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Todas las entradas de: Enrique Quagliano - 367. página

¿A veces no querrías hacer lo mismo?

Informa Engadget Spanish:

«Un alemán frustrado lanza su ordenador por la ventana. Créenos que ha habido días en los que nos hemos sentido tan frustrados con los fallos del PC, que no nos han faltado ganas para hacer lo que hizo este valiente. Así este disgustado alemán de 51 años, harto de los cuelgues de su pc, lanzó literalmente el equipo por la ventana en mitad de la noche, lo que en buena lógica, llamó la atención de los vecinos y también, de la policía. Lo curioso de la noticia es que al parecer, la policía se identificó con la frustración del lanzador y todo quedó en una leve amonestación, y por supuesto, a limpiar la calle y dejar todo como estaba. De lo que estamos seguros es que al final, se sentiría mucho mejor y más aliviado…»

No nos queda ninguna duda de eso…

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"Si quieres un amigo, cómprate un perro." (Gordon Gekko)

La recordada frase del detestable personaje de «Wall Street», genialmente interpretado por Michael Douglas, volvió a mi memoria al ver los ¿resultados? ¿consecuencias? de la celebración del inexplicablemente popular Día de Amigo.

«¡Qué antipático!», dirán algunos. Si. Y ni siquiera tengo perro.

Tengo algunos buenos amigos, a los cuales no molesté con mensajes, mails y esas cosas. En algún momento les mandaré un mail (a los que están lejos) o los llamaré (a los más cercanos) para decirles que los quiero, pero no por «obligación oficial».

Informa Clarín: «Como en cada 20 de julio, el servicio de SMS, no dio abasto. Así lo confirmaron hoy las empresas prestadoras de servicio de telfonía celular como Movistar, CTI y Personal».

Se hablaba esta mañana de 200 millones de mensajes (lo cual suena un poco exagerado), de los cuales deben haber llegado a distino… 4 (lo cual puede sonar exagerado también).

De todos modos, entre esto y las reservas de restaurantes, por caso, sólo puedo concluir que fué un gran negocio para pocos. Es decir (y a tono con el origen de la «celebración») nos volvieron a clavar la bandera… porque estabamos en la luna.

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Por qué el Negro nunca se fue de Rosario

NegroAlguna vez el Negro Fontanarrosa escribió esto; disculpas por no citar la fuente pero no recuerdo de donde lo saqué (si alguien lo sabe, avise por favor). Pero es una genialidad que merece la pena ser recordada en este dolor.


Somos creativos, a falta de paisaje Rosario tiene lindas minas y buen fútbol. ¿Qué más puede pretender un intelectual?. Esa es mi respuesta cada vez que me preguntan por qué vivo en Rosario. Hecho que, por otra parte, no es demasiado curioso. Un millón doscientas mil personas han tomado la misma determinación.

Lo de las mujeres, señores, es destacable. Más de una vez pensé, y hasta lo propuse, que si había que hacer una campaña publicitando Rosario como destino turístico, a falta de mar, picos nevados o juegos de azar, teníamos que hacer hincapié en lo de las mujeres. Considerando, además, que ya pasó aquel momento brillante de la ciudad, cuando se proclamaba Capital Mundial de la Prostitución y miles de turistas llegaban a la Chicago Argentina en busca del luminoso barrio de Pichincha. Momento que, por lógicas razones cronológicas, no pude vivir, lo que me recuerda aquella frase de Woody Allen: «Yo me perdí la Revolución Sexual por dos meses».

Admito que nunca encontré una frase impactante para mi propuesta publicitaria. La fellinesca «Rosario, la ciudad de las mujeres» suena un tanto obvia y sin gracia. «Rosario, Capital Nacional de la Potra», rotunda y aceptada rápidamente por la vulgaridad de mis amigos, era sin duda burda y bastante peyorativa hacia el género femenino. Buscar algo en torno a «loba», nos hubiera emparentado demasiado con Roma. La idea quedó en la nada.

Este impulso mío de resaltar la belleza de las mujeres locales se contrapone, paradójicamente, con una inquietante y reveladora teoría que estoy por lanzar en breve mediante mi ensayo Somos todos feos. Sostengo allí, valientemente, que el 90% de los seres humanos nos dividimos, estéticamente, entre normales, feos y horribles. Solo hay, lo lamento, un 10% de bellos, que son aquellos a los que se les paga por su condición de hermosos, aparecen en las tapas de las revistas, desfilan en las pasarelas y brindan sus nombres a perfumes costosos. No se les exige decir frases ingeniosas, pensar o emitir opiniones profundas. Sólo se les reclama que sean lindos. Cuando se generaliza diciendo «La mujer brasileña es bellísima» o «El hombre argentino es muy buen mozo», se habla, duro es admitirlo, de un 5% de nuestros habitantes.

Pero toda teoría tiene su excepción, mis amigos. Y debo aceptar que la mujer rosarina (como la de Cali, Colombia) está muy pero muy buena. Rebuena, dirían los chicos. Y aquí también arriesgo un par de explicaciones a tal fenómeno natural. Primero: la soja. Esta leguminosa (hoy por hoy alimento estrella a nivel mundial) es la base nutricia de la mujer rosarina, la que la hace más sólida, más maciza, más protuberante y más sabia. Segundo: la pendiente de la ciudad hacia la costa. Desde la época de las lavanderas, nuestras señoras han debido bajar hacia el río, descender hacia el Paraná por calles empinadas como Laprida o Rioja, lo que las obliga a echarse hacia atrás buscando el equilibrio, comprimiendo los glúteos, tensando los músculos del estómago y sacando pecho, para sostener, además, el canasto de ropa sobre sus cabezas. Los resultados están a la vista, mis amigos, aunque no todos al alcance de la mano.

Usted no puede darse vuelta a mirar a una señora en la peatonal Córdoba porque se pierde. Se pierde la que viene de frente. La exaltación de las mujeres, asimismo, se entronca en el recurso rosarino de defender la ciudad rescatando el paisaje humano ante la moderada oferta de atractivos geográficos mayores. Seamos realistas, el Paraná boca arriba (como poetizó Pedroni) es enorme, pero no es el mar y alrededor no tenemos ni siquiera mansas serranías, como Córdoba.

Entonces, cada vez que el rosarino habla de Rosario, menciona nombres y apellidos: el Che Guevara, Olmedo, Fito Paéz, Baglietto, el Gato Barbieri, etc. etc. etc. Por ahí va la cosa. Más que nada por el lado de la Cultura. Y sobre la cultura rosarina siempre hay una mirada curiosa, desde otras latitudes. «¿Por qué en Rosario se produce un movimiento cultural tan grande?», suelen preguntarme periodistas porteños, por ejemplo, que llegan a Rosario y no encuentran lugar en los hoteles, copados por un miniturismo atraído por la oferta de teatro y espectáculos musicales, cuando no congresos o simposios. «Porque en Rosario no hay otra cosa para hacer» contesto yo, medio en serio, medio en broma. Lo que no es absolutamente cierto, pero que algún viso de realidad tiene. Las ciudades turísticas no se caracterizan por generar cultura. En Bariloche, digamos, la gente tiene puesta su energía en alquilar esquís, elaborar chocolate, ahumar ciervos y ofrecer perros San Bernardo con los cuales sacarse fotos. En Mar del Plata la energía recaerá en ofrecer barcas para pescar tiburones, organizar un Bikini-Open, fritar cornalitos y vender choclos en Punta Mogotes. Siempre me pregunto «¿Cuántos escritores dio Las Vegas?».

Debe darse, además, en ciudades como Rosario, un condimento de contagio. «Si de acá salió Fito -se preguntará algún pibe, como el mío, que toca el bajo- y salió Baglietto y salió Litto Nebbia.¿Por qué no puedo salir yo?». Los proyectos artísticos no suenan, entonces, tan descabellados. Como nadie se asombra en Rosario si un pibe apunta para futbolista profesional. Todos conocemos varios, hijos de amigos, sobrinos o conocidos que ha aparecido en las inferiores de Ñuls, Central o Renato Cessarini.

En definitiva, Rosario es como una Buenos Aires más chica, afortunadamente más chica y con muchos menos habitantes. Soy, lo confieso, uno de los tantos rosarinos que anhelan, egoístamente, que no seamos millones. Nadie ha podido explicarme cual es la ventaja de ser muchísimos, dónde radica el beneficio de ser como San Pablo, o ciudad de México, exagerando. Rosario es una ciudad de inmigrantes, marcadamente italiana, más tanguera que folclórica, más comerciante que colonial, que busca un perfil identificatorio a través de lo que hace y produce, Pero claro, nuestra proximidad con Buenos Aires a veces nos mimetiza con ella.

Hablamos como los porteños, el tango nombra a San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo pero ignora el mnumento a la Bandera, no tenemos un cantito como cordobeses, tucumanos o santiagueños y todo esto, en ocasiones, nos acompleja, nos hace pensar que no somos diferentes ni reconocibles o que nos falta una personalidad clara y avasalladora. En verdad, nunca me desveló ese tema. «El estilo es la insistencia» dijo alguien. Y es ocioso sentarse a esperar un estilo. Poco habría producido yo si, antes de empezar a dibujar, hubiese pretendido definir mi estilo. El estilo aparecerá con el correr del lápiz. A mi juicio la identidad, como el movimiento, se demuestra andando. Con una buena cuota de creatividad. Rosario es una ciudad de creativos, mis amigos. Por algo Belgrano, para crear la bandera, eligió Rosario.

Roberto Fontanarrosa


 

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Se nos jué el Negro

Un ¡qué lo parió! bien grande porque nos agarró por sorpresa aunque sospechabamos algo.

Finalmente e increíblemente, el Negro Fontanarrosa nos dejó tristes una tarde. Pero después de tantas alegrías, esta se la perdonamos.

Él, que le puteó a la Academia (la de Letras, no LKD) en su cara y en su cancha, nos hace esta jodita.

Un grande.

Negro

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Perdón, me sale el fana: brasileros vayanse a…

No sería serio de mi parte analizar el partido del domingo, porque carezco de entidad como para hacer un comentario sesudo, y además me traicionaría el fana que todos llevamos dentro. Sólo me gustaría dejar algunas impresiones:

– Casi apago la tele cuando el comentarista de TYC anunció: «Alves entra por Elano lastimado». Me dió miedo, le juro, de que entrara el COMFER por la ventana y me clausurara el cable, vea.

– Abbondanzieri debió quedarse después de clase repitiendo 100 veces «Miiia, es miiia», mientras Ayala ponía el oido antes que la pierna.

– Alguien debería haber revisado antes del partido que la soga del Pato no estuviera muy ajustada o muy corta, porque no salió a buscar ninguna.

– Grondona debería cargar con las culpas del fracaso, por ponerle a los muchachos tanto trabajo durante sus vacaciones.

– Finalmente, algún sociólogo debería decirnos seriamente si no estamos algo confundidos cuando nos pensamos a nosotros mismos. En una de esas tenemos una seleccìón de subcampeonato y nosotros pensamos que la única opción es ser campeón. No nos olvidemos del chiste que nuestros envidiosos vecinos dicen por ahí: «La mejor inversión es comprar un argentino por lo que vale y venderlo por lo que él cree que vale.» Tal vez debamos buscar las medallas y la copa del subcampeonato y festejar.

Por lo pronto, de algo si somos los campeones, parece: de querer ser campeones sin esfuerzo ni estrategia. ¡Qué bien lo hacemos!

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