la fuerza una tecnología de tremenda antigüedad y de tan grande inserción social.

Entre la prohibición, que demuestra que aun los más ilustrados han aprendido poco del pasado reciente, y la excusa -inexcusable- de meter contenidos a la fuerza, hay un vacío enorme que ningún puente pedagógico ha podido salvar.

Leía el análisis que hace el periodista Orlando Barone sobre el conflicto, en un artículo titulado «El totalitarísmo del fútbol y las escuelas», y puede decirse que está claro cual es el eje de la cuestión. Dice, entre otras cosas:

«(…) Aquellas opuestas posiciones educativas no marcan sino distintas formas de enfrentar o de defenderse de la fuerza imparable de la marea futbolística. Y optar por uno u otro recurso no cambiará el objetivo estudiantil que –con o sin permiso institucional- tendrá como destino colectivo las vicisitudes de los partidos y de los resultados.

Poco importará a los alumnos tratar de entender la historia de Croacia, la etnia de un país africano, el arte milenario de un país asiático o la trama histórica y política de Alemania. No es necesario que el sistema educativo se autojustifique tratando de emprender una aventura vana. Ellos estarán pendientes de los goles, del triunfo o la derrota del seleccionado, y no de recibir clases alusivas bienintencionadas y poco realistas.

(…) En un caso -dejar que se mire el mundial por televisión en las aulas- se trata de una forma flexible y progresista; en el otro, se trata de mantener, sin concesiones, la tradición y la razón de ser de la enseñanza. (…) Lo que los educadores deben sopesar es que si la selección fuera eliminada prontamente, la triste carga sicológica de los alumnos no variará y será igual en cualquiera de ambas opciones. Tendrán que asumir el correspondiente duelo de una sociedad futbolera. Y no importa si vieron o no televisión en la escuela. Pero si Argentina ganara el campeonato del mundo ya no importarán ni la educación ni la escuela ni la Universidad, ni el parlamento ni el Gobierno ni nada: la Argentina estará cerrada una semana. Y el ministro Filmus y Jaim Echeverry también se habrán convertido en masa.

Brillante. Muy claro.

La discusión pasa por otro lado.

Ese vacío enorme del que hablábamos al principio tiene que ver con que la pedagogía de la excusa está impidiendo que alcancemos un acuerdo, una estrategia común, de la que la tecnología sea un aporte, un soporte para proyectos que interesen y formen a todos.

Hay cuestiones que la escuela no puede -y a veces no sé si quiere- manejar, porque la resistencia a las nuevas tecnologías fue históricamente casi un paradigma. ¿Cuanto tiempo tardó en aceptar el boligrafo? ¿Cuanto se está tardando en construir espacios que acomoden a todos, aun a los de diferentes capacidades? ¿Cuanto tiempo se va a tomar discutiendo sobre los celulares? ¿Cuando va a terminar de incorporar una tecnología como la de la televisión, próxima a cumplir 56 años?

Un proyecto que es un intento

Una esperanzadora aproximación -a nuestro humildísimo criterio- parece ser el proyecto de Mendoza, una de las seis provincias del país en las que el Mundial de Fútbol será incluido como un tema de análisis en la escuela, a modo de contenido transversal a los programas de todas las materias de tercer ciclo de EGB. Para ello, preveen utilizar el libro «La escuela, los medios y el Mundial de Fútbol Alemania 2006», auspiciado por la Embajada de Alemania en Argentina, y que contiene 70 actividades que fueron elaboradas por los coordinadores del programa Escuela y Medios de las distintas provincias.

Ariel Barrios, titular de ese programa de la Dirección General de Escuelas de Mendoza, destacó que “el objetivo es que los alumnos conozcan, relacionen e interpreten el rol de los medios -el énfasis es mio-. Eso permitirá vincular los contenidos curriculares de la escuela a la realidad cotidiana y a los eventos sociales, deportivos, artísticos, políticos, económicos que vive toda la sociedad.» Y agregó que cada establecimiento tendrá libertad para utilizarlo antes o después de un partido.

Al menos es un esfuerzo de darle un sentido desde lo institucional.

Pero el problema central no es el televisor o la tecnología en general. El problema es que llamamos a las cosas por otro nombre que el que tienen. Los progresistas no quieren parecer conservadores hablando de orden y disciplina; los conservadores no quieren -¡Dios nos libre!- parecer progresistas hablando de albedrío. En el medio, los chicos haciendo lo que quieren, porque el sistema no los contiene; porque los adultos, sus modelos, están discutiendo en los bordes del problema.

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Caloi

Que Caloi es un gran dibujante y humorista -y un importante difusor del arte en que se destaca- no es una novedad. Pero suele asombrarnos, aun a quienes somos sus fanas, con cosas como las que publicó hoy en la revista Viva:

La imágen es de una mujer anunciando a los allegados de su esposo agonizante: «Dice que no quiere conversar con un cura ni con un filósofo en sus últimos instantes. Prefiere que le traiga a un poeta».

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¿Por qué será que no le gusta a Gates?

Bill Gates se expresó en forma negativa acerca del proyecto OLPC y las notebooks de u$s 100.- del MIT. Algunos diarios llegaron a referirse a dichos comentarios como «burlones».

Sin entrar en juicios de valores acerca de la campaña o las cualidades del producto que promueve, he aquí dos de las razones por las que intuyo el porqué de los comentarios de Mr. Gates:

Sensación mía 1: El fundador de Google, Larry Page, anunció este año que su compañía respaldaba el proyecto del MIT. ¿Será que no pueden apoyar los dos las mismas campañas por una cuestión de competencia? En todo caso, bravo por Larry.

Sensación mía 2: Dijo Negroponte: «El software (Windows) ocupa demasiado y no es fiable, así que comenzamos con Linux». ¿Será que Gates se enteró por este comentario que hay gente que prefiere Linux a Windows? Si es así, no se desquite con Negroponte, Sr. Gates. Hay bastante más gente con la misma opinión.

«Por interés baila el mono», decía la abuela… ¿Y la cuestión solidaria del proyecto?

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XP en Mac… ¿un mal chiste?

No me imagino por qué otra razón, además de los 13.000 dólares, se podría desear hacer correr XP en una Mac. Si, si, ya sé que el desafío era… bla, bla. Pero ¿por qué alguien querría sacrificar una Mac torturándola bajo XP? ¿por el WM 10? ¿por el Messenger? El buscaminas… ¿todavía está? ¿por (…y Dios nos libre) Word o Power Point?

Y cuidado si van a probarlo: en Engadget se comenta una advertencia muy jugosa bajo el título «¿XP derretirá tu Mac?»:

«Ahora que se conoció la solución de narf y blanka para arrancar XP sobre IntelMacs y la gente la usará para hacer correr XP sobre sus Macs, aparecieron algunos bugs. Esto no es sorprendente, ya que esperamos ver parches próximamente (aunque no esperamos que Colin comience a entregar el dinero en efectivo para cada corrección de errores).

Uno de los bugs que, se rumorea, tiene esta solución, debería darte la pausa necesaria antes de decidir usarlo como algo más que una prueba: según se dice en un post en MacRumors, la instalación de XP actual no incluye un driver de ventilador, lo cual significa que el ventilador de tu Mac no va a funcionar. Esto no será un gran problema si usas tu iMac durante períodos limitados en un espacio bien ventilado, pero si piensas hacer correr XP sobre un MacBookPro, vas a encontrar que las cosas se ponen bien calientes. No estamos desmereciendo a narf y a blanka aquí; ellos ganaron la competencia y merecen sus 13,000 dólares. Pero tal vez quieras ser un poco cuidadoso antes de probar la solución en casa.»

Si Windows no funciona bien en una PC, ¿por qué debería funcionar en una Mac?

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