Saltar al contenido

Todas las entradas de: Enrique Quagliano - 2. página

La IA consumirá en 2030 el equivalente al consumo de 1.300 millones de personas

Los científicos de la ONU alertan de que “se está minusvalorando” el coste medioambiental de una tecnología que exige cada vez más recursos naturales.

Para 2030, el consumo de agua asociado al uso de la inteligencia artificial (IA) será equivalente al de 1.300 millones de personas del África subsahariana, mientras que requerirá casi el triple de la potencia energética que gastan al año Pakistán, Bangladesh y Nigeria, países que suman 650 millones de habitantes.

En cuanto a las emisiones de dióxido de carbono, estas podrían alcanzar los 400 millones de toneladas de CO₂ equivalente, comparables a las emisiones totales de Reino Unido. El funcionamiento de la IA implicará la ocupación de 14.500 kilómetros cuadrados, entre infraestructuras y cadena de suministro, el doble del área metropolitana de Yakarta, una megaurbe con más de 32 millones de habitantes, o 10 veces la de Ciudad de México (21 millones).

Estas son algunas de las cifras que esgrimen los autores de un informe publicado este miércoles por el Instituto Universitario de Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH). Además de esas proyecciones, basadas en estimaciones conservadoras de crecimiento, también tienen datos llamativos sobre la situación a día de hoy: si los centros de datos en los que se computa la IA fueran un país, su consumo eléctrico actual (448 teravatios hora, TWh) estaría al nivel del de Francia.

La institución ya había publicado antes informes alertando de las emisiones de carbono que implica el creciente uso de la IA. En esta ocasión, los investigadores han tenido en cuenta también la energía y el agua consumidas por los centros de datos que alimentan la IA (en el caso del agua, se incluye tanto la empleada para refrigerar sistemas como la dedicada a generar electricidad). “Este informe no va contra la IA”, dice el profesor Kaveh Madani, director del UNU-INWEH. “Es un llamamiento a usar esta tecnología de forma responsable y un intento de evaluar sus impactos indeseados para hacer que sea sostenible y equitativa. Debemos intentar asegurarnos de que esta revolución tecnológica se desarrolla dentro de límites planetarios”.

“El informe es un recordatorio importante y oportuno de que la IA no se limita a modelos y algoritmos, sino que también tiene un impacto físico y medioambiental real, determinado por los centros de datos, los sistemas eléctricos, los sistemas de abastecimiento de agua, el uso del suelo y las cadenas de suministro de hardware”, apunta Shaolei Ren, profesor de ingeniería computacional de la Universidad de California, Riverside, y especialista en sostenibilidad de la IA, que no ha participado en el estudio.

Los autores del informe destacan varios mensajes clave. Uno de ellos es que el coste medioambiental de la IA se está minusvalorando sistemáticamente. La mayoría de análisis publicados se centran en las emisiones de carbono asociadas con el entrenamiento de los modelos (el proceso previo al lanzamiento de estos en el que se computan durante varias semanas, día y noche, decenas o centenares de millones de parámetros sobre gigantescas bases de datos). “Sin embargo, cada kilovatio-hora de electricidad que se consume para entrenar o hacer funcionar un sistema de IA conlleva también una huella hídrica (asociada a la refrigeración y la generación de energía) y una huella territorial (infraestructuras energéticas y las cadenas de suministro)”, subraya el informe.

La huella de carbono puede variar hasta un 70%, por ejemplo, si se pasa del carbón a la bioenergía como fuente de generación de la electricidad que alimenta la IA. Pero eso, a su vez, multiplicaría por 30 la huella hídrica y por 100 su impacto territorial. La complejidad de gestionar la huella medioambiental de la IA es muy alta. Bajas emisiones no equivale a bajo consumo de agua o a bajo impacto territorial. Evaluar el impacto medioambiental de la IA con una sola métrica puede esconder sus efectos nocivos y trasladarlos a otras regiones. “Si solo nos basamos en las emisiones de carbono, podríamos pensar que las renovables hacen que la infraestructura de la IA sea limpia, pero eso supone resolver un problema al tiempo que se crean otros, a menudo en lugares que no lo han solicitado”, opina la autora principal del estudio, Miriam Aczel.

Qué usos contaminan más

El informe aporta otra conclusión interesante. Hasta hace poco, el consenso mayoritario era que la parte más importante del consumo energético asociado a un modelo de IA se producía durante el proceso de entrenamiento (es decir, antes de que lo empiece a usar el público). Los datos del equipo de Aczel, sin embargo, refutan eso: el proceso de inferencia (los cálculos ejecutados cada vez que se hace una solicitud al modelo para que pueda responder a las órdenes o prompts) supone el coste dominante, entre el 80% y el 90% del consumo total. El éxito de estas herramientas, que suman centenares de millones de usuarios diarios, ha cambiado las tornas.

Los investigadores también han evaluado el consumo energético asociado a distintos usos de la IA. Así, una conversación estándar con un chatbot como ChatGPT o Gemini gasta 200 veces más que una función básica de la IA, como es la clasificación de emails sospechosos en la carpeta de spam. Siguiendo con esa referencia, generar una imagen sintética gasta 1.400 veces más, mientras que un vídeo corto puede llegar a suponer 200.000 veces más energía. “Este es uno de los informes técnicos más completos sobre el impacto medioambiental de los sistemas de IA actuales, pero las conclusiones se centran en el impacto de GPT-4, que es un modelo de hace más de tres años. Y tres años en el sector de la IA es una eternidad”, señala Álex Hernández, investigador del Quebec AI Institute (MILA) que dirige Yoshua Bengio, profesor de la Universidad de Montreal y que no ha participado en el estudio.

El hecho de que las conclusiones del informe se basen en datos de modelos antiguos, dice Hernández, habla de la poca transparencia del sector. “La principal limitación del estudio es la dificultad de obtener datos concretos del consumo de los sistemas actuales”, añade.

Otra de las conclusiones del estudio es la desigualdad en el reparto de los beneficios y las externalidades negativas de la IA. En Irlanda, por ejemplo, cuyo laxo régimen fiscal lo convierte en el país de la UE preferido por la mayoría de las grandes tecnológicas para ubicar sus sedes, los centros de datos ya suponían en 2023 el 21% del consumo energético total. Eso ha hecho que el país ponga en marcha moratorias en la construcción de nuevas infraestructuras de este tipo en Dublín. En Uruguay, los planes de construcción en 2023 de un gran centro de datos con un consumo intensivo de agua coincidieron en el tiempo con una sequía que acabó con las reservas de agua potable de Montevideo, lo que provocó que el agua del grifo no fuera apta para el consumo.

Por otra parte, los autores estiman que, para 2030, la infraestructura de la IA generará 2,5 millones de toneladas anuales de basura electrónica (procesadores obsoletos, básicamente), y que mucha de esa basura se acumulará en países con bajos recursos.

El informe habla también de desigualdad.

Únicamente el 16% de los países dispone de infraestructura especializada para computar IA, y dos de ellos (EE UU y China) concentran el 90% de toda la capacidad instalada. Mientras la basura electrónica, las emisiones de carbono y el consumo de agua se reparten entre muchos países, los beneficios (es decir, el uso de las aplicaciones de IA) se quedan en pocos.

Como la mayoría de informes patrocinados por la ONU, este también incluye recomendaciones de actuación. Por ejemplo, a los gobiernos les pide que exijan a los operadores informes estandarizados de la huella medioambiental de la IA. A los desarrolladores, que favorezcan la selección de modelos adecuados a cada tarea (intentar que no se usen los más grandes, que necesitan más recursos, para solucionar problemas sencillos). Esa “eficiencia por diseño” y aumentar la transparencia son las dos principales peticiones a la industria.

Hernández, del MILA, cree que es importante que la ONU se implique en la publicación de informes sobre una cuestión, la huella medioambiental de la IA, reservada hasta ahora principalmente a la academia y a la investigación periodística. “Este informe parece que aspira a tener la legitimidad de un artículo académico y al mismo tiempo a llegar al ámbito de la política”, opina.


Fuente: Diario El País

Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo

Fríos datos

Los países fríos aprovechan su clima para liderar los centros de datos.

El extremo suroeste de Islandia está formado por una árida península volcánica llamada Reykjanesskagi. Es el hogar de las ciudades gemelas de Keflavik y Njardvik, que suman alrededor de 19.000 habitantes, y el principal aeropuerto del país. A las afueras de los poblados hay un complejo de edificios revestidos de metal que pertenecen a la empresa de TI Advania. Cada uno tiene aproximadamente el tamaño de una piscina olímpica. Hasta 2015 solo había tres. En abril de 2018, subieron a ocho, y hoy la cifra continúa en crecimiento.

Este auge empresarial se debe, en parte, a algo que los islandeses no suelen celebrar: sus condiciones climáticas. La vida en esta isla del Atlántico Norte suele ser fría, con niebla y mucho viento, aunque las heladas fuertes no son frecuentes. La temperatura media anual en la capital, Reikiavik, es de alrededor de 5 °C, e incluso cuando empieza el calor del verano, el mercurio no suele subir más allá de los 20 °C. Islandia se ha dado cuenta de que, aunque este clima puede ser peor para tomar el sol en la playa, es muy favorable para una industria en particular: los datos.

Cada uno de los edificios de Advania en Reykjanesskagi es un gran centro de datos, hogar de miles de ordenadores. Están constantemente calculando, procesando instrucciones, transmitiendo información y minando nuevos bitcoins. Este tipo de instalaciones generan muchísimo calor y necesitan refrigeración constante, lo que generalmente requeriría un consumo energético considerable. Sin embargo, en Islandia, los centros de datos no necesitan sistemas de refrigeración de alta potencia para la moderación del calor: en su lugar, solo necesitan dejar entrar el aire fresco subártico. Este tipo de enfriamiento natural permite reducir los costes.

El resultado es que la industria de centros de datos de Islandia se ha expandido rápidamente en los últimos años, liderada por tres compañías que dominan el mercado local. Advania principalmente alquila espacio a los mineros de bitcoin. Ve Global, fundada en 2012, trabaja para satisfacer las necesidades de supercomputación de clientes como BMW, que ha utilizado la potencia de procesamiento islandesa para cálculos complejos como simulaciones de choques. La tercera compañía, Etix Everywhere Borealis, da servicio a clientes que utilizan la tecnología de cadena de bloques (blockchain), así como a clientes de supercomputación.

Rápido crecimiento.

Para medir cuán rápido ha crecido esta industria en el país se puede analizar el acelerado avances de las construcciones. Pero hay otros indicadores, como la cantidad de energía que consume el país. Los centros de datos gastan muchísima energía, y el año pasado el uso de electricidad en los grandes centros de datos de Islandia aumentó más del doble.

Este rápido crecimiento se debe a una combinación de factores, incluido el clima tan favorable, los precios competitivos de su electricidad y el acceso a fuentes de energía renovables, explica el gerente de proyectos de Invest in Iceland, Einar Hansen Tómasson, una asociación público-privada creada para promover las inversiones extranjeras en Islandia.

Y el país está tratando de preservar ese impulso. Invest in Iceland usa un eslogan promocional que sugiere que Islandia representa la «ubicación más fresca para los centros de datos». No obstante, el enfriamiento natural de los centros de datos no es un invento islandés y hay competencia en otros países nórdicos. Facebook, por ejemplo, abrió un centro de datos con refrigeración natural en el norte de Suecia en 2013. Otros gigantes tecnológicos, como Google y Apple, también han decidido construir sus propios centros de datos en otros países nórdicos. La Agencia Danesa de Energía predice que en el período de 2017 a 2030, los nuevos centros de datos representarán el 85 % del aumento del uso de electricidad en el sector empresarial de Dinamarca.

Las empresas de centros de datos de Islandia se promocionan como limpias: al fin y al cabo, prácticamente toda la electricidad del país procede de fuentes renovables como la energía geotérmica e hidroeléctrica. Pero aunque los centros de datos islandeses consigan superar todos estos obstáculos, hay otro factor que podría amenazar su éxito a largo plazo: la conectividad.

Separada de las principales economías europeas por más de 800 kilómetros de océano, Islandia solo tiene tres conexiones submarinas de datos con el resto del mundo, una cifra que podría no ser suficiente si el país aspira a convertirse en líder del mercado. Aun así, los científicos de datos y los mineros de criptomonedas siguen desesperados por tener más capacidad, así que las empresas de centros de datos islandesas están construyendo cada vez más. Este año, Etix Everywhere Borealis completó el primer gran centro de datos fuera de la región suroeste de Islandia. La compañía abrió un centro de aproximadamente más de 12 kilómetros cuadrados en la aldea de Blonduos, en la costa norte, cuya población es inferior a los 1.000 habitantes. La instalación estuvo completa menos de un año después de que empezaran las obras.


Fuente: MIT Technology Review

Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo

Charla sobre seguridad y ciudanía digital en la escuela Escudero

Una muy provechosa jornada de trabajo tuvimos junto a docentes y alumnos de 7mo. grado de la Escuela Anastasio Escudero Nº 799 de nuestra ciudad de Rosario. Una audiencia muy activa y participativa nos permitió profundizar en temas relativos a la construcción de una ciudadanía digital segura.

Muy pronto repetiremos la experiencia junto a las familias. Muchas gracias a comunidad de la Escuela por el cálido recibimiento. ¡Nos encontramos en breve!

Con esta charla recomenzamos el ciclo «Internet no olvida» dirigido a las comunidades educativas.


Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo

La tripulación del programa Artemis II de la NASA despega hacia la Luna

El lanzamiento de la misión NASA Artemis II está programado para este miércoles 1 de abril de 2026 a las 19:24 (hora de Argentina) desde el Centro Espacial Kennedy en Florida. Esta misión tripulada orbitará la Luna durante 10 días, marcando el regreso humano al espacio profundo tras 54 años.

Mirá el despegue aquí:

Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo