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internet - 7. página

Tus datos no son tuyos, son el negocio de otros

El Congreso de Estados Unidos ha eliminado las garantías de privacidad en Internet. Si, así como se lee: la Cámara de Representantes de aquel país ratificó el pasado martes 28 de marzo una ley impulsada por el Senado que permite a los proveedores de conexión a internet comercializar los historiales de búsqueda de los usuarios sin su conocimiento.

El texto de la ley, de hecho una de las mayores desregulaciones del sector de las telecomunicaciones en EE.UU., fue aprobado en menos de un mes. No hubo debates ni audiencias, y tampoco se ha escuchado la palabra de los expertos en la materia.

Esta ley que el presidente republicano está a punto de firmar representa una importante victoria para las compañías que proveen la conexión a Internet en Estados Unidos. Empresas como Comcaest o Verizon, que venían rechazando todos los intentos previos de protección de la privacidad y el principio de la neutralidad en la red, finalmente tendrán su victoria de manos de Trump.

La exigencia previa a los proveedores de conexión a Internet de que obtengan el permiso de los usuarios para vender sus datos -el historial de búsqueda, las aplicaciones que descargan, desde que dispositivo navegan, el tiempo que pasan en una página concreta, etc.- queda sin efecto. En cuanto la nueva ley entre en vigor, las compañías podrán vender a los anunciantes los datos de los usuarios sin necesidad de obtener su consentimiento. Es decir, dejan de pertenecer al usuario.

El principal problema, según lo explican los defensores de la privacidad online, es que las empresas que ofrecen conexión pueden conocer todas las actividades del usuario mientras esté conectado. Es decir, se le ha entregado a las grandes empresas proveedoras en bandeja de plata la privacidad de los usuarios.


Fuente: El País (España)
Imagen: nCubeHome
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Eco y el conocimiento: ‘El sentido sólo puede ofrecerlo la escuela’


La siguente columna de Umberto Eco, el recordado escritor, filósofo y docente italiano, titulada «¿De qué sirve el profesor?»,  se publicó en La Nación de Bs. As. el 21 de mayo de 2007 y se convirtió desde ese momento en una referencia para varios artículos de este blog, en particular aquellos relativos al uso de internet en la educación. Hoy la publicamos completa, como una mirada necesaria en un momento en el que se discute fuertemente la cuestión de la educación. Ojalá sume al debate y brinde luz al respecto de la función del docente frente al aula.


¿De qué sirve el profesor?

En el alud de artículos sobre el matonismo en la escuela he leído un episodio que, dentro de la esfera de la violencia, no definiría precisamente al máximo de la impertinencia… pero que se trata, sin embargo, de una impertinencia significativa. Relataba que un estudiante, para provocar a un profesor, le había dicho: «Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?»

El estudiante decía una verdad a medias, que, entre otros, los mismos profesores dicen desde hace por lo menos veinte años, y es que antes la escuela debía transmitir por cierto formación pero sobre todo nociones, desde las tablas en la primaria, cuál era la capital de Madagascar en la escuela media hasta los hechos de la guerra de los treinta años en la secundaria. Con la aparición, no digo de Internet, sino de la televisión e incluso de la radio, y hasta con la del cine, gran parte de estas nociones empezaron a ser absorbidas por los niños en la esfera de la vida extraescolar.

De pequeño, mi padre no sabía que Hiroshima quedaba en Japón, que existía Guadalcanal, tenía una idea imprecisa de Dresde y sólo sabía de la India lo que había leído en Salgari. Yo, que soy de la época de la guerra, aprendí esas cosas de la radio y las noticias cotidianas, mientras que mis hijos han visto en la televisión los fiordos noruegos, el desierto de Gobi, cómo las abejas polinizan las flores, cómo era un Tyrannosaurus rex y finalmente un niño de hoy lo sabe todo sobre el ozono, sobre los koalas, sobre Irak y sobre Afganistán. Tal vez, un niño de hoy no sepa qué son exactamente las células madre, pero las ha escuchado nombrar, mientras que en mi época de eso no hablaba siquiera la profesora de ciencias naturales. Entonces, ¿de qué sirven hoy los profesores?

He dicho que el estudiante dijo una verdad a medias, porque ante todo un docente, además de informar, debe formar. Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que se transmitan datos y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera. Es cierto que lo que ocurre en Irak lo dice la televisión, pero por qué algo ocurre siempre ahí, desde la época de la civilización mesopotámica, y no en Groenlandia, es algo que sólo lo puede decir la escuela. Y si alguien objetase que a veces también hay personas autorizadas en Porta a Porta (programa televisivo italiano de análisis de temas de actualidad), es la escuela quien debe discutir Porta a Porta. Los medios de difusión masivos informan sobre muchas cosas y también transmiten valores, pero la escuela debe saber discutir la manera en la que los transmiten, y evaluar el tono y la fuerza de argumentación de lo que aparecen en diarios, revistas y televisión. Y además, hace falta verificar la información que transmiten los medios: por ejemplo, ¿quién sino un docente puede corregir la pronunciación errónea del inglés que cada uno cree haber aprendido de la televisión?

Pero el estudiante no le estaba diciendo al profesor que ya no lo necesitaba porque ahora existían la radio y la televisión para decirle dónde está Tombuctú o lo que se discute sobre la fusión fría, es decir, no le estaba diciendo que su rol era cuestionado por discursos aislados, que circulan de manera casual y desordenado cada día en diversos medios –que sepamos mucho sobre Irak y poco sobre Siria depende de la buena o mala voluntad de Bush. El estudiante estaba diciéndole que hoy existe Internet, la Gran Madre de todas las enciclopedias, donde se puede encontrar Siria, la fusión fría, la guerra de los treinta años y la discusión infinita sobre el más alto de los números impares. Le estaba diciendo que la información que Internet pone a su disposición es inmensamente más amplia e incluso más profunda que aquella de la que dispone el profesor. Y omitía un punto importante: que Internet le dice «casi todo», salvo cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información.

Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales).

El problema dramático es que por cierto a veces ni siquiera el profesor sabe enseñar el arte de la selección, al menos no en cada capítulo del saber. Pero por lo menos sabe que debería saberlo, y si no sabe dar instrucciones precisas sobre cómo seleccionar, por lo menos puede ofrecerse como ejemplo, mostrando a alguien que se esfuerza por comparar y juzgar cada vez todo aquello que Internet pone a su disposición. Y también puede poner cotidianamente en escena el intento de reorganizar sistemáticamente lo que Internet le transmite en orden alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas pero no la relación sistemática entre estas dos nociones.

El sentido de esa relación sólo puede ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse para hacerlo. Si no es así, las tres I de Internet, Inglés e Instrucción seguirán siendo solamente la primera parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo.


Fuente: La Nacion/L’Espresso (Distributed by The New York Times Syndicate) / Traducción: Mirta Rosenberg
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Reconocer y resistir

La promesa de Amazon [de eliminar todo tipo de intermediación] se basa en dos estrategias retóricas que aman los solucionistas. La primera es la del «discurso de la innovación», que consiste en tratar a la innovación en general como buena en sí misma, más allá de sus consecuencias sociales o políticas. En definitiva, la innovación es progreso ¿y cómo puede ser malo el progreso? La segunda estrategia es el «discurso de las herramientas», que busca reformular cualquier debate sobre la tecnología para presentarlo como un debate sobre herramientas y, por extensión, sobre cómo esas herramientas podrían empoderar a los usuarios. Ambos discursos empobrecen nuestro debate sobre las tecnologías digitales; se debe reconocer a ambos tempranamente, y oponerles resistencia.
Evgeny Morozov, fragmento de «Los peligros de la mediación algorítmica», en «La locura del solucionismo tecnológico», Ed. Katz, Cap. 5

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A las tecnológicas no les interesa tu opinión ni tus problemas

Psafe, la compañía de servicios gratuitos de seguridad online, decidió discontinuar la actualización de su software antivirus para computadoras de escritorio. Esta medida fue decidida por la empresa de acuerdo a sus términos de uso, en forma unilateral e inconsulta.

«Vaya y consígase otro antivirus», es la consigna. No importa el problema que esto le provoque al usuario, justamente esa persona que está al otro lado de la línea y que confió en el producto para usarlo durante largo tiempo.

Usted dirá, «están en su derecho». O tal vez piense que después de todo, no es un problema. Sin embargo, imagine por un momento que todos los servicios que usted usa, al mismo tiempo y del mismo modo dejen de proveer soporte o discontinúen esos productos que usted usa. ¿Lo afectaría a usted de algún modo? ¿Se siente con ganas y conocimiento suficiente como para salir disparado a buscar los reemplazos?

Claro, no es la primera vez que sucede: nos hemos quedado en el pasado, de un golpe y sin aviso previo, sin Buzz, Wave o Reader, por citar ejemplos de otra empresa a la que suele no importarle a quién afectan estas decisiones, como lo es Google.

Días atrás mencionábamos el problema de la pérdida de datos a causa del error, y del deterioro y la obsolescencia de los soportes. Decisiones como las de Psafe son la otra pata del problema sobre el que se asienta la fragilidad de los sistemas: las empresas deciden qué les conviene o no, y el usuario debe adaptarse o perder.

Porque, según parece confirmarse, también para las empresas el eslabón más débil de la cadena es justamente, el usuario. 

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Ensayando algunas razones del porqué de los padres sindicalistas

En la entrada anterior, titulada Padres sindicalistas, publiqué una frase tomada de una entrevista al psicoanalista, ensayista y profesor universitario Massimo Recalcati en la que afirma, en el contexto de un pacto entre los padres y los profesores que se ha roto – ya no trabajan juntos en la educación de los jóvenes-,  que los padres, en vez de apoyar el trabajo de los profesores, se han convertido en sindicalistas de sus propios hijos.

En uno de los debates que se abrió en las redes sociales al respecto de esta afirmación, un comentarista se preguntó las razones de semejante cambio. Me permití acercar algunas ideas:  la injerencia de los padres en la escuela es un asunto complejo y tiene varias aristas. Creo que la principal es el escaso nivel de tolerancia a la frustración en el que vivimos, y los padres atraviesan la situación escolar como propia exposición y riesgo de fracaso. Otra de esas aristas es la desvalorización de las instituciones en general y la escolar en particular. Y hay más, seguramente.

En ese contexto, otro comentarista aportó el video a continuación, en el que Simon Sinek, escritor y motivador inglés, se refiere al cambio cultural que surge con la generación de los llamados Milenials, aquellos los nacidos a partir de 1984. Hay mucho para debatir al respecto, pero muchas de las características -que se aplican no sólo a los de esa generación,  afirmo sin dudar- son parte del origen del problema.

¿Vivimos en la cultura de lo instantáneo, de la solución inmediata? ¿Es esa la causa? Son temas para debatir, creo, porque en ellos va el futuro de la educación.

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Nuestro ser digital, en manos del error, el deterioro y la obsolescencia

Nicholas Negroponte fue el primero en hablar del ser digital para referirse a la inclinación de la humanidad por la «digitalización», es decir, esa mudanza desde un mundo de átomos a un mundo de bits, como él mismo refiere. En lo que tal vez no fue todo lo enfático que hubiera sido necesario, fue en prevenir que nuestro ser digital estaría en manos del error, el deterioro y la obsolescencia. Pero claro, eran tiempos esos de pensar en una era de optimismo.

A mediados de diciembre coincidimos en esta cuestión con la periodista Fernanda Sández: yo estaba repasando notas y escribiendo algunas entradas sobre el tema en el preciso momento en que me llega un correo electrónico suyo con algunas preguntas para su investigación, que ahora toma forma en el artículo «Internet que desaparece: el frágil destino del recuerdo digital», que se puede leer completo haciendo clic aquí.

La conclusión a la que llega la periodista es una que compartimos muchos preocupados por el tema:

Hoy, de hecho, investigadores de todo el mundo están tras un nuevo santo Grial: cómo salvar del eclipse a la memoria digital. Desde papel y tinta especialmente tratados hasta cintas magnéticas, láminas de cuarzo y hasta (asombroso) ADN humano, todo es un potencial candidato a reemplazar como soporte a lo que existe hoy. Mientras tanto, hasta un modesto papel parecería ser más fidedigno que el frágil código binario al que nos hemos acostumbrado a confiarle todo.

La buena noticia es que podemos tomar nuestras precauciones, como se explica en el artículo. Porque no todo está perdido: sólo hay que saber cómo guardarlo.

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Sres. Jefes: No confundir accesibilidad con disponibilidad

El derecho a desconectarse fuera del horario de trabajo entra en vigor hoy en Francia (…) El dispositivo legislativo crea un derecho para los asalariados y una obligación para las grandes empresas, la de regular el uso de las tecnologías de la comunicación (mensajerías y correos electrónicos o teléfonos móviles) para garantizar el respeto del tiempo de descanso y de las vacaciones (…) En la Argentina, por ejemplo, el 64% de los empleados sigue conectado fuera de su horario laboral.
Fuente: Diario La Nación

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La desinformación, riesgo del futuro

La difusión de noticias falsas está dominada por usuarios muy activos mientras que las noticias que desmienten los bulos tardan entre 10 y 20 horas más en ser compartidas. (…) La magnitud del fenómeno de los sitios web de noticias falsas ha puesto en alerta a muchas organizaciones mundiales como el Foro Económico Mundial, que ha incluido la desinformación digital entre los principales riesgos mundiales del futuro. Las otras amenazas son la crisis del agua, los principales fracasos financieros y la falta de adaptación al cambio climático.
Diario El País de España, en un artículo sobre el buscador de noticias falsas Hoaxy.

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El futuro de la memoria digital

El volumen de datos digitales generados a nivel global es cada vez mayor y los soportes de almacenamiento se vuelven obsoletos, y por lo tanto inaccesibles en corto tiempo. ¿Qué podemos aprender de las civilizaciones antiguas que nos dejaron su legado en piedra?  ¿Es posible usar cuarzo como soporte? ¿Por qué los centros de datos más importantes continúan usando cintas magnéticas? ¿Y si usáramos el ADN para guardar la información?

Las respuestas a estas preguntas son objeto y desvelo de los científicos. ¿El objetivo? La creación de soportes permanentes y herramientas que nos permitan navegar por ese océano de información, sin pérdidas de datos y en forma segura.

El siguiente documental explica cómo:

Contenidos recomendados:
Obsolescencia y olvido
Preservación de la información
Pasado y presente sin futuro


Fuente: DOCUMENTALIA CIENCIA
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Entrevista en S.O.S Sociedad: Los chicos y la tecnología

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Hoy estuve invitado al programa “S.O.S. Sociedad”, conducido por la periodista Silvana Graziutti (FM AZ 92.7 de Rosario, viernes 19hs.) El tema convocante fue “Chicos y tecnología”, y algunas estrategias para una experiencia de provecho y sin riesgos, de las nuevas tecnologías.

Muchas gracias a Silvana por su amabilidad y buen trato.

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Soluciones de Avast para el problema del ransomware

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Se denomina ransomware  a aquellos programas informáticos malintencionados que restringen el acceso a determinadas partes o archivos de un sistema, con el fin de pedir un rescate a cambio liberar el equipo afectado. Generalmente actúan cifrando los archivos del sistema operativo, inutilizando el dispositivo y obligando al usuario a pagar el rescate.

La firma desarrolladora de antivirus Avast presenta ahora una serie de herramientas que detectan virus de ransonware y desencriptan aquellos archivos que hubieran sido encriptados en el ataque. Estas herramientas, de descarga gratuita, se encuentran explicadas y disponibles en el sitio de Avast.

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Facebook y el odio sin máscaras

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Tal vez sea injusto centrar la cuestión planteada en el título únicamente en la red social Facebook, ya que podría afirmarse que todas y cada una de las redes sociales intermediadas por lo digital sufren en mayor o menor medida de los males que acarrea -y que no les son propios, debemos aclarar- la comunicación en el mundo virtual: odio, soberbia, ignorancia, ideas extraviadas y otras desgracias de la conducta humana surcan cada minuto las redes y es muy difícil -tal vez imposible-, relegarlas a un plano en que no nos afecten.

Evitar contactos indeseados o eliminar aquellos que ejercen violencia verbal o discriminación -que para el caso sería lo mismo-, podría ser la solución. Pero de todos modos estarán allí, imparables, imperturbables, listos para dar el zarpazo de su comentario hiriente, cargado de desprecio.

Más allá del  troleo o el spam, acciones que difieren en su nivel de violencia pero no en el de intromisión, las redes sociales parecen ser el campo propicio para que seres frustrados, amargados y resentidos den rienda suelta a su verborragia violenta, no importa qué, quién, cómo y cuándo: allí estarán para contradecir, desprestigiar o insultar. Si es cierto que “eres lo que publicas en Twitter”, como afirma el creador de Million Dollar Homepage, Alex Tew,  entonces las redes sociales no son más que un espejo deformado por la percepción que tenemos de nosotros mismos y de nuestra relación con los demás. 

Tomemos por caso la siguiente situación, real, en Facebook: alguien da por cierta y reproduce una noticia con un titular absurdo sobre un personaje famoso, de gran prestigio pero no exento de actitudes polémicas. Por si no fuera suficiente el tenor del título para notarlo, con solo ingresar al sitio original se entiende que se trata de una broma cargada de ironía. Sin embargo ese alguien la publica como cierta,  con un comentario muy negativo además. Y se suceden entonces una catarata de comentarios desagradables, ofensivos, despreciativos, sin que nadie ponga coto a la cuestión. Algún comentarista se anima a aclarar que es un chiste, pero parece no importar: el resto sigue igual, criticando. ¿Qué grado de locura nos afecta, como para descargar tanto odio en un comentario y además, sobre una noticia que es un fake?

Escriba usted, lector, una entrada o comentario con cierta ironía o humor, y de inmediato aparecerá un fundamentalista de la literalidad para caerle duramente con una crítica o cuestionamiento brutal.

Para el sociólogo Manuel Castells, «Internet permite la creación en red, más allá de una suma de individualidades». Seguramente será así cuando aquel espejo del que hablábamos sea no sólo claro, sino además uno en el que se refleje también el otro.

Si creatividad es la consigna, las redes serán, bien usadas, el modo de compartir aquello que logramos juntos.


En la foto, uno de los trabajos presentados por alumnos de Bellas Artes en la muestra de Proyecto I: un espejo con figuras dibujadas y la frase «Todos somos los otros».
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Ciber… devaluado

En este «ciberlunes»o peor, «cyber monday», ¡horror!– recordé la frase de Bateson y el profundo significado de una palabra con la que algunos adelantados definieron esta ciencia:

La cibernética es el más grande mordisco a la fruta del árbol del conocimiento que la humanidad haya dado en los últimos 2000 años.
Gregory Bateson, epistemólogo, antropólogo, cibernetista y padre de la terapia familiar.

Algunos han cambiado «conocimiento» por «consumo». Nosotros no, al menos.

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La web también tiene estas cosas

Curiosos, excéntricos o llamativos, todos igualmente inútiles pero francamente deliciosos. Son sitios para dejarse llevar, relajarse -me retracto por lo de inútiles, entonces- o simplemente admirar.

Aquí, algunos de esos sitios.

Zoomquilt

zoomquilt

Nada de mouse o teclado. Simplemente entrar al sitio y dejarse llevar en un viaje sin fin.

Dos minutos de no hacer nada

dos

En una situación estresante entrá a esta página y descansá por dos minutos escuchando el ruido de las olas.

La puerta secreta

puerta

Abrir una puerta y salir azarosamente a un punto cualquiera del planeta para recorrerlo vía Street View, es el placer que propone «La puerta secreta». Yo navegué el Amazonas y me desplacé subido al techo de un tren en los Alpes suizos. Bueno, es algo…

Raindrops

drops

A muchas personas les agrada observar y escuchar caer la lluvia. En este sitio no sólo podremos hacer esto, sino además agregarle el sonido ambiente de conversaciones en un café y una tormenta eléctrica.

Neon Flames

neon

Relajarse sintiéndose un artista. Eso propone Neon Flames, un sitio para usar una paleta de colores y perderse mirando como se funden unas con otras.

Más de estos sitios para perderse, en Genial.guru.

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