No, no es una frase de alguna película famosa -sería de terror, por cierto-, aunque sí podría ser la letra de la canción que Google está tocando en estos días como banda de sonido de la presentación de GDrive, el nuevo servicio de almacenamiento masivo que ofrece el gigante de internet. Simplemente, se me ocurrió al leer algunos comentarios y post al respecto de lo que GDrive ofrece -y reclama- al usuario de su servicio.
Ya nos viene advirtiendo Richard Stallman, el padre del software libre, desde que se comenzó a hablar de «alojar en la nube»:
La nube es peor que la estupidez, ya que es una pérdida del control de los datos.
Stallman es un poco fundamentalista en este sentido, y está bien, creo que debe serlo por su lugar fundante en toda esta discusión. Yo no lo soy… tanto, pero creo humildemente que cae de maduro que esto es parte del «fabuloso mecanismo de control social», como refiere Diego Levis al hablar de Facebook. Aquí podría aplicarse la misma verdad intrínseca.
En las condiciones de servicio de Google, la empresa le advierte al potencial usuario -y digo «potencial» porque debería leerlo ANTES de aceptar cualquier cosa… Usted, lector, ¿lo leyó?:
Cuando suba o de otro modo envíe contenido a nuestros Servicios, otorgará a Google (y a aquellos con quienes trabajamos) una licencia internacional para utilizar, alojar, almacenar, reproducir, modificar, crear obras derivadas (como las traducciones, adaptaciones o modificaciones que hacemos para que su contenido funcione mejor con nuestros Servicios), comunicar, publicar, ejecutar públicamente y distribuir dicho contenido. Los derechos que usted otorga en esta licencia son para el objetivo limitado de operar, promocionar y mejorar nuestros Servicios, y para desarrollar otros nuevos. Esta licencia subsistirá aún cuando usted deje de utilizar nuestros Servicios (por ejemplo, de una empresa que usted haya agregado a Google Maps). (…) Asegúrese de tener los derechos necesarios para otorgarnos esta licencia para cualquier contenido que envíe a nuestros Servicios.
Confieso que estuve tentado de buscar frases del estilo «estás al horno, flaco» en el resto del texto, pero como es obvio hubiera sido una redundancia. Es un coloquialismo innecesario porque al usuario ya lo engancharon para todo el viaje, siguiendo con las expresiones de la popular. Todo lo que el usuario haya subido o suba en el futuro les pertenece. Para un uso limitado, según dicen, pero les pertenece. La pregunta que surge es ¿quién pone esos límites? Pero ya será tarde.
Usted y yo sabemos qué cosas hemos guardado en nuestra computadora de nuestra casa o de la oficina. Sabemos cuando borrarlo y, por regla general, nadie más que nosotros accede a la información almacenada en nuestra computadora. Pero sin dudas requiere un «acto de fe» de nuestra parte creer que «ellos» -usted que leyó «El Eternauta», implique- velarán por nuestra información y no van a usarla, y ni siquiera nos espiarán para ver que hacemos.
¿Quién maneja el botón de encendido -y apagado- de la computadora de Mr. Google?
Por mi parte, y reconociendo los beneficios de un sistema de este tipo, sólo lo usaré para cuestiones ligeras, como algún práctico de los alumnos o información sin mayores consecuencias. Y explicando los riesgos.
En lo profundo de mis convicciones, confieso, creo que nos siguen cambiando oro por baratijas.
Estos servicios de «nosotros te lo guardamos», por supuesto, tienen aparentes aspectos positivos pero con costos bien disimulados, como lo exponés en tu artículo. De hecho, uso alguno, pero no con cualquier contenido.
A mi me parece demasiado semejante a una «bancarización» de la información. Te da cierta sensación de seguridad, funcionalidad, peeero, nada impide que de un día para otro surja un «corralito» y se guarden todo para ellos y que un buen señor pronuncie la inefable frase «quien depositó bytes, tendrá bytes». Y entonces sabremos cómo va a terminar todo… recibiremos…
Ricardo:
Gracias por el aporte. El ejemplo que usás es perfecto, más allá de los desagradables recuerdos que nos produce a los argentinos. Y siempre será así, cada vez que cedamos el control de nuestra vida, nuestro patrimonio, nuestra intimidad a otros, ya sea a la fuerza o por propia voluntad.
Gracias. Un fuerte abrazo!!
Quique