Así lo titula DiarioTi: «Abogado acumula 1 millón de dólares litigando contra spammers».
La historia es por demás llamativa: Daniel Balsam es un estadounidense que hace ocho años llegó al hartazgo cuando recibió un e-mail ofreciéndole agrandar su senos. Renunció entonces a su trabajo en el sector de mercadotecnia para matricularse en la carrera de Derecho, con el propósito de dedicarse exclusivamente a combatir a los spammers, es decir a los emisores de correo no solicitado.
Parece ser que esta actividad le ha resultado bastante lucrativa, ya que desde entonces Balsam ha obtenido indemnizaciones por un monto cercano al millón de dólares de los distribuidores de spam mediante fallos judiciales. En algunos casos, logró su cometido en acuerdos extrajudiciales.
En su sitio danhatessmap.com (en español, «Dan odia el spam», como para que no queden dudas), el abogado hace un detalle por año de las 42 causas («42 wins and counting», según afirma) que lleva ganadas contra los molestos spammers. Las acciones legales comienzan cuando Balsam recibe correo basura en la cuenta de correo de ese dominio.
Teniendo en cuenta que, según McAfee, el spam representa el 90% de todo el e-mail que circula por la red, aun le queda mucho por litigar al bueno de Dan. Y por cobrar también.
El argumento: estar «dedicado a limpiar la internet».
La experiencia, la posibilidad de que algo nos pase, o nos acontezca, o nos llegue, requiere un gesto de interrupción, un gesto que es casi imposible en los tiempos que corren: requiere pararse a pensar, pararse a mirar, pararse a escuchar, pensar más despacio, mirar más despacio y escuchar más despacio, pararse a sentir, sentir más despacio, demorarse en los detalles, suspender la opinión, suspender el juicio, suspender la voluntad, suspender el automatismo de la acción, cultivar la atención y la delicadeza, abrir los ojos y los oídos, charlar sobre lo que nos pasa, aprender la lentitud, escuchar a los demás, cultivar el arte del encuentro, callar mucho, tener paciencia, darse tiempo y espacio. (Larrosa, 2003)
Kivalina es un pueblo de la costa de Alaska, habitado por unos pocos esquimales y pescadores de ballena. Pero ahora es noticia porque el Cuerpo de Ingenieros del ejército estadounidense hizo un estudio y determinó que el pueblo va a desaparecer en unos meses. ¿La razón? Las aguas de los hielos árticos derretidos inundarán esas tierras y los 400 habitantes tendrán que emigrar a zonas más altas. La causa del derretimiento de los hielos es la contaminación ambiental. 

