Haciendo un recorrido por la red para curiosear un poco sobre esta nueva «moda» (de alguna manera hay que llamarla) de cerrar blogs y anunciarlo entre quejas y lamentos, me encontré con las más variadas cuestiones esgrimidas como razones para tal «blogcidio» (como se lo define en ‘Maldita Inocencia’ [1]).
Hay una categoría aparte que no quiero tratar aquí, que son los blogs cerrados por razones políticas, que creo merecen un análisis mucho más profundo y un repudio a la censura sin concesiones.
No, aquí me estoy refiriendo a los blogs que los propios autores cierran, algunos de ellos con una gran afluencia y participación de navegantes; aquellos que mezclan algo de esquizofrenia con paranoia y un toque que ingenuidad como para pensar que el mundo es contra ellos y que, con sus corazones rotos y sueños impedidos, se ven en la necesidad de cerrar.
Pero la verdad es que uno tiene la impresión de que es todo un gran verso. La impresión, digo; por ahí es verdad… Pero algunas dudas me aquejan al pensar sobre esto:
– ¿Por qué muchos dejan de publicar «porque la gente esto y aquello», pero no dan de baja el blog?
– ¿Por qué algunos se quejan de que la gente ha abusado de la confianza dispensada, sin entender que los visitantes no son todos adolescentes y amigos?
– ¿Por qué algunos publican lo que los compromete emocionalmente?
– ¿Por qué pensar que la blogsfera es un paraíso incontaminado, o algo así, diferente del resto de la red y del mundo?
– ¿Por qué actúan como novios (o novias) despechados?
Hay una realidad que no podemos soslayar, y es que la blogsfera se continuará depurando con el tiempo, alejando a muchos, pero no por censura o discriminación sino porque simplemente ya no tienen nada para decir o se dan cuenta de que no les interesa el medio.
Ojalá los cientos de excelentes blogs que existen y que dicen cosas importantes no sucumban a esta moda.