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Medio ambiente




Seré breve, porque el video titulado “El costo humano de los agrotóxicos” habla por si mismo: según relata Fernanda Sández en su artículo de hoy para La Nación, Pablo Piovano, autor de la obra, es un fotógrafo que recorrió a fines de 2014 varias provincias del noreste argentino. Allí se topó con el horror de la fumigación sobre personas -por supuesto, empresas y medios afines dirán que fue sobre los cultivos de tabaco, algodón, soja, etcétera-, según la autora “con litros y más litros de sustancias capaces de alterar las formas de lo vivo”.

“El costo humano de los agrotóxicos”, trabajo ganador de premios internacionales, puede verse haciendo clic aquí.

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[En Europa] se han destruido muchos árboles, como acá. El tema aquí en Argentina es la amplitud, que es… abrumadora. Esto es como Estados Unidos: en Nebraska tampoco hay un solo árbol. Y esto es importante de señalar porque –según datos de la Organización para las Naciones Unidas, ONU- 50% de los gases con efecto invernadero vienen de este modelo agroindustrial. Y eso se debe a que este modelo utiliza muchos herbicidas que son elaborados a partir del petróleo, y además fertilizantes. El 19% de esos gases viene de las granjas de animales y el resto de la desforestación que genera hacer soja transgénica como acá o para hacer biocombustibles. Pero eso en parte es una buena noticia, porque si queremos bajar nuestras emisiones a la mitad, podríamos hacerlo con sólo cambiar el sistema agrícola. Ese es un dato importante, sabemos qué es lo que debemos hacer.
[Marie Monique Robin, periodista autora entre otros títulos, de “El mundo según Monsanto”, en una entrevista de Fernanda Sández para BorderPeriodismo.]

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Así se satisface la voracidad de media humanidad, mientras la otra mitad se muere de hambre.

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Según un artículo publicado hoy en rosario3.com, la exposición durante la vida fetal a contaminantes ambientales produce alteraciones epigenéticas y sus consecuencias pueden ser transmitidas hasta la tercera generación.

Tal es la conclusión a la que arriba un estudio internacional con ratones realizado con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), citado en el artículo mencionado. Dicha exposición a contaminantes ambientales como los denominados disruptores endocrinos altera la fertilidad masculina durante al menos tres generaciones. Los resultados se publicaron en la revista “PLOS ONE”.

Estos contaminantes ambientales alteran los genes implicados en el desarrollo testicular y la fertilidad masculina durante generaciones después de producirse la primera exposición durante la vida fetal.

El trabajo se ha desarrollado con ratones expuestos durante el periodo embrionario, vía materna, a la vinclozolina, un fungicida muy usado en agricultura que tiene efectos antiandrógenos (que inhiben las hormonas sexuales masculinas), según explica Jesús del Mazo, investigador del CSIC en el Centro de Investigaciones Biológicas.

“El estudio demuestra que los efectos pueden ser debidos a la desregulación de pequeños ARN, que a su vez regulan la expresión de genes codificantes en proteínas clave en la formación de la células germinales”, añade Del Mazo, que ha dirigido el estudio en colaboración con grupos del CNRS francés y de la Academia de Ciencias checa.

Tanto la fertilidad masculina como la expresión de los ARN y los genes que regulan, se ven alterados de la misma manera durante tres generaciones de machos después de la exposición solo en la primera generación, y con dosis inferiores a los niveles en los que se indicaban como “sin efectos adversos observados”, según el índice de toxicidad NOAEL, explica Del Mazo. Este índice indica que bajo el nivel de 12 miligramos por kilo de peso y día, no se han observado efectos adversos. in embargo, el estudio se ha hecho con un nivel de 1 miligramo por kilo de peso y día, donde se han observado los efectos adversos citados.

Circunstancias ambientales adversas durante el desarrollo y la vida de los organismos son capaces de modificar la expresión génica sin alterar las secuencias de bases en el ADN. Estas modificaciones denominadas “epigenéticas” son responsables de la aparición de múltiples patologías, como algunos casos de cáncer o infertilidad.

[Más información en: rosario3.com]

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Nuevos-Materiales-Ladrillos-de-PET-Uno de los residuos que más se acumulan en las ciudades son los envases no retornables de bebidas, un dato no menor si se tiene en cuenta que tardan 500 años en degradarse a la intemperie, y aún más si están enterrados.

En respuesta a esta problemática Rosana Gaggino, investigadora adjunta del CONICET en el Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE, CONICET-AVE), desarrolló junto a su equipo de colaboradores, un proceso para la utilización de plásticos reciclados en la elaboración de elementos constructivos, en este caso ladrillos de polietilen-tereftalato (PET).

“Usamos PET procedente de envases descartables de bebidas y cemento pórtland como ligante, más un aditivo químico que mejora la adherencia de las partículas plásticas al cemento”, detalla Gaggino.

La investigadora explica que el proceso se lleva a cabo triturando los plásticos con un molino, luego en una hormigonera común se hace una mezcla con el cemento pórtland y el aditivo, que luego se coloca en una bloquera manual que le da forma a los ladrillos. “El proceso es simple porque es como hacer bloques de cemento y arena, sólo que se remplaza la arena por las partículas de plástico PET”, asegura.

Entre las ventajas técnicas de estos ladrillos se puede mencionar que son cinco veces más aislantes térmicos que los convencionales de tierra, y además más livianos. “Un ladrillo de PET pesa 1.400 kg, mientras que el de tierra pesa aproximadamente un kilo más”, dice Gaggino.

Por otra parte, la investigadora agrega que los cimientos de una vivienda construida con estos ladrillos son menores que los de una convencional, ya que la vivienda en general es más liviana, y, al tener mayor aislamiento térmico, se pueden construir muros de menor espesor. “En vez de hacer paredes de 30 cm se pueden hacer de 15”, asegura.

Además, los estudios realizados indican que los ladrillos de PET y cemento tienen buena resistencia al fuego, ya que los resultados del Ensayo de Propagación de la Llama lo clasifican como material Clase RE 2: material combustible de muy baja propagación de llama.

En la actualidad estos componentes constructivos se utilizan para cerramientos y no con finalidad estructural por lo que se está trabajando en la modificación de la superficie del PET para aumentar la compatibilidad con el cemento, mediante la adición de productos químicos o cambios en el proceso de producción, y mejorar así las propiedades mecánicas de los componentes.

Gaggino hace hincapié en que un ladrillo de PET se hace con 20 botellas descartables, lo que resalta la importancia ambiental del proyecto, ya que puede ser una alternativa al ladrillo de barro cocido que consume suelo fértil, usa leña de los bosques, y produce contaminación atmosférica.

Estos ladrillos cuentan con una patente nacional obtenida en el año 2008, y un Certificado de Aptitud Técnica otorgado por la Subsecretaría de Vivienda y Desarrollo Urbano de la Nación en el año 2006.

Fuente: CONICET

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Muchos objetos de plástico, como los envases desechables o los embalajes, se fabrican sin considerar su larga vida útil, es decir la gran cantidad de años que permanece en el ambiente sin degradar. Según un reciente estudio, se calcula que casi 270.000 toneladas de plásticos flotan en los océanos del planeta.

El shrilk, un nuevo material producto de una mezcla a base de quitosano, presente en caparazones de crustáceos e insectos, y fibroína, una proteína de la seda, abre un escenario prometedor para la industria y la medicina por su propiedad de biodegradabilidad.

Javier Fernández, doctor en Nanobiotecnología por la Universidad de Barcelona, investigador en Harvard y docente de la Singapore University of Technology and Design, ha dedicado su carrera a reducir el consumo de plástico y es quién deposita su entusiasmo y esperanzas en el quitosano.

La introducción del plástico, un producto que el investigador califica como “el material del siglo XX”, hizo que se detuviera la investigación del quitosano y otros materiales. En el caso del quitosano, se descubrió en el siglo XIX y a principios del XX se investigaron sus propiedades. Al punto que la empresa DuPont conserva patentes de esa época.

El Dr. Fernández, quién ya suma tres publicaciones científicas sobre las propiedades de este material, ha estudiado minuciosamente los caparazones de insectos y crustáceos dando con las bases para crear el shrilk. El investigador reprodujo la estructura de los insectos en la naturaleza para diseñar este material que duplica en fuerza a la del plástico y es, además, biodegradable. Lo explica de este modo: “La piel de un insecto está hecha de quitosano, proteínas y, en la parte más externa, hay una capa similar a la cera resistente al agua. El quitosano y la fibroína se combinan para dotar al esqueleto de rigidez (alas) o elasticidad (articulaciones)”.

Una de las principales ventajas del quitosano, además de ser segundo material orgánico más abundante en la Tierra por detrás de la celulosa, es que se trata de uno muy barato: “Tradicionalmente, lo hemos usado como un desecho”, dice el investigador. “Es el caso de cabezas y caparazones de gamba recogidos por la industria pesquera que, en su mayoría van directo a la basura”.

Uno de los trabajos, publicado a principios de 2014, ahonda en las posibilidades del quitosano como material para imprimir grandes estructuras en 3D y hacer la producción escalable, aunque requiere que las empresas modifiquen su proceso productivo.

En el video a continuación se muestra cómo una semilla plantada sobre una superficie de quitosano crece y florece en 20 días, demostrando que el material se degrada en el medio ambiente y no entorpece el crecimiento de otras especies.

Fuente: Diario El País

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Según un artículo que publicó ayer el sitio de Scientific American, al ritmo actual de degradación que sufre el suelo quedarían unos 60 años de tierras cultivables, de acuerdo con una importante funcionaria de la ONU.

Esto es debido a que la generación de sólo tres centímetros de la capa superficial del suelo toma unos 1.000 años.

Maria-Helena Semedo, subdirectora general recursos naturales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), afirmó recientemente en un foro con motivo del Día Mundial de los Suelos, que aproximadamente un tercio de los suelos del mundo ya se ha degradado.

Las causas de la destrucción del suelo incluyen técnicas agrícolas con un uso intensivo de químicos, la deforestación y consiguiente erosión, y el calentamiento global.

A menos que se adopten nuevos enfoques, el área global de tierra cultivable y productiva por persona en 2050 equivaldrá a sólo una cuarta parte de los niveles de 1960, debido al crecimiento demográfico y la degradación del suelo. La destrucción del suelo crea un círculo vicioso en el que se almacena menos carbono, la tierra se calienta y entonces se degrada más.

Según Volkert Engelsman, activista de la Federación Internacional de Agricultura Orgánica, se pierde el equivalente a 30 campos de fútbol por minuto, en su mayoría debido a la agricultura intensiva. Y afirma que “la agricultura orgánica mejor opción que se me ocurre.”

Fuente: Scientific American

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